martes, 22 de enero de 2013

Del fascismo al anarquismo.


El cine alemán: del fascismo al anarquismo.
Breve análisis sobre los films “El experimento” y “La ola”.


Muchas veces me pongo a reflexionar sobre el cine alemán, tomando como eje referencial la pésima distribución de producciones oriundas de la nación germánica en nuestro país. Son escasos los títulos que aterrizan en nuestros cines, muchos menos los que tienen una respuesta masiva, y todavía menos los que realmente valen la pena. Tal vez una o dos películas por año sean las que verdaderamente se toman en cuenta, y dos de ellas, son “El experimento” de Oliver Hirschbiegel (2001), y “La ola” de Dennis Gansel (2008). Pero luego, hay otros tantos ejemplos de buen cine, como “La caída” (2004), “La vida de los otros” (2006), “Cuatro minutos” (2006), “La extraña” (2010), que poseen un denominador común, clave para la definición del cine de este país, o al menos, y debo insistir, del cine que alcanza una comercialización a escala global: son historias comprometidas con la narración de experiencias sociales, y que proponen a su vez análisis sociológicos, ya sean estos teóricos o prácticos.


Me resulta alentador que existan cineastas dispuestos a combatir perspectivas ya obsoletas y mostrar un enfoque radicalizado, pese a las controversias que puedan generar: primero, porque recuerdan que existe una no tan numerosa (pero considerable) parte de la audiencia ávida de buena cinematografía, y segundo, porque utilizan este arte como un medio para cuestionar y tomar un posicionamiento ideológico, o en otras palabras, porque conciben a la cinematografía como un recurso para hacer política. Ahora bien, ¿son necesarias las figuras de la política contemporánea - para dar un ejemplo-, cuando se quiere hacer cine político? No necesariamente, pues el concepto de política subyace en cualquier tipo de relación humana, y está implícito en cualquier vínculo de poder o de influencia entre un actor social y otro. Tanto Hirschbiegel como Gansel, detrás de las cámaras, son conscientes de la responsabilidad que asumen al realizar este tipo de estudios sobre la sociedad, y puntualmente, sobre la temática que he escogido para tratar en este breve análisis de los films: la transición de un modelo de organización fascista al anarquismo, teniendo en cuenta las diferencias coyunturales de cada caso, y sobre todo, el punto final al que arriba cada uno de los dos estudios en cuestión.



Una de las propiedades más fundamentales de la política, al menos en su sentido práctico, es el espacio donde se gesta. Tenemos una cárcel improvisada por un lado, y un colegio por el otro. Dos lugares muy distintos entre sí, pues uno es puro enclaustramiento, y el otro simplemente lo sugiere. En ambos, surge la brillante idea de jugar a un juego. ¿Qué tipo de juego? En efecto, no se trata del “Life” o del Póquer: consiste en construir, con todo lo que ello implica, un régimen fascista en tiempos modernos, o mejor dicho actuales, con un límite de tiempo. Una clase debe inventar una ideología sectaria en una semana bajo el mando de un autoritario docente fanático del rock; un grupo de hombres, por otra parte, se suma a un experimento donde ellos deben fingir, por dos semanas, ser presos o guardias en una prisión, y convivir atados al papel o rol que les toca desarrollar. Es curioso, porque ambos títulos de alguna manera se quedan cortos, si es que en algún momento quieren evocar todo lo que simbolizan verdaderamente en la vida de sus personajes. La ola, por ejemplo, no simplemente es una ola: es el escape seguro de una vida rutinaria, es la posibilidad de los chicos de sentir en su piel que son seres relevantes, es la llave a la pertenencia, a la necesidad adolescente de identificarse con un grupo social. Y el experimento, no es tan sólo un experimento, sino una parodia de los brutales realities televisivos (como "Gran hermano"), pero también la chance de cumplir sueños que son imposibles, al menos entendiendo que la economía es poco condescendiente con los soñadores. 


Los límites de tiempo funcionan, al parecer, como grandes murallas que buscan detener el violento curso del viento, para prevenir cualquier vendaval. Cosa que, a priori, no se cree posible. ¿Qué tan lejos puede llegarse en una o dos semanas? A veces sorprenden las formas que puede ir adquiriendo el poder en las manos de los hombres, más cuando las normas de dominación entre unos y otros, o los criterios éticos, comienzan a difuminarse. Dicho de otro modo, la misma iniciativa justifica que un hombre haga con otro lo que se le antoje.
Ahora bien, muchos hombres dedicados a estudiar el nazismo en Alemania, intentan descubrir cuáles son los motivos que han impulsado tal fenómeno, a través de la figura de Adolf Hitler. ¿El resultado? Sin unanimidad aparente, para muchos tiene que ver con una cuestión económica, y para otros es simple intolerancia. Otros, en cambio, piensan que se debe al placer de la conquista, a la incomparable sensación de superioridad dentro de la especie, al verticalismo como modelo esquemático y atroz de organización social. ¿Uno goza cuando aplasta a otros hombres? Al parecer, sí. Suena terrible, pero el ser humano siempre ha sido tentado por sus propios demonios, no es ninguna novedad, y cualquier gobierno totalitario puede dar prueba de ello. Cuando el gobierno del pueblo (o “democracia”, otro concepto en extinción) deja de ser del pueblo, y se concentra en una parte, aquellos que detentan el poder pueden elegir atentar contra sus pares y, finalmente, someterlos.   


¿La edad sirve como un termómetro? Creo que no tiene absolutamente nada que ver con un rango etario. Después de todo, ambas películas reflejan una verdad coincidente, y evidentemente universal: para los excesos, no hay edad. El poder, y el hambre de poder, combinados, pueden írseles de las manos a todos los hombres racionales, aunque sea una realidad que suene, al menos en una primera impresión, completamente irracional. Un grupo de jóvenes, cuyas vidas son chatas y no tienen demasiado sentido (tráfico de drogas, skate, rock), tienen la posibilidad de fundar un partido neofascista, y sobre todo, tienen a su alcance la posibilidad de convertir un proyecto escolar en algo real. El traducir utopías a algo palpable, el materializar la ilusión de poder, es irresistible, más si nos ponemos en el lugar de un joven (ni siquiera si nos ponemos en el lugar de un ser humano, cualquiera sea su edad). O, visto desde la otra vereda, hombres adultos sueñan con ganar esos cuatro mil marcos a cambio de sobrevivir en una prisión, pero los guardias, por otro lado, anteponen en numerosas oportunidades el deseo de pisotear al deseo de ganar dinero. ¿Cuántas veces vemos sonreír al “protagonista apestoso” de humillar y degradar al preso Nº77? En un punto, el que sean cuatro mil marcos o un millón de dólares, deja de tener importancia: el hombre no puede evitar mostrarse soberbio, y no desperdiciará las oportunidades que la vida le de para mostrar al mundo entero que es capaz de manipular a otro o a otros.


Pero no hay nada más interesante en estos dos delicados trabajos que el punto de inflexión, donde el fascismo se convierte en anarquismo. El nexo que une al docente y a su curso, o a quienes experimentan con sus ratas de laboratorio (y acá, incluimos a guardias y a presos, todos hijos maltratados de un sistema terrorífico), es de un cinismo que asusta. Y, durante un lapso, esta relación está controlada: hay un tiempo predeterminado, es decir, que estas murallas evitarán que los huracanes repercutan más allá de las fronteras. El proyecto comenzará y terminará dentro de la prisión, o entre los muros del colegio, sin impactar en la “sociedad real”. Pero luego, esas cúpulas desaparecen. Y puedo atreverme a usar un término mucho más argentino: “se borran”, término utilizado para referirnos a quien lanza la piedra y esconde la mano. El docente comienza a aislarse, a involucrarse menos, y a pensar desde su refugio cuál puede ser el medio adecuado para revertir el fenómeno. Y el ideólogo del experimento desaparece de la oficina, dejando a cargo a una mujer bastante vulnerable e insegura de lo que se está llevando a cabo. Cuando las autoridades desaparecen, dan lugar a que unas partículas movilicen otras. Y los rebeldes, los oprimidos (los jóvenes en un caso, o los presos en otro), se dejan llevar por la libertad prometida (al menos constitucionalmente), y reaccionan sin un orden establecido contra todo aquello que los afecta.


