domingo, 13 de enero de 2013

Los miserables.



Crítica.

“Los miserables” [“Les misérables”, T. Hooper – 2012]

Como siempre digo, la cámara en las películas de Tom Hooper, galardonado director de cine británico por su excelente drama histórico “El discurso del rey”, es una protagonista más. Tal es así, que conserva un enfoque clásico pero a través de nuevas formas. Si Hooper y Steven Spielberg se baten a duelo con sus obras, “Lincoln” y “Les misérables”, queda claro que ambos tienen una idea similar de las representaciones históricas y el tono de las mismas, pero ojo, que en la forma de rodar, existe una riqueza en “Les misérables” que pocas producciones lo tienen. Y sí, es que la cámara da para todo: primeros planos, o planos contrapicados, cámara con una inclinación de cuarenta y cinco grados, que se vuelven alternativas inmediatas y muy efectivas, recursos que particularmente en este caso sirven para potenciar, si es que se puede todavía, la emoción que transmiten los personajes en sus “números musicales”.
Esta adaptación del clásico de Víctor Hugo, cuenta con el rol protagónico de Hugh Jackman, quien se mete de lleno en el personaje de Jean Valjean. Ayudado por un buen maquillaje y un buen registro vocal, logra ofrecer una interpretación limpia y ocasionalmente emotiva, potenciado, insisto, por algunos primeros planos, donde las canciones se vuelven rápidamente confesiones del mismo Valjean hacia el espectador, al que mira a los ojos, y con quien comparte su dolor. Alrededor suyo, orbitan otros secundarios, como Anne Hathaway en una personificación tragiquísima, aunque breve, que se lleva todos los aplausos, Sacha Baron Cohen y Helena Bonham Carter, quienes añaden el tono cómico y cortan un poco la explosión dramática (que se hace sofocante), el gladiador Russell Crowe, con un personaje al que no termina de sacarle todo el jugo, y la joven Amanda Seyfried, con experiencias en musicales cinematográficos tras “Mamma mia!”. En general todos cumplen, aunque ninguno se destaca particularmente. La calidad vocal supera a la calidad interpretativa, aunque muchas de los números, son en realidad frases cantadas, por lo que tampoco se hace estrictamente necesario que el actor sea bueno cantando. Esto, es lo que aumenta el valor de “Les misérables” como musical, y lo que disminuye su valor como drama.
Pese a contar con una primera mitad considerablemente superior a la segunda, todo el conjunto lucha por llegar al corazón del espectador, y en mi caso, lo ha conseguido. Ya sea por la música, que siempre es un elemento que, a veces inconscientemente, hace más fuertes las emociones, o por cualquier otro motivo. Cuando esta ambiciosa producción acaba, uno siente algo de satisfacción. No tanto con la historia, pues lo que cuenta no es nada agradable, sino con el tratamiento que se le ha dado. El resultado es bueno, porque la obra es eficaz, y está basado en un musical exitoso. Tal vez algo irregular, pues en dos horas y media, seguramente habrá momentos mejores que otros, como cuando la emoción colma la pantalla al son de “I dreamed a dream”, pero todo está tan bien ejecutado, todo tan bien organizado, que es difícil dejarse llevar por las cosas negativas. Hay un gran trabajo detrás de la escenografía para montar una Francia socialmente convulsionada, intentando controlar y equilibrar la miseria con el tono de los musicales, de espíritu más lúdico, por lo general. Eso se agradece. Tom Hooper lo hace nuevamente, cambiando de género, aunque volviendo a trabajar, y a veces logrando mejorar, ese estilo tan particular de hacer cine. Renovado y fresco, o mejor dicho, todo lo renovado y fresco que puede pensarse en una clásica adaptación de Victor Hugo.
Puntuación: 6/10 (Buena)

1 comentario:

Yo me llamo Cata dijo...

Hola,
La pelí esta muy bien la verdad, desde la actuación, hasta el vestuario, creo que a mí me ha gustado un poco más que a ti, muy buena crítica.
gracias por la entrada,
acabo de descubrir el blog, esta muy bien, así que aquí me quedo
como nueva seguidora.
un besin!