lunes, 25 de febrero de 2013

Una aventura extraordinaria.



Crítica.

“Una aventura extraordinaria” [“Life of Pi”, A. Lee – 2012]


¿Alguno recuerda “El tigre y el dragón”, esa magnífica obra de arte de comienzos de siglo, con actrices como Michelle Yeoh o Zhang Ziyi caminando sobre el agua? Ang Lee, su director, un simpático taiwanés que se ha hecho muy popular en occidente al dirigir aclamados dramas como “Secreto en la montaña”, parece ser sinónimo de “espectacularidad”. Aunque no en todas sus películas use este recurso: después de todo, el drama de temática homosexual mencionado previamente, poco tiene de espectacular en un sentido estético, aunque cuenta con una profundidad que arrolla. “Una aventura extraordinaria”, su nuevo trabajo, parece surgir como un nuevo referente de “cine espectacular”, y más puntualmente, de “su cine espectacular” (aunque contrariamente poco tenga de espectacular en un sentido espiritual). La ambiciosa producción, que combina efectos especiales y mucho ruido, nos relata la vida de Pi, un joven hindú a quien el destino ha puesto a prueba: lo ha perdido todo, y se encuentra solo en el medio del océano, con un tigre llamado Richard Parker. La odisea del naufragio da tela para cortar, ofreciendo una de las numerosas capas que tiene la narración: la segunda, pero no la última, es el testimonio del adulto Pi, relatando su aventura extraordinaria.
Es difícil no atender a la maravilla técnica que acompaña la enrevesada experiencia narrativa (que le ha hecho conseguir cuatro premios Oscar) cuando decenas de elogios preceden a esta película: la mera creación de Richard Parker, el computarizado felino, merece los aplausos. Es el equivalente al Gollum de “The Hobbit”: es decir, es lo mejor de la película. Un gran trabajo que da consistencia al animal, elevándolo a la categoría de personaje, y haciéndolo de lo más exquisito y complejo. Reconozco que los efectos visuales no favorecen igualmente a otros aspectos del film, como puede verse en la primera gran tormenta: lo artificial, y la necesidad de un impacto tridimensional forzado, una constante a lo largo de la obra, ensucian una prometedora catástrofe. Por lo demás, una musicalización correcta de Mychael Danna y buenos efectos sonoros destacan en lo técnico.
Por otra parte, no puedo perder de vista (sea positivo o no) que la acción propiamente dicha comienza pasados los cuarenta minutos. Una estrategia arriesgada, considerando que todo lo anterior es bastante mediocre. La introducción, que combina el absurdo, el humor barroco y el puntapié inicial al rollo religioso, se toma demasiados minutos para gozar de su propia grandilocuencia, de esa presunta chispa influenciada por “Forrest Gump”, en principio, con banquito y anécdota fabulosa de por medio. Se dedica la hora siguiente para hacer su “relato de un náufrago”, poniendo a prueba nuestra credibilidad en algún que otro momento, para concluir en un sorpresivo revés, que añade otra capa a la narración. Una capa inesperada y original, dentro de lo que el cine nos tiene acostumbrados.
¿Qué es esto de una “nueva capa”? En principio, propone un debate interesante entre lo literal y lo alegórico, lo que obligará a más de uno a atar cabos (aunque el personaje del entrevistador lo haga de manera explícita a la postre); luego, nos inunda con la cursilería de su trasfondo religioso; y luego acaba. Sin más, en resumidas cuentas, hemos sido testigos de una loca y por momentos artificial experiencia, que tal vez sea una representación simbólica de algo mucho más sencillo y más cruel (dejando al margen las escenas donde una hiena despedaza viva a una cebra a la luz de la luna). Es un perverso pero ingenioso juego de imágenes (muchas de postal), una ilusión mágica pero atrevida, un engaño que irrita y ofende, pero que inevitablemente sorprende. Uno puede comprenderla como un ejercicio de intenciones ocultas: un personaje que escoge la vía metafórica dada su necesidad de creer en Dios o un director que escoge la vía pretenciosa dada su necesidad de creer en que, de esa forma, su película ganará más dinero. Y vaya que lo ha conseguido.
Puntuación: 5/10 (Floja) 

domingo, 24 de febrero de 2013

Predicciones de la 85ª entrega de los Oscar.


