miércoles, 16 de enero de 2013

Django sin cadenas.



Crítica.

“Django sin cadenas” [“Django unchained”, Q. Tarantino – 2012]


Luego de contar su particular versión de la Segunda Guerra Mundial en “Bastardos sin gloria”, el excéntrico y diabólico director de cine Quentin Tarantino regresa a la gran pantalla con “Django sin cadenas”, donde tomando como punto referencial la cuestión de la esclavitud en los Estados Unidos, ofrece su propia perspectiva sobre la abolición. Poco tiene que ver con cuestiones políticas, que este año tan bien retrata Steven Spielberg en “Lincoln”: acá no hay enmiendas, ni discusiones, sino una sencilla venganza de un hombre desencadenado y dispuesto a todo por cerrar su historia y la de los negros en el Sur del país. Al tratar un tema tan delicado, el director y guionista se enfrenta a duras decisiones, considerando que tiene más posibilidades de ser abucheado que aplaudido, más aún si recordamos que su estilo es desmesuradamente sangriento y terriblemente divertido, una combinación que para muchos trivializa acontecimientos de enorme relevancia. ¿Cuál es el camino para narrar la transferencia de esclavos como parte de una red comercial? Muchos se han quejado, incluyendo a Spike Lee (si no lo conocen, uno de los directores más sobrevalorados del país), del uso indiscriminado de la palabra “negro” en un sentido peyorativo. Reconozco que la palabra puede sonar fuerte, más cuando se repite en más de una treintena de oportunidades. Pero comienzo a preguntarme: ¿cuál es la palabra que esta gente busca que los blancos, o propietarios, digan en referencia a sus esclavos? Para empezar, “esclavo” es una palabra mucho peor. “Cosa”, es una atribución bajísima. Todos estaremos de acuerdo en eso. Ahora bien: ¿alguno imagina un retrato veraz de la esclavitud, con blancos acariciándoles la cabellera a sus esclavos, y diciéndoles “blanquitos”, o tratándolos como personas? Eso no es un retrato veraz, sino una versión romántica y desechable de uno de los momentos más amargos de la historia americana, así como una de las experiencias sociales más nefastas de la historia universal.
Que “Django sin cadenas” sea una obra dura, no es ninguna novedad. Estamos frente a un director que se ha dedicado de lleno a contar historias sobre la venganza. Pero uno, que se empeña día a día en criticar producciones por su falta de credibilidad, no puede darse el lujo de repudiar el inagotable uso de extrema violencia y crueldad que se ve en el film: en principio, porque es un elemento del realismo, y se agradece. El que sean situaciones exageradas es parte del entretenimiento de un director que, a pesar de sus críticas sociales o políticas, es consciente del carácter ficticio de lo que está narrando. El cineasta es el mismo de “Kill Bill”, esa imponente historia de venganza con chorros de sangre disparados al compás de la exhalación de aire. Y uno, como espectador, sabe que debe poner especial atención al marco que utiliza para su relato, pero tampoco debe tomárselo demasiado en serio. Simplemente disfrutar de la función, un desfile increíble de inusitada violencia y humor a raudales, en un genial homenaje al spaghetti western, aunque con un tono sureño, con mezclas en la musicalización para chuparse los dedos, y unos personajes entrañables, entre los que destaca nuevamente el comodín Christoph Waltz, ganador del Oscar por su papel del siniestro Coronel Hans Landa, y un DiCaprio haciendo de villano. Quentin Tarantino vuelve a cumplir su objetivo, ese que se propone cuando rueda sus enrevesadas venganzas, aunque ésta no lo sea tanto (recordemos que, en su anterior film, eran tres venganzas cruzadas en una): divertir, emocionar y explotar. Tres bases que constituyen un modelo característico, que lo convierten en un cineasta único. Luego, sí, rompe con algunas tradiciones (la división en capítulos, la yuxtaposición de planos temporales), pero recupera otras (el cine más físico, menos mental, y sanguinario hasta la médula). “Django unchained” es el resultado de un guión que lo tiene todo, lo mejor y lo peor del eterno bastardo, pero al fin, un Tarantino en su mejor forma. Tal vez no sea su obra maestra, pero poco me importa, más cuando es el drama más divertido, estimulante e irreverente que he visto en varios años. Es una experiencia que te supera en todo sentido, y por la que sentirás ganas, al menos si te simpatiza la idea, de verla una vez, y otra vez, y otra vez, y otra vez…
Puntuación: 9/10 (Excelente)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

rodri,estoy ansiosa de ver la peli,se que me va a gustar,ademas me lo has dicho y no veo la hora de poder verla....buenisimo el resumen,te tienta mas....P

Anónimo dijo...

yo la he visto subtitulada, los diálogos son una pasada estilo tarantino, en el idioma original es guapísima, argumento bueno, la fotografía genial,los actores un diez,y las escenas de acción cuidadas hasta el último detalle. entretiene y es una gozada para los amantes del cine.

Daniela Campos dijo...

La vi cuando se estreno esta la historia a pesar de tratarse de una película que refleja un tema fuerte como lo es la esclavitud , me gusto la cinta de Quentin Tarantino en especial por la actuación de Jamie Foxx en Django sin cadenas, aunque maneja muchas escenas cargadas de sangre, de disparos y de pelas que deja cierta moraleja sobre estos temas polémicos.