miércoles, 6 de marzo de 2013

Dans la maison.



Crítica.

["Dans la maison", F. Ozon - 2012]


François Ozon es indudablemente uno de los grandes exponentes del cine europeo contemporáneo. Con una filmografía que roza la perfección, conformada por títulos más que destacables y laureados en el mundo (como "La piscina", "Gotas de agua sobre rocas calientes", "Los amantes criminales", "Mujeres al poder" y la adaptación de la famosa obra teatral "8 mujeres"), regresa a la gran pantalla tras algunos años de ausencia con "Dans la maison", libre adaptación de la obra "El chico de la última fila" del dramaturgo español Juan Mayorga. Su toque colorista y fresco nunca falta, aunque acá recupera un poco la oscuridad de su mejor suspenso, y deja de lado la estética para volverse un magistral creador de atmósferas densas y enervantes. Su mayor logro es ese, entre otros tantos, que comienzan con la selección de una compleja obra. ¿Por qué "El chico de la última fila"? De algún modo, el relato de Mayorga juega como pocos con la teatralidad, algo que a Ozon siempre le ha atraído naturalmente, intentando abarcar todas las combinaciones posibles (como explicita uno de los personajes al sugerir cuatro posibles cierres). Son pocos personajes entrelazados en los innumerables universos que se montan de manera improvisada y tan espontánea como las creaciones de la imaginación humana. Ahí radica la riqueza de esta notable adaptación: pasar en limpio (de alguna manera) el embrollo de seis personajes atados y atrapar al espectador desde los recursos y desde las limitaciones audiovisuales.
Protagonizada por Fabrice Luchini, Ernst Umhauer y Kristin Scott Thomas, "Dans la maison" narra la historia de un profesor de literatura harto de la mediocridad de su curso, que se ve iluminado por la sorprendente creatividad y por el talento del chico de la última fila, quien entrega un trabajo relatando su fin de semana: su ingreso en una casa que lo ha obsesionado durante meses, perteneciente a uno de sus compañeros de curso. Con el correr de las entregas, el alumno va relatando sus experiencias dentro de la casa de su amigo, al volverse estratégicamente su profesor de matemáticas, y recibiendo de él una confianza ciega. Sin embargo, no sólo sus intenciones dentro de la casa no son claras: tampoco es claro lo que pretende entregándole a su profesor de literatura una especie de novela basada en hechos reales, actuales y potencialmente peligrosos. ¿Cuán delgados son los límites que separan la realidad de la ficción? ¿Cuáles son los efectos de la realidad en la ficción, y cuáles los de la ficción en la realidad? ¿Qué antecede a qué? ¿Qué es la literatura, sino una producción nunca exenta de pura realidad?
¿Muchas preguntas? Esta atrapante cinta de misterio no para de sembrarlas en la fértil e ilimitada imaginación del espectador. Uno puede elegir la ruta más sencilla: verla como una película de suspenso, sobre un problemático voyeur que logra atravesar las oscuras fronteras e ingresar al núcleo de una realidad totalmente ajena, intentando apropiársela, o formar parte de ella. Esquivando situaciones de absurdo y muchas de las más divertidas ocurrencias del autor (como la yuxtaposición de un plano imaginario y uno real, siempre dentro de la casa), no habrá razones por los que uno no deba salir satisfecho. Engancha, tiene estilo, el texto original nunca se desprende de su carisma, de su inusitada simpatía. Pero está la ruta difícil, la más recomendable para aquellos que se sientan en una butaca esperando algo realmente fantástico. Verla como un análisis de la literatura, de todo lo que puede llegar a generar en el mundo. Letras que ya existen, conjugadas por un autor dispuesto a contar una historia más, una del montón, o tal vez una por la que las futuras sociedades lo recuerden o lo veneren. En este caso, no poniendo el acento en lo que la obra de Mayorga pueda llegar a generarnos (y que no dista demasiado de lo que pueda generarnos el film, ya que es prácticamente una fotocopia en distinto soporte), sino en lo que la historia dentro de la historia (la que escribe uno de los personajes principales, Claude García) le genera a quien la lee. A cualquiera de los lectores/espectadores, o al mismo profesor de literatura: un hombre que no puede separarse de la obsesión de seguir leyendo (ver la escena en que recoge las hojas del cesto de basura, o la secuencia con el examen), de seguir informándose de lo que sucede en aquella familia, que en este caso aparentemente es real, o puede no llegar a serlo. ¿Qué, si el alumno está engañando a su profesor (legalmente), haciéndole creer que su construcción literaria es pura ficción, bajo el (falso) pretexto de no tener imaginación para describir cuadros inexistentes?
La literatura es el arte del voyeur, y para el voyeur: es el arte que se compone para quien decida pausar su vida, sus costumbres, sus rutinas, y dedicarse al conocimiento de otras historias, dentro de otras casas. Cuando uno lee cualquier obra de ficción, e incluso cualquier otra de no ficción, está siendo testigo de un retrato vivo (al menos durante el tiempo que dure la lectura, y sobre el que se extienda el impacto que llegue a generar), está siendo el ojo detrás de la cerradura, está siendo Claude García detrás de una columna. Y uno fantasea con volverse parte de lo que está observando o leyendo, es inevitable: es parte de la naturaleza humana, su curiosidad puede alcanzar límites inimaginables fuera de toda ética. Como el gracioso dicho sugiere, "la curiosidad mató al gato". Los hombres tienen la capacidad de arriesgar mucho por una curiosidad, hasta su propia vida, su propia familia, sus propios principios. "Dans la maison" establece los límites (la casa) como el escenario. Son acontecimientos que ocurren dentro de estos límites, pero que repercuten en el afuera. La literatura es el puente entre la ficción y la realidad, por eso, la literatura es la herramienta capaz de responder algunos de los interrogantes encadenados en los párrafos anteriores.
Esta película lleva a la gran pantalla, con humor, una obra magnífica y significativa. La labor de Ozon, como he dicho, va más allá de atar al espectador a su butaca durante poco más de una hora y media, sufriendo la tensión de quien se arriesga a ser descubierto. Logra preservar la credibilidad de sus errantes personajes, dándole forma a los diálogos, que son de lo más hilarantes (pero también instructivos, serios y profundos). Un duelo interpretativo de primera pone a prueba al espectador, lo hace permanecer hasta el final, con la curiosidad de quien ha olido el queso y ha sido víctima de la cruel emboscada. Los veinte minutos finales, aunque un tanto confusos, son los que impulsan a pensar "Dans la maison" como algo mayor de lo que naturalmente es: la Biblia de las artes incomprendidas, con una imagen de cierre capaz de captar la placentera esencia de penetrar, al menos con la mirada, la transparencia de los muros de una casa. Y finalmente ingresar en ella.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