Ha llegado finalmente la noche de los Oscar, esa fiesta que reúne a todos los cinéfilos, muchos de los cuales ya han tomado partido por alguna/s favorita/s. Una fiesta que se observa con pasión, además de con interés. Que es criticada, como siempre, y cuyos ganadores por lo general no conforman a la mayoría. Sorprendente o no, es indiscutiblemente “la noche”, el evento cinematográfico del año. Y mañana, es año nuevo…

Este año, la Academia ha deslumbrado al mencionar los nueve títulos que compiten en el rubro de la Mejor Película: la inclusión del devastador drama de origen austriaco “Amor”, y de un drama independiente dolorosamente tierno como “La niña del sur salvaje”, ha dejado boquiabierto a más de uno. Estos, sumados a siete títulos que vienen siendo renombrados desde el inicio de la carrera, como el thriller político “Argo”, el controversial documento sobre el final de Bin Laden “La noche más oscura”, el biográfico “Lincoln”, la divertida y sangrienta historia de venganza en tiempos de esclavitud “Django sin cadenas”, la comedia romántica “El lado luminoso de la vida”, el musical “Los miserables” y la fabulosa producción “Una aventura extraordinaria”. Todos estos filmes, hoy, pelean por el título de “mejor película del año”, según el consenso de alrededor de seis mil académicos.

A continuación, la lista completa de nominados. El orden que uso para mencionarlos es el ORDEN DE PREFERENCIA. Con MAYÚSCULAS, las predicciones para esta noche.

MEJOR PELÍCULA.
Amor (Amour)
Django sin cadenas (Django unchained)
El lado luminoso de la vida (Silver linings playbook)
ARGO.
La noche más oscura (Zero dark thirty)
La niña del sur salvaje (Beasts of the southern wild)
Lincoln.
Los miserables (Les misérables)
Una aventura extraordinaria (Life of Pi)

MEJOR DIRECCIÓN.
Michael Haneke – Amor.
David O. Russell – El lado luminoso de la vida.
STEVEN SPIELBERG – LINCOLN.
Ang Lee – Una aventura extraordinaria.
Benh Zeitlin – La niña del sur salvaje.

MEJOR ACTOR.
Joaquin Phoenix – The master.
Bradley Cooper – El lado luminoso de la vida.
DANIEL DAY-LEWIS – LINCOLN.
Hugh Jackman – Los miserables.
Denzel Washington – El vuelo.

MEJOR ACTRIZ.
EMMANUELLE RIVA – AMOR.
Jessica Chastain – La noche más oscura.
Naomi Watts – Lo imposible.
Jennifer Lawrence – El lado luminoso de la vida.
Quvenzhané Wallis – La niña del sur salvaje.

MEJOR ACTOR DE REPARTO.
Christoph Waltz – Django sin cadenas.
Philip Seymour Hoffman – The master.
Robert De Niro – El lado luminoso de la vida.
TOMMY LEE JONES – LINCOLN.
Alan Arkin – Argo.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO.
Amy Adams – The master.
ANNE HATHAWAY – LOS MISERABLES.
Helen Hunt – Seis sesiones de sexo.
Jacki Weaver – El lado luminoso de la vida.
Sally Field – Lincoln.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL.
DJANGO SIN CADENAS (Django unchained)
La noche más oscura (Zero dark thirty)
Amor (Amour)
Un reino bajo la luna (Moonrise kingdom)
El vuelo (The flight)

MEJOR GUIÓN ADAPTADO.
El lado luminoso de la vida (Silver linings playbook)
Lincoln.
ARGO.
La niña del sur salvaje (Beasts of the southern wild)
Una aventura extraordinaria (Life of Pi)

MEJOR PELÍCULA EXTRANJERA.
AMOR (AUSTRIA)
Rebelle (Canadá)
Kon-tiki (Noruega)
A Royal Affair (Dinamarca)
No (Chile)

MEJOR PELÍCULA ANIMADA.
Ralph el demoledor (Wreck-it-Ralph)
VALIENTE (BRAVE)
The pirates: band of misfits.
Paranorman.
Frankenweenie.

