lunes, 7 de enero de 2013

En Kongelig Affære



Crítica.

[“En Kongelig Affære”, N. Arcel – 2012]


Uno no necesita hacer demasiada memoria para recordar que, cada año, siempre tenemos una oferta cinematográfica que cuenta alguna historia de romance en un palacio real. Por lo general, son trabajos sofisticados, británicos, pintorescos y sencillos. Se me vienen a la cabeza algunos, como “La otra Bolena”, “La duquesa”, “La joven Victoria”, siempre nominadas a un Oscar en rubros como mejor vestuario, cuyas tramas no distan demasiado de la que cuenta la película que hoy critico: “A Royal affair”. En este caso, la producción no es británica, sino danesa, y ha sido seleccionada oficialmente por Dinamarca para competir como la mejor película extranjera en los Oscar. Si vamos al caso, es una producción que hace mucho uso de lo visual, el despliegue artístico y escenográfico, para llamar la atención. La impecable construcción de una compleja época de transición, donde se dan paso a las ideas de la Ilustración, se hacen notar en cada candelabro, en cada elegante vestuario, en la disposición de los objetos en el gran palacio. Con ello, una narración en off da origen a la que parece ser una típica historia de romances clandestinos, traiciones dentro del reino y venganza. Podemos equivocarnos, aunque en este tipo de trabajos, es difícil hacerlo.
Tenemos un trío de personajes con personalidades muy marcadas. El Rey, la caricaturización del excentricismo real, de la forma más sucia (¿alguien ha visto “Amadeus”?), un hombre desequilibrado, de ideas frágiles y muy influenciable, sin lugar a dudas el mejor elaborado e interpretado por Mikkel Boe Folsgaard. La Reina, víctima del despotismo de su esposo, de sus desatenciones hacia ella, y del amor que el destino le presenta: el tercer personaje, el médico, es un intelectual con influencias de esta nueva corriente de pensamiento, interpretado por Mads Mikkelsen, quien es consciente del poder que tiene para llenarle la cabeza al monarca y el corazón a la reina. Así, adquiere volumen y complejidad en una obra que parece abarcarlo todo: el amor, la sagrada institución familiar, la religión y la política.
El gran problema con aquellos films que, de algún modo, quieren eclipsar todo el terreno, es que acaban por no estar a la altura de todo lo que ofrecen. Si analizamos un momento este drama histórico, nos encontraremos con que son muchos los puntos que se tocan a lo largo del mismo, y que le dan la posibilidad a Nikolaj Arcel, director, de lucirse entre todos los demás directores que se conforman con entregar un romance chato con buenos vestuarios. Intenta, con la ayuda del guión, hacer un estudio de la sociedad y de la política de manera ambiciosa, y que por momentos se vuelve difusa. Y lo que es peor: por momentos se hace imposible comprender a los personajes. Para ser más específico, hay una innecesaria mezcla de sustancias que han nacido para permanecer separadas. Mezclar el amor y la política (el dilema principal de Mikkelsen) hace que uno no pueda entenderlo, porque no puede asimilar qué parte de su actuación (me refiero a la que realiza dentro de la ficción, y no para la ficción) es amor y qué parte política. Lo mismo que el protagonista, este rey de risa extraña y reacciones desorbitadas: ¿qué parte es ingenuidad, qué parte es maldad y qué parte es locura?
Su grandilocuencia acaba impidiéndole la clara transmisión del mensaje al público, quien a la vez no se sentirá demasiado frustrado al respecto, pues disfrutará la fina puesta en escena, la naturaleza de las interpretaciones y el entretenimiento que una construcción así puede entregarle. Me refiero, puntualmente, a todo el público que haya soportado la extensa introducción, antes de la aparición del tercero en discordia. Finalmente, me resta la sensación de insatisfacción, porque se ve que Arcel tiene potencial como director, y pienso que gran parte de las fallas e incoherencias de este drama romántico histórico está en el guión. Un guión que habla mucho y dice poco, que refleja un poco el espíritu de aquel cine que se sostiene en lo artístico: algo ingenuo, superfluo, atractivo pero muchas veces engañoso. “A Royal affair”, esta respetable producción de época, desgraciadamente no escapa a esta definición.
Puntuación: 5/10 (Floja)

3 comentarios:

Manderly dijo...

A pasar de estar en las quinielas de los grandes premios no me llama la atención y veo que a ti tampoco te ha entusiasmado...
Ya que la mencionas, 'Amadeus' qué buena!!
Saludos.

Alejandro Salgado Baldovino dijo...

No me llama mucho la atención. Me has confirmado mis dudas, jeje.

Saludos

Anónimo dijo...

mmmhhhhhhh... pues acabo de ver A royal affair... y me encantó...el desconocer la historia de Dinamarca ha ayudado a que este drama me parezca inteligente. ahhh... y no veo la hora de probar el Láudano...