6 comentarios:

Carlos Andrés dijo...

Me gusta por su construcción de personajes, pero siento que falla al tratar de darles vidas. Demasiado mecánica, a veces. Lo que propone es interesante, pero le falta rigor, me parece cinematográfico. Sin embargo, es un buen entretenimiento psicológico.
Saludos.

daniel dijo...

De acuerdísimo Rodri. A mí me pareció formidable el tratamiento del cómo nace una historia, su desarrollo y cómo cuesta muchas veces darla por terminado. "Dans la maison" explora con determinación esa sed de vouyerismo que creo todos los seres humanos padecemos (a ratos me recordaba a La Ventana Indiscreta), y con una mirada morbosa invita al espectador a saciar esa sed.
Su guión es exquisito y rico en diálogos brillantes, me encantan los personajes, cada uno con un toque diferente del otro, y las escenas cargadas de ese misterio mezclado con algo de humor fueron excelentes. Un lujo auténtico.

Un abrazo!

Alejandro Salgado Baldovino dijo...

Buena reseña, a mi también me encantó! De acuerdo en todo!

Saludos

David Bustos dijo...

De las mejores películas que hemos podido disfrutar en 2012 y , sin duda alguna, la mejor películas de François Ozon. Con ganas de ver lo nuevo del director: Jeune et jolie.
Muy buena entrada.

Carlos Nova dijo...

"El que mira desde afuera a través de una ventana abierta no ve nunca tantas cosas como aquel que contempla una ventana cerrada. No hay objeto más profundo y misterioso, más oscuro y fecundo, más deslumbrante que una ventana iluminada por una candela. Lo que puede verse a pleno sol es siempre menos interesante que lo vislumbrado detrás de un ventanal. En ese hueco, negro o luminoso, vive la vida, sueña la vida, sufre la vida.
Más allá del alegre de los techos, alcanzo a ver una mujer, ya madura, ajada y pobre , inclinada siempre sobre algún objeto, una mujer que no sale jamás. Con su rostro, con su vestido, con su gesto, con casi nada, reconstruyo la historia de quella mujer, o, más bien, su leyenda, y a menudo me la cuento a mi mismo llorando. Y me acuesto luego satisfecho de haber vivdo y de haber sufrido en un ser distinto de mí mismo, o en otros muchos seres.
Me dirás, acaso: ¿Estