lunes, 28 de enero de 2013

El Hobbit: un viaje inesperado.



Crítica.

“El Hobbit: un viaje inesperado” [“The Hobbit: an unexpected journey”, P. Jackson – 2012]


El séptimo arte se dispone una vez más a resucitar “La Odisea”, a seguir hurgando en la fantasía de la travesía, aunque sea en términos meramente espirituales. Odisea que cineastas con mucha fe en sí mismos se atreven a retratar, fotograma a fotograma, intentando no abusar de las reiteraciones. Peter Jackson, el galardonado director de la famosísima trilogía “El señor de los anillos” (un clásico alabado por el público y la crítica, por si alguien no lo conoce), no sólo se tiene fe, sino muchísimo cariño. Ignoro cuánto puede respetarse a sí mismo un hombre que ha destruido hace tres años una de los más grandiosos ejemplares de la literatura americana (me refiero, nada más y nada menos, que a “The lovely bones”, de Alice Sebold). Presumo que se trata de un sujeto con la denominada “memoria selectiva”, y que prefiere recordar sus mejores épocas. Hipótesis, que puede reafirmar este retorno a la épica de aquella sagrada trilogía, una especie de Biblia para los cinéfilos, en la adaptación de “El Hobbit”: su nueva producción, que acabará volviéndose una nueva trilogía, aunque a modo de precuela.
Es un crimen caer en comparaciones, dado que está directamente vinculada con “El señor de los anillos”, pero debo hacer unas observaciones. En casi tres horas de duración, que es lo que dura esta nueva entrega, uno puede notar que el viaje le resulta familiar. Y no se trata de un déjà vú: sucede que “El hobbit: un viaje inesperado”, es una imagen calcada de la vieja aventura, y si radiografiamos ambos trabajos, veremos que utiliza la misma fórmula para llegar a destino. Está claro que el director no quiere dar un solo paso en falso, y en busca de recuperar el prestigio perdido, sabe que desenterrando imágenes del pasado puede conquistar los corazones de los espectadores, sin fallar. Es lo que suelo llamar “la vía fácil”, la que recientemente todos usan. Y lo más gracioso de todo, es que conserva las dos grandes fallas de “La comunidad del anillo”: en primer lugar, la cuestión del humor, que no ha mejorado en nada y sigue siendo igual de chato; y en segundo lugar, su extensión. Si bien no será aburrida para los fanáticos del género, bolsa en la que personalmente no me incluyo, 160 minutos de mitología, sucias batallas, cicatrices y chistes sin gracia pueden resultar exasperantes. Me cuesta comprender por qué, en su afán por retomar las aventuras de los Bolsón, no se arriesga a mejorar esas pequeñas fallas. Tal vez su narcisismo le haya impedido verlas.
“Un viaje inesperado” comienza con la narración de Bilbo a Frodo, en la que relata acontecimientos vividos en su lejana juventud. Una narración que, si sigue tomándose su tiempo, acabará durmiendo a Frodo y a algún que otro fanático. El ritmo no es un punto a su favor, y aunque a veces uno se queja por el comienzo tardío de la acción, cuando comienza, uno se arrepiente de lo deseado, y anhela fervientemente volver al prólogo. Recién avanzada la crónica de viaje, con la resurrección de personajes que se ven más viejos cuando deben verse más jóvenes (¡es una precuela!), la trama se vuelve más absorbente. Y da el batacazo en la hora final, un festín que despertará a los más débiles, y los hará poner algo nerviosos, aunque no tengan idea de qué va la historia. En esta combinación indiscutiblemente poderosa de bochinche, efectos visuales impecables (que vuelven a animar y a articular a un Gollum que, junto a Gandalf, vuelven a ser lo mejor de lo mejor), notable ambientación y diálogos inteligentes, que son un reflejo de lo conseguido una década atrás (recordemos: la reconstrucción de la comarca en pleno medioevo, la impresionante dirección de fotografía), el único que parece reinventarse verdaderamente es Howard Shore. Y merece ser destacado, por ser uno de los mejores compositores de la actualidad, y uno de los únicos (sino el único) puntos donde “El Hobbit” mejora a su predecesora: su musicalización probablemente acabe coronándose como lo mejor del año. Funciona como una nave que te transporta a la locura, al delirio, que te sumerge entre orcos, enanos, hobbits, que te hace sentir la culposa tentación de estar ahí, luchando por sobrevivir.
En síntesis, esta nueva película recoge lo mejor y lo peor de “El señor de los anillos”, y aunque se ubique unos escalones por debajo, no deja de ser, dentro del género, una propuesta exquisita. Visualmente es perfecta, estamos frente a una de las más correctas y originales puestas en escena del año, una construcción detallada y nuevamente majestuosa, que marca el ritmo de las estaciones que recorren los personajes. La Odisea recién comienza, y tengo fe que, así como “lo peor ya ha pasado” (según uno de sus personajes), lo mejor estará por venir. Porque a pesar de todos sus caprichos, no puedo sentir otra cosa sino admiración por Jackson, por seguir dándole forma a un arte que necesita de gente que invierta para deslumbrar, y que como los grandes magos, nos encanten a través de la pantalla. Necesitamos ser maravillados por gente capaz de hacer carne ese canto de sirena.
Puntuación: 5/10 (Floja)

2 comentarios:

Jorge Moreno Celaya dijo...

pues menos mal que andas bien! :) y si, te espero en el nostradamus... espero que vuelvas pronto, te hechan de menos todos los cinéfilos! jeje un fuerte abrazo!...

y respecto a EL HOBBIT, no la he visto ni se me antoja! :/ aparte creo que tendré que ver la trilogía de ESDLA que tampoco he visto! 8)

daniel dijo...

¡Me produce una enorme pereza en serio! Que hayan dividido la obra en 3 partes es cuanto menos "doloroso" jaja. Si bien El Señor de los Anillos es de por sí una obra de referencia en la cinefilia mundial actual, reconozco que la aventura me producía bostezos a ratos (en especial su tercera entrega).
Por ahora a El Hobbit no la tengo en mis prioridades, quizás después la veo, pero Peter Jackson es un gran director y me interesa.

P.D: Por cierto, no creas que no me he dado cuenta de tu falta en la red social :P solo que ya me intuía que te darías un descanso... pero hombre, que ya se te extraña! Te envío un abrazo Rodri ;)