martes, 19 de febrero de 2013

La "familia disfuncional" en las comedias independientes de la actualidad.


Las comedias independientes de la actualidad:
La familia disfuncional como núcleo del relato.


Si existe una verdad dentro de la cinematografía, tanto sea como ciencia, como arte o como industria (principalmente), es que todas las producciones jamás deben perder de vista el momento histórico en que están situadas. Hoy por hoy, son muchos los artistas dedicados a recrear monarquías europeas de la modernidad, guerras decimonónicas, o relatos intimistas situados en la segunda mitad del siglo XX. Y por ende, parte de su creación está atada a la construcción escenográfica y discursiva de un contexto que servirá como marco para que los personajes puedan pasearse libremente en la ilusión de mundo improvisado, en la ilusión del cine como creador de esencias.

Tal vez uno, al leer las líneas anteriores, imagine tramas históricas, como la Segunda Guerra Mundial, las guerras napoleónicas, o cualquier acontecimiento (o período) relevante que haya transcurrido en la realidad. Pero es muy difícil pensar en cómo una simple comedia puede ajustarse en relación al contexto sociocultural. Muchos espectadores no se cuestionan esto, y un grupo da por sentado que la recreación es automática. Pero no es así. Eso puede explicar, para muchos analistas, por qué la comedia es un género infravalorado, aunque no debe culparse a la crítica, sino a las producciones en sí. Y lo digo, porque no han mostrado un nivel demasiado alto, aunque pueda detectarse a grandes rasgos una ínfima mejoría en el último lustro.

Una comedia puede trabajarse desde centenares de ángulos distintos, por ser un género artístico que data de la antigüedad, y que ha ido modificándose conforme a la evolución de las sociedades. Pero prefiero realizar un recorte definitivo, y detenerme en la unidad familiar, como una constante en los mejores trabajos del género de los últimos años (incluyendo casos actuales en series televisivas, como “Shameless” y “Modern Family”). Películas como “Pequeña Miss Sunshine”, “La joven vida de Juno”, “Los descendientes” y “El lado luminoso de la vida”, por mencionar algunas de las que más repercusión han tenido a nivel internacional, muestran en un primer plano la organización familiar como algo relevante y condicionante de la conducta de los protagonistas, quienes son asimismo integrantes de tal unidad.

En los dos primeros trabajos, por ejemplo, al menos uno de los dos padres se han divorciado. En “Pequeña Miss Sunshine”, la madre de la encantadora niña tiene dos hijos, uno de cada matrimonio. En “La joven vida de Juno”, la exquisita protagonista, embarazada, vive con su padre y su madrastra, mientras recibe con escasa regularidad un cactus enviado por su madre. En “Los descendientes”, la situación es un tanto diferente, aunque prefiero omitir algunos aspectos para no arruinarles la función a aquellos lectores que aún no la hayan visto.

Este hecho, sumado al uso de diálogos sin ningún tipo de filtro, a que sus personajes sean rebeldes (Shailene Woodley en “Los descendientes”, Ellen Page en “La joven vida de Juno”), que tengan algunos desequilibrios mentales (Steve Carell en “Pequeña Miss Sunshine”, Bradley Cooper en “El lado luminoso de la vida”), o que sufran los efectos de la bancarrota, dan la pauta de que las familias, y su manera de interactuar entre ellos o en lo social, no son lo que muchos llamarán “algo normal”. Estas cuatro películas, algunas quizá más justificadamente que otras, pueden encasillarse en una suerte de subgénero, perteneciente a la comedia, que reúne a todas las “familias disfuncionales”. Sin un nombre específico, más que un subgénero, parece ser una tendencia. Las sociedades que consumen cine actualmente, ya sin tantos tabúes y con menos prejuicios, han ganado contacto con estas pequeñas grandes historias, básicamente porque se sienten reflejadas.

Pensar en una comedia como “La joven vida de Juno” hace cincuenta años, es prácticamente imposible. A partir de la década de 1950, algunas de las sociedades más conservadoras comienzan un lentísimo proceso de adaptación a las nuevas perspectivas históricas y, sobre todo, culturales. La manera en que la juventud comienza a ganar peso en la dinámica universal (en todo sentido de la palabra), moderniza los tratamientos de posibles “historias de familia”. Por eso hago hincapié en la necesidad de que los autores tengan en cuenta el momento que están retratando. Las cuatro producciones destacadas en este escrito son contemporáneas, y lo mejor, es que uno no necesita de datos que precisen el espacio o el tiempo en el que se desarrollan, pues uno lo deduce sin dificultad.

Es interesante cómo las comedias han ido transformándose desde la década de 1950, con el cine del grandísimo Billy Wilder (responsable de uno de los mejores trabajos de todos los tiempos, “Dos adanes y una Eva”), hasta hoy. Mucho más interesante es notar cómo el conservadurismo se vuelve más flexible, y cómo retrata un fenómeno que está a la vista de todos. Y aclaro: esto no significa que las tradiciones hayan desaparecido por completo, o que en todos los casos suceda. Uno no puede establecer leyes generales, pero sí notar el cambio. Hoy, el éxito de las comedias independientes, principalmente norteamericanas, se debe sobre todo a la capacidad de crear lazos de complicidad entre los personajes y los espectadores. Hoy, un joven puede reírse más con estas cuatro películas que con cualquiera de Billy Wilder, lo que no significa que una clase de cine sea superior a otra. Simplemente, que el espectador de hoy (el espectador estándar, llamémosle así), goza más de aquello que puede comprender y asimilar. Puede pensar en que tiene conocidas que han quedado embarazadas a los quince años, en que su prima chiquita sueña con ser Miss Universo, en que la crisis económica del 2008 es la que lleva a muchas familias como la suya a replantearse la administración del dinero, en que sus padres están a punto de divorciarse porque ella le ha sido infiel a su esposo. Puede sentirse parte del film, puede sentirse Juno, puede sentirse Pat Solitano Jr., puede sentirse cualquiera de ellos. O tal vez no. El cine es subjetivo, es una maquinaria de impresiones que marcará, a fuego o no, al espectador. En el mejor de los casos, lo hará creer en que las cámaras están captando recortes de su vida, o de otras vidas que cree haber conocido en el transcurso de su existencia.


LITTLE MISS SUNSHINE, de Jonathan Dayton y Valerie Faris. 2006.
(Título en Argentina: Pequeña Miss Sunshine)

JUNO, de Jason Reitman. 2007.
(Título en Argentina: La joven vida de Juno)

THE DESCENDANTS, de Alexander Payne. 2011.
(Título en Argentina: Los descendientes)

SILVER LININGS PLAYBOOK, de David O. Russell. 2012.
(Título en Argentina: El lado luminoso de la vida)

1 comentario:

daniel dijo...

Has dado en el clavo con esta frase: "Hoy, el éxito de las comedias independientes, principalmente norteamericanas, se debe sobre todo a la capacidad de crear lazos de complicidad entre los personajes y los espectadores." Bah, tienes toda la razón, en esa fórmula radica el éxito de las comedias independientes de hoy día... le añado el hecho de que adornan la realidad de una manera bastante inteligente haciendo que el espectador termine feliz o satisfecho, sacando lo positivo de la vida...

Un abrazo!