MEJOR BANDA SONORA ORIGINAL.
MYCHAEL DANNA – UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA (LIFE OF PI)
Darío Marianelli - Anna Karenina.
Alexandre Desplat – Argo.
Thomas Newman – Skyfall.
John Williams – Lincoln.

MEJOR CANCIÓN ORIGINAL.
“SKYFALL” – OPERACIÓN SKYFALL (SKYFALL)
“Everybody needs a best friend” – Ted.
“Before my time” – Chasing Ice.
“Pi’s lullaby” – Una aventura extraordinaria (Life of Pi)
“Suddenly” – Los miserables (Les misérables)

MEJOR EDICIÓN DE SONIDO.
La noche más oscura (Zerk dark thirty)
Argo.
Una aventura extraordinaria (Life of Pi)
Django sin cadenas (Django unchained)
OPERACIÓN SKYFALL (SKYFALL)

MEJOR MEZCLA DE SONIDO.
Argo.
Una aventura extraordinaria (Life of Pi)
Los miserables (Les misérables)
OPERACIÓN SKYFALL (SKYFALL)
Lincoln.

MEJORES EFECTOS VISUALES.
El hobbit: un viaje inesperado (The hobbit: an unexpected journey)
UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA (LIFE OF PI)
Prometeo (Prometheus)
Blancanieves y el cazador (Snow white and the huntsman)
Los vengadores (The avengers)

MEJOR MAQUILLAJE Y PELUQUERÍA.
HITCHCOCK.
El hobbit: un viaje inesperado (The hobbit: an unexpected journey)
Los miserables (Les misérables)

MEJOR DISEÑO DE PRODUCCIÓN.
LOS MISERABLES (LES MISÉRABLES)
Anna Karenina.
El hobbit: un viaje inesperado (The hobbit: an unexpected journey)
Lincoln.
Una aventura extraordinaria (Life of Pi)

MEJOR DIRECCIÓN DE FOTOGRAFÍA.
Lincoln.
Django sin cadenas (Django unchained)
Operación Skyfall (Skyfall)
UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA (LIFE OF PI)
Anna Karenina.

MEJOR EDICIÓN.
El lado luminoso de la vida (Silver linings playbook)
ARGO.
La noche más oscura (Zero dark thirty)
Una aventura extraordinaria (Life of Pi)
Lincoln.

MEJOR DISEÑO DE VESTUARIO.
ANNA KARENINA.
Los miserables (Les misérables)
Lincoln.
Blancanieves y el cazador (Snow white and the huntsman)
Espejito, espejito (Mirror mirror)

MEJOR DOCUMENTAL.
Predicción: SEARCHING FOR SUGAR MAN.

martes, 19 de febrero de 2013

La "familia disfuncional" en las comedias independientes de la actualidad.


Las comedias independientes de la actualidad:
La familia disfuncional como núcleo del relato.


Si existe una verdad dentro de la cinematografía, tanto sea como ciencia, como arte o como industria (principalmente), es que todas las producciones jamás deben perder de vista el momento histórico en que están situadas. Hoy por hoy, son muchos los artistas dedicados a recrear monarquías europeas de la modernidad, guerras decimonónicas, o relatos intimistas situados en la segunda mitad del siglo XX. Y por ende, parte de su creación está atada a la construcción escenográfica y discursiva de un contexto que servirá como marco para que los personajes puedan pasearse libremente en la ilusión de mundo improvisado, en la ilusión del cine como creador de esencias.