Cabe resaltar, finalmente, que ambas “revoluciones”, por insignificantes que parezcan, tienen mucha tela para cortar. En principio, porque se dan de manera diferente, aunque ambas se caracterizan por el odio, la crudeza y el desorden. No hay un referente, un guía, y con ello, la idea de fascismo desaparece por completo, dejándole lugar a un anarquismo peligroso, pudiendo traer consecuencias desastrosas en niveles más graves de los imaginados. En “La Ola”, no hay odio contra esa figura que los ha persuadido como imbéciles de hacer cosas que jamás hubieran hecho (de hecho, admiran al profesor), sino una agresividad contra todo aquel que piense distinto. En “El experimento”, es un odio contra todo aquel que restrinja las libertades que le corresponden a uno, ya sean guardias (igualmente presos, pero con mayor poder) o científicos. Pero el anarquismo, en ambos casos, se ve como una convulsión repleta de furia indiscriminada que no debe permitirse bajo ningún punto de vista, y mucho menos estimularse.


Intuyo, pues, que cualquier hombre con más poder que otro es peligroso, y el alcance de su obrar depende de cuánto más poder tenga sobre otros, Pero paradójicamente, es necesario que existan guías capaces de controlar a sus seguidores, de domesticarlos, de manejarlos, para lo cual inevitable e irónicamente necesitan algo de poder. Hemos aquí uno de los más grandes dilemas de la política: ¿concentración o distribución del poder? ¿verticalismo o igualdad? Ambas películas funcionan como grandes alegatos críticos para tratar este dilema. Desde lo personal, considero que la política sería mucho menos compleja y tóxica si los seres humanos fueran capaces de odiar menos y pensar más. Ahí está la clave. Luego, habrá gobiernos con grandes líderes, muchos de ellos cuestionados, u otros sin líderes pero capaces de pensar alternativas para solucionar sus conflictos sin mediación de la violencia. Cada modelo es un mundo, la actualidad lo deja bien en claro. Hay que evitar los excesos, y hacer uso de la política dejando de lado el fanatismo y la irracionalidad. Sobre “El experimento” y “La ola”, al margen de ser dos caras de una misma moneda, son tramas muy distintas, que evolucionan en planos casi opuestos, y revelan un estilo de cine más interesado en “la causa”, y con esto me refiero a toda problemática que rompa con la tranquilidad de la comunidad, por grande o pequeña que sea. Dos obras tan inteligentes como peligrosas, y más si son consumidas por gente poco pensante, que serán útiles en el revisionismo histórico, y harán una inconmensurable contribución para aquellos que se tomen un tiempo para analizar, de manera imparcial y minuciosa, cuál es su verdadero lugar en su sociedad.

3 comentarios:

Antolín Martínez dijo...

Buenas películas las dos, abordando el sutil velo que separa la civilización de la barbarie. En ambas resaltan los peores defectos de las personas.

Alejandro Salgado Baldovino dijo...

Muy buen post Rodri. Tu mención al cine alemán, y al destacar estos dos filmes. Ambos muy interesantes.

En ambos, manejan un tema que siempre me ha interesado, y al que una vez le hice un especial que llamé "Experimentos Sociales". Curiosamente tanto La Ola, como El Experimento, aunque son filmes de Alemania, son basados en hechos reales ocurridos en USA. La Ola, fue la adaptación alemana de un caso parecido y real en USA, y el del experimento, el que escribió el libro se basó en el famoso acontecimiento verídico de la cárcel de Stanford.

En ambas, se refleja parte de la naturaleza del ser humano, sus susceptibilidades, sus reacciones e instinto al tener algún poder sobre otra persona, en fin. Y como decís, que reflejan las grandes ausencias y vacíos con que viven los seres humanos, en el contexto especial, los jóvenes dentro de la sociedad actual.

Ambas me gustan, a ambas creó que les faltó algo para considerarlas grandiosas, pero son importantes y dan mucho para pensar.

Para reivindicar y hacer cuestionamientos, así como el del profesor de la Ola, que pregunta a los "pobres" estudiantes alemanes, que parecen condenados a llevar a cuestas los demonios del holocausto, si se puede repetir el fascismo... las respuestas que encuentran claramente no son alentadoras...

En fin, muy bueno el post. Y pelis para recordar.

Saludos!!!

Anónimo dijo...

MUY BUENO TU POST....ES TAN CLARO,Y CON DOS PELICULAS FUERTES EN DONDE SE VE LA MISERIA HUMANA,CADA UNA EN DIFERENTE FORMA.....BUENAS PELIS...ABRAZOS CLAU