jueves, 10 de enero de 2013

Kon-tiki.



Crítica.

[“Kon-tiki”, J. Ronning, E. Sanberg – 2012]


Noruega ha alcanzado la alfombra roja, pues es una de las cinco nominadas para competir, en la próxima entrega de los Oscar, como la mejor película de habla no inglesa. El éxito que ha logrado en algunas asociaciones de críticos americanos, o sus nominaciones a los Premios Satellite, la catapultan no sólo en futuras premiaciones, sino también entre los seguidores de esta apasionante carrera: está claro que, ya sea por su temática, por su estilo o por sus recursos, es más que atractiva. “Kon-tiki”, nombre que refiere a un dios inca, narra la historia de Thor, un muchacho que ha nacido para tomar riesgos. Desde pequeño, ha visto a la muerte de cerca, y le ha perdido el miedo. Dedicando su vida a la arqueología y a la aventura, tras una larga investigación rechazada por la comunidad científica que sugiere que la Polinesia ha sido pisada por primera vez por sudamericanos y no por asiáticos, decide demostrarle al mundo que su hipótesis es verdadera. Para ello, reuniendo un grupo de hombres, usa los recursos que pudieron haber usado siglos atrás, forma una balsa y arriesga su vida por probar la veracidad de sus estudios.
La primera impresión de esta clásica aventura, que usa la fórmula del cine americano del género, es que recién inicia a los tres cuartos de hora. Y toda esa espectacularidad romántica, que ornamenta una producción con aires épicos, recién surte su efecto avanzado el relato, cuando todo se vuelve más sangriento y frenético, ofreciéndonos una historia que mezcla películas como “Mar abierto” y productos culturales como “Gran hermano”. Es extraño, porque uno empieza a pensar en todo lo que se pierde en ese innecesariamente prolongado prólogo, donde la introducción a los secundarios es inútil, pues luego, poco importan. Todo el universo gira alrededor de la figura de Thor, un protagonista entusiasta pero apático, que puede ganarse el corazón de muchos, pero no de todos.
Pero luego, todo comienza a reacomodarse. Todas las secuencias con tiburones son hipnóticas, y en algún momento rozan la excelencia. En ese punto, podemos sentir interés en las intenciones del navegante que hace todo mal, o en las lucha entre quienes respetan los métodos tradicionales, y quienes anteponen su propia vida. La parte humanística del alocado emprendimiento comienza a trascender, y ya no tanto las imponentes escenas con tormentas, donde la dirección de fotografía y la coordinación del sonido son los grandes puntos fuertes. Y qué decir de las imágenes filmadas en las Maldivas, que son un sueño. Técnicamente no puedo reprocharle nada, está claro. Su máximo conflicto está en el ritmo, en el manejo de los tiempos, tanto en un sentido real (y he dicho, un arranque tardío, o algunos momentos en el segundo tercio, donde todo se vuelve repetitivo, y convierten a “Kon-tiki” en una experiencia similar a estar todo el día en una piscina: demasiada agua puede agotar), como en el sentido de la historia (no digo ficticio, porque es historia real, y aclaro: la crónica se enfoca en los preparativos y en la resolución, pero no ahonda en el día a día de los hombres), algo que le resta mucho. Y luego, la resolución, usando los recursos del biográfico, sin excesiva imaginación, sin conservar el nivel al que, por momentos, esta producción noruega llega. Son aventuras a media máquina, pero aplaudo los alcances técnicos de esta coproducción danesa-noruega, sin lugar a dudas, uno de los trabajos que merecen ser vistos en buenas condiciones, y que seguramente se volverá una experiencia trepidante para gozar en la gran pantalla.
Puntuación: 5/10 (Floja)

1 comentario:

Emilio Luna dijo...

A mi me gustó mucho. Si que es cierto que tiene tramos difusos. La parte de los tiburones es sensacional. Sobre todo la primera aparición.