Tal vez uno, al leer las líneas anteriores, imagine tramas históricas, como la Segunda Guerra Mundial, las guerras napoleónicas, o cualquier acontecimiento (o período) relevante que haya transcurrido en la realidad. Pero es muy difícil pensar en cómo una simple comedia puede ajustarse en relación al contexto sociocultural. Muchos espectadores no se cuestionan esto, y un grupo da por sentado que la recreación es automática. Pero no es así. Eso puede explicar, para muchos analistas, por qué la comedia es un género infravalorado, aunque no debe culparse a la crítica, sino a las producciones en sí. Y lo digo, porque no han mostrado un nivel demasiado alto, aunque pueda detectarse a grandes rasgos una ínfima mejoría en el último lustro.

Una comedia puede trabajarse desde centenares de ángulos distintos, por ser un género artístico que data de la antigüedad, y que ha ido modificándose conforme a la evolución de las sociedades. Pero prefiero realizar un recorte definitivo, y detenerme en la unidad familiar, como una constante en los mejores trabajos del género de los últimos años (incluyendo casos actuales en series televisivas, como “Shameless” y “Modern Family”). Películas como “Pequeña Miss Sunshine”, “La joven vida de Juno”, “Los descendientes” y “El lado luminoso de la vida”, por mencionar algunas de las que más repercusión han tenido a nivel internacional, muestran en un primer plano la organización familiar como algo relevante y condicionante de la conducta de los protagonistas, quienes son asimismo integrantes de tal unidad.

En los dos primeros trabajos, por ejemplo, al menos uno de los dos padres se han divorciado. En “Pequeña Miss Sunshine”, la madre de la encantadora niña tiene dos hijos, uno de cada matrimonio. En “La joven vida de Juno”, la exquisita protagonista, embarazada, vive con su padre y su madrastra, mientras recibe con escasa regularidad un cactus enviado por su madre. En “Los descendientes”, la situación es un tanto diferente, aunque prefiero omitir algunos aspectos para no arruinarles la función a aquellos lectores que aún no la hayan visto.

Este hecho, sumado al uso de diálogos sin ningún tipo de filtro, a que sus personajes sean rebeldes (Shailene Woodley en “Los descendientes”, Ellen Page en “La joven vida de Juno”), que tengan algunos desequilibrios mentales (Steve Carell en “Pequeña Miss Sunshine”, Bradley Cooper en “El lado luminoso de la vida”), o que sufran los efectos de la bancarrota, dan la pauta de que las familias, y su manera de interactuar entre ellos o en lo social, no son lo que muchos llamarán “algo normal”. Estas cuatro películas, algunas quizá más justificadamente que otras, pueden encasillarse en una suerte de subgénero, perteneciente a la comedia, que reúne a todas las “familias disfuncionales”. Sin un nombre específico, más que un subgénero, parece ser una tendencia. Las sociedades que consumen cine actualmente, ya sin tantos tabúes y con menos prejuicios, han ganado contacto con estas pequeñas grandes historias, básicamente porque se sienten reflejadas.

Pensar en una comedia como “La joven vida de Juno” hace cincuenta años, es prácticamente imposible. A partir de la década de 1950, algunas de las sociedades más conservadoras comienzan un lentísimo proceso de adaptación a las nuevas perspectivas históricas y, sobre todo, culturales. La manera en que la juventud comienza a ganar peso en la dinámica universal (en todo sentido de la palabra), moderniza los tratamientos de posibles “historias de familia”. Por eso hago hincapié en la necesidad de que los autores tengan en cuenta el momento que están retratando. Las cuatro producciones destacadas en este escrito son contemporáneas, y lo mejor, es que uno no necesita de datos que precisen el espacio o el tiempo en el que se desarrollan, pues uno lo deduce sin dificultad.

