martes, 29 de enero de 2013

Mátalos suavemente.



Crítica.

“Mátalos suavemente” [“Killing them softly”, A. Dominik – 2012]


Andrew Dominik, el director de la obra maestra "El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford", repite con Brad Pitt en una película que preserva la suciedad de la traición, la sangre y el complot, pero en un género distinto como el thriller noir, extendiendo los efectos alucinantes de una referente del "cine de mafia", como lo ha sido el año pasado "Drive" de Nicolas Winding Refn. Llevar adelante un proyecto como éste no es nada fácil: un cineasta debe hacerse cargo de nunca perder el tono, algo que muchos novatos de Hollywood hacen con facilidad. Para ello, Pitt es un buen as bajo la manga, capaz de manipular su voz, captar la seriedad pero la presencia imponente de su personaje, y darle el golpe brutal que merece. Este cine de mafia, también ha tenido una mejora gracias a "Un profeta" de Jacques Audiard, recuperando la tradición de la famosa trilogía de Francis Ford Coppola, aggiornándola, mejorándola. "Mátalos suavemente", esta nueva descarga de sangre y realismo llega precisamente en ese momento, en el que el listón está demasiado alto, y cualquier imperfección se ve amplificada por la acción hostil y perjudicial de una agitada competencia.
El director y guionista toma la novela original de Higgins y la adapta a la actualidad del pueblo americano. ¿Actualidad? ¿Pueblo? ¿Qué tan actual puede ser una realidad que viene generándose hace cinco años? ¿De qué hablamos verdaderamente cuando empleamos el "término" pueblo? ¿Acaso de una suma de individualidades? Podrán surgir varias preguntas, pero todo el contenido político, pese a la interminable cantidad de veces con que se recurre a ello, queda relegado. Después de todo, el autor no logra anteponer su agresiva crítica contra la economía y la política americana, y los innumerables acentos acaban siendo inútiles. La ficción, violenta, salvaje, despiadada, es demasiado llamativa como para eclipsar una verdad que no necesita presentación, ni un montaje abrupto en la introducción. Pocos ignoran el modo de vida de la sociedad estadounidense, un credo que se retroalimenta dentro de sus propias fronteras, pero que asimismo es capaz de persuadir y resonar más allá de ellas. Dominik critica con cierta ingenuidad, y no por lo que está diciendo, sino por creer fuertemente que está abriéndoles los ojos a los espectadores (aún cuando su estreno pudiera volverse altamente influyente en las posteriores elecciones presidenciales, a las que un enorme cartel hace referencia en los primeros minutos del film). Después de todo, nadie dice que su discurso no es arriesgado: lo hace sin rodeos, sin metáforas, en un cara a cara entre los personajes y una pantalla televisiva. Puro griterío, fuerte, quizá perturbador, ¿pero efectivo? ¿los resultados obtenidos finalmente no han demostrado la efectividad de su crítica?  
La sustancia cinematográfica, eso sí, permanece intacta a pesar de los mencionados problemas en la adaptación. Si uno es capaz de ver "Mátalos suavemente" esquivando, como en un videojuego, todas las advertencias de caos global, crisis institucional e hipocresía demócrata, la disfrutará como nadie. Dominik es capaz de montar una red siniestra de conflictivos personajes, muchos de ellos tan idiotas como Coenianos, prácticamente sin extras (casi todas las escenas rodadas en exteriores no cuentan con ellos), grisácea a más no poder, y convencernos de que interesarnos por lo que les pasa no es una pérdida de tiempo. Y vaya que no lo es. Cualquier voyeur saldrá satisfecho de perseguir a este grupo de fantasmas, que persiguen el sueño americano con todo el entusiasmo, pero sin perder de vista sus propias limitaciones. El elenco, que incluye a James Gandolfini, Ray Liotta, y un desconocido Scoot McNairy que se devora la película (recordándonos, con su tono de voz entrecortado y cobarde, a la sobresaliente creación de Casey Affleck en el mencionado western del director), es uno de los mejores reunidos en el año. Tal vez sea un error obviar a las actrices (si mal no recuerdo, sólo aparece una, que interpreta a una prostituta), como enfatizando en que la mafia y la violencia es cosa de hombres, cuando la maldad no reconoce género. O tal vez no. Como sea, este thriller nunca pierde las energías, convence, funciona. Dura poco, es entretenido, muy divertido, tiene escenas antológicas, algunas que recuerdan a "Escondidos en brujas" de McDonagh, o a "Tiempos violentos" de Tarantino. El impecable manejo de la atmósfera de su director y sus recursos orales servirán no sólo para dejarnos helados a nosotros, sino además para congelar una bandera americana sucia, que a la larga dejará de flamear.
Puntuación: 6/10 (Buena)

1 comentario:

Mike Lee dijo...

Me gustó bastante, sobre todo por su crítica a la situación actual y por los actores, que interpretan buenos papeles.

¡Saludos!