viernes, 18 de enero de 2013

Hyde park on Hudson.


Crítica.

[“Hyde park on Hudson", R. Michell – 2012]


Dentro de las teorías sobre el humor, una de las fórmulas más inteligentes, es la recreación de material insólito en contextos de mucha seriedad. Un funeral, una oficina, una empresa, o en este caso el palacio de un presidente, son los lugares más escogidos por aquellos que quieren revolvernos de la risa usando las frases justas y, que por ser las más inapropiadas, acaban volviéndose divertidas. Uno se ríe por el simple hecho de no poder creer lo que está viendo: un guionista pone a prueba cuán lejos puede llegar la imaginación del espectador, y también, cuánto puede reírse de una estupidez que se inserta en un espacio que no le corresponde. Es una fórmula tonta, pero funciona. Algunas de las mejores comedias de los últimos tiempos son “In the loop” y “Muerte en el funeral”, dos producciones británicas ácidas hasta cuando no pueden serlo más. “Hyde park on Hudson” bien podría haberse montado a galopar la yegua campeona, de no ser por el modo en que es devorada por su propio clasicismo. En otras palabras: tiende a criticar a los británicos por ser estructurados (¿o a los americanos por ser demasiado simples?), pero pocas películas son, en términos cinematográficos, más estructuradas que esta nueva película de Roger Michell.
El director, es responsable de otros trabajos conocidos: “Un despertar glorioso”, que no ha podido resucitar a Harrison Ford; “Venus”, la mejor de su carrera, donde se encarga de enterrar a Peter O’Toole, y “Un lugar llamado Notting Hill”, un clásico de la comedia mediocre y olvidable. Es decir, uno no puede esperar tanto, y pensando en las expectativas que cualquiera puede llegar a tener de “Hyde park on Hudson”, tal vez sea sorprendente. La trama, busca mostrar a un nuevo Roosevelt, ex presidente de los Estados Unidos, en una crónica de fin de semana. Utiliza, digamos, la misma fórmula de otro biopic regular, “Mi semana con Marilyn”, aunque ésta se toma las cosas menos en serio. Los puntos de interés, en este caso, son su romance con su prima, y la visita del Rey Jorge VI (de Inglaterra), junto a su esposa Elizabeth, personajes que el nuevo clásico del cine histórico, “El discurso del Rey”, ha sabido inmortalizar.
Los actores cumplen. Roosevelt es interpretado por Bill Murray, más expresivo que nunca. No sé bien indicar cuál es su logro en particular, supongo que transmite bien los chistes, y hace reír en algún momento. Su prima es interpretada por Laura Linney, quien también narra su visita, un personaje desaprovechado pero bien logrado por esta estupenda actriz, una de las mejores de la actualidad. Olivia Williams y Olivia Colman completan el elenco, están correctas, sin más. Ninguno se da la posibilidad de lucirse con semejante guión, que para mí, supera lo estándar. Richard Nelson, el guionista, sabe de qué va el negocio, y no realiza un biográfico político, sino una comedia absurda, que acaba por girar, tal vez excesivamente, alrededor de la figura de un “pancho” (o “hot dog”). Es una simple comida, pero logra más de lo que uno imagina: critica al sofisticado inglés, destaca la sencillez de los americanos, ridiculiza el mundo de la política y a la alta sociedad, y ante todo, te hace reír. Los últimos veinte minutos son motivos suficientes para sentir que, a pesar de que la trama no haya avanzado nada (por ser, simplemente, una anécdota), uno no ha regalado el dinero, o el tiempo. No es una mala película, simplemente una comedia que al no intentar llamar la atención, pasa desapercibida.
Puntuación: 5/10 (Floja)

1 comentario:

magu dijo...

pero entonces, la vemos, RODRIGO ?