Es interesante cómo las comedias han ido transformándose desde la década de 1950, con el cine del grandísimo Billy Wilder (responsable de uno de los mejores trabajos de todos los tiempos, “Dos adanes y una Eva”), hasta hoy. Mucho más interesante es notar cómo el conservadurismo se vuelve más flexible, y cómo retrata un fenómeno que está a la vista de todos. Y aclaro: esto no significa que las tradiciones hayan desaparecido por completo, o que en todos los casos suceda. Uno no puede establecer leyes generales, pero sí notar el cambio. Hoy, el éxito de las comedias independientes, principalmente norteamericanas, se debe sobre todo a la capacidad de crear lazos de complicidad entre los personajes y los espectadores. Hoy, un joven puede reírse más con estas cuatro películas que con cualquiera de Billy Wilder, lo que no significa que una clase de cine sea superior a otra. Simplemente, que el espectador de hoy (el espectador estándar, llamémosle así), goza más de aquello que puede comprender y asimilar. Puede pensar en que tiene conocidas que han quedado embarazadas a los quince años, en que su prima chiquita sueña con ser Miss Universo, en que la crisis económica del 2008 es la que lleva a muchas familias como la suya a replantearse la administración del dinero, en que sus padres están a punto de divorciarse porque ella le ha sido infiel a su esposo. Puede sentirse parte del film, puede sentirse Juno, puede sentirse Pat Solitano Jr., puede sentirse cualquiera de ellos. O tal vez no. El cine es subjetivo, es una maquinaria de impresiones que marcará, a fuego o no, al espectador. En el mejor de los casos, lo hará creer en que las cámaras están captando recortes de su vida, o de otras vidas que cree haber conocido en el transcurso de su existencia.


LITTLE MISS SUNSHINE, de Jonathan Dayton y Valerie Faris. 2006.
(Título en Argentina: Pequeña Miss Sunshine)

JUNO, de Jason Reitman. 2007.
(Título en Argentina: La joven vida de Juno)

THE DESCENDANTS, de Alexander Payne. 2011.
(Título en Argentina: Los descendientes)

SILVER LININGS PLAYBOOK, de David O. Russell. 2012.
(Título en Argentina: El lado luminoso de la vida)

viernes, 8 de febrero de 2013

Promesas del este.



Crítica.

“Promesas del este” [“Eastern promises”, D. Cronenberg – 2007]


Del este llegan las promesas, pero del otro lado llegan los hechos. David Cronenberg ha conseguido un apático y horripilante retrato de la mafia rusa, un romance insólito en la negrura del canibalismo, un drama tragiquísimo que se te clava en la piel como las agujas, una crítica magnífica a la ambición de poder del hombre desalmado y sin escrúpulos. Las mezclas no siempre salen bien, pero este notable director siempre ha sido sujeto de experimentos, y en su gran laboratorio, ha forjado un clásico instantáneo, una obra espesa y gelatinosa, que se te escurre en las manos, dejando una pestilente baba que se te cuela en el alma. Hoy por hoy, años después, puedo afirmar que “Drive”, esa obra de culto de Nicolas Winding Refn, no sería lo mismo sin el brutal aporte de “Promesas del este”, una durísima crónica sobre los pesares de una muchacha sensible, guiada más que por la moral: por el sentido común.
Siendo una de las obras más infravaloradas de su año [2007], narra la historia de Anna [Naomi Watts], una joven británica que trabaja en un hospital, y que se encuentra con un caso particular: una niña nace en Navidad tras el deceso de su madre, Tatiana, una muchacha en ruinas, ensangrentada, y acompañada exclusivamente por un diario en el que apunta básicamente su vida, desde sus orígenes, en Rusia. Para averiguar datos sobre la familia de la niña, a la que nombra Christina, recurre a un restaurante londinense (mencionado) que vende comida rusa, y está regenteado por un amable sujeto [Armin Mueller-Stahl]. El hombre esconde secretos, detrás de las primeras buenas apariencias, y acaba volviéndose una pieza clave en un tablero donde inevitablemente intervendrán su hijo [Vincent Cassel], un ebrio irrecuperable, y su chofer [Viggo Mortensen], sujeto de pocas palabras pero mucha inteligencia y astucia.
Reconozco que el punto fuerte está en la dirección. El manejo escenográfico, el predominio de tonalidades oscuras, los ambientes bajos, son un reflejo del cine negro, vuelto contemporáneo y mucho más identificable. Las escenas que no están filmadas con fascinante y perversa ternura, orquestadas por una musicalización impagable, están filmadas con un profesionalismo todavía mayor: son secuencias de puro nervio y tensión angustiosa. Y detrás de la calma que alberga un cinismo implícito en cualquier obra sobre mafias, o detrás de la sobresaliente interpretación de Armin Mueller-Stahl, está la emblemática escena del baño turco. No sé cómo se le puede llamar, pero en términos coloquiales, me voló la cabeza. Son cinco minutos que no puedo pasarla bien, aunque quiera, porque el realismo me supera. Luego pienso en lo experimentado, y disfruto como un loco, porque Cronenberg lo ha logrado. Sin embargo, en el momento, uno no sabe qué hacer con esa mezcla de asco y fascinación penetrantes. La destreza física de Mortensen es un detalle menor, en una obra que logra explotar sus destrezas interpretativas, en un rol (el del chofer Nikolai, el equivalente al chofer de “Drive” o al famoso transportador) que le cae como anillo al dedo. El elenco cumple, circunscribiéndose al loable desarrollo de los perfiles psicológicos de cada uno de estos individuos.
Profundizando en la cuestión del perfil de cada uno, resumo mis impresiones a partir de una tajante categorización que separa, por un lado, a Naomi Watts, Vincent Cassel, y por el otro a Armin Mueller-Stahl y Viggo Mortensen. Los primeros dos despiertan cierta simpatía. Ella representa la bondad, la gentileza, la ética. Él, en cambio, es simplemente un sujeto perturbado, enfermo pero una víctima de sus propios genes. Aún así, a pesar de todo, son bastante arquetípicos: ella es la heroína de cualquier fábula, y él es el típico hombre sucio que ama beber y visitar prostíbulos. No así los otros, mucho más profundos de lo que parecen. A diferencia de los mencionados arquetípicos secundarios, estos se mueven únicamente por sus ambiciones de poder. El dueño del restaurante sabe darle el tono justo, como hombre hipócrita capaz de ocultar todo lo que ha hecho hasta en instancias límites. Repleto de capas y miradas, sabe que su permanencia en el trono debe perpetuarse a costa de cualquier sacrificio, aunque sea humano. Y el chofer, es ese tipo duro y poco articulado, aunque intimidante, que sobre el final saca a relucir sus intenciones. Hay algún beso innecesariamente confuso, pero la frase que dispara es más que clara: justifica determinado acto diciendo “¿cómo puedo ser rey, si el rey todavía sigue en su sitio?”, recordándonos momentos como “he muerto a los quince años, ahora sólo tengo un objetivo”. ¿Acaso podemos creer que después de todo, un hombre sin alma puede amar? Divisiones aseguradas, en una producción arriesgada hecha para eso. Un experimento que hará enloquecer a la audiencia. Lejos de ser perfecta (¿cuándo lo fue el cine de este director?), abre muchos interrogantes detrás de respuestas presuntamente obvias, y nos obliga a pensar, al igual que en “Drive”, si las apariencias realmente engañan.
Puntuación: 7/10 (Notable)

viernes, 1 de febrero de 2013

Siete psicópatas.


Crítica.
“Siete psicópatas” [“Seven psychopaths”, M. McDonagh – 2012]


Martin McDonagh, quien tal vez necesite presentación aunque no la merezca, sustituye la escasa imaginación de los guionistas actuales con un poco de materia. Son tiempos difíciles para un arte, o un negocio (será cuestión de perspectiva), demasiado enfocado en las prolongaciones, las adaptaciones y las remakes. Algo que no está mal, y es legal, pero no deja de ser duro para una audiencia que comienza a creer, realmente, que el cine se ha vuelto más de lo mismo, que ya no tiene historias para contar. Es ahí donde aparece el director y guionista mencionado, responsable de una de las mejores películas del 2008: “Escondidos en brujas”, protagonizada por Colin Farrell y Brendan Gleeson. El sujeto es capaz de mezclar humor negro y cínico, sangre y profundidad metafísica, para volverla ordenada y legible. Bueno, tal vez dé esa impresión. Demuestra que ha sabido apropiarse de un estilo, por el que posiblemente lo identifiquemos en unos años. Y lo más fantástico, es que el hecho de que su estilo prevalezca, no significa que su historia tenga que tratar de lo mismo. “Siete psicópatas” es muy distinta a su predecesora, estructuralmente más compleja, humanamente más sencilla, con un humor más tirado de los pelos, poco británico pero terriblemente delirante.
Con un elenco de lujo, entre los que destacan Woody Harrelson, Sam Rockwell y Christopher Waljen, narra la historia de un guionista adicto al alcohol, con cierto bloqueo mental, dispuesto a contar su propia historia sobre siete psicópatas. Para ello, recurre a anécdotas, casos preexistentes, invenciones y testimonios, que le ayudarán a crear un más acertado y minucioso perfil de los personajes. Sin embargo, su misma iniciativa lo irá volviendo el núcleo de un peligroso círculo de psicópatas reales, que girarán al ritmo de los ladridos de un perro. Si nos ponemos a pensar, todo lo que cuenta esta arriesgada comedia negra es una locura. De esas locuras que uno no puede imaginarse plasmadas en el cine. McDonagh se atreve. Utiliza dos planos narrativos, el de la ficción, y la ficción dentro de la ficción, colisionando casual o causalmente, dependiendo de las circunstancias. Los siete psicópatas escritos a mano son, en realidad, un reflejo de una realidad más cercana de lo que inicialmente puede imaginarse su protagonista. Aunque me siento extraño intentando describir algo que no tiene explicación: sólo debe verse cómo mágicamente se van concatenando los personajes y los acontecimientos.
La premisa es tan condenadamente buena como puede serlo la de “Looper: asesinos del futuro”, o cualquiera que busca en el fondo del baúl, a ver si puede encontrar una idea genial. La ejecución, sin embargo, no está a la altura. Motivos sobran. Primero: la introducción a los siete psicópatas es eterna, y uno espera que el tiempo prudencial tomado por el cineasta para hacerlo acabe recompensándonos con una explosión de clase, de esas que finalmente nunca llegan. Los efectos son negativos, y uno asiste al acto final con más desgana que interés. Segundo: uno puede ver excesivas influencias de otras películas, de otros estilos, de otros cineastas. “Siete psicópatas” es un mix entre “Underground” de Kusturica, “Ladrón de orquídeas” de Jonze, y cualquier otro ejemplar del cine negro de la década del 90. Ahora bien, si esto no es otra cosa sino una recolección de las mejores escenas de las mejores películas de las últimas dos décadas, ¿dónde está la identidad propia de McDonagh? ¿Acaso en la premisa? ¿Corresponde reconocer al autor por una buena idea, cuando en realidad, el desarrollo restante y su ingenio es objeto del trabajo (y del ingenio, claro) de otros? Tercero: el discurso da demasiadas vueltas, no es nada limpio, y es prácticamente imposible enumerar a los psicópatas (si es que lo son, verdaderamente), sin contar el truco del final, que es sorprendente como casi todo lo que sucede en el film, pero nada más que eso. Cuarto: ¿qué pasa con el vietnamita? Puedo pensar en centenares de resoluciones originales, pero ninguna más mediocre que la que finalmente tiene. Una dosis de cobardía para un sujeto que recuerda el cabo suelto tras el montaje final, y mete dedo como puede. En resumen, “Siete psicópatas” es una comedia negra divertidamente sangrienta, con momentos únicos, pero con más inteligencia que la que el propio cineasta puede dominar. Insiste cientos de veces con el cielo y el infierno, buscando ese aire filosófico de “Escondidos en brujas”, cuando sus antipáticos personajes (genialmente interpretados por sus simpáticos actores) son la décima parte de interesantes de lo que eran los perturbados asesinos a sueldo perdidos en Brujas.
Puntuación: 4/10 (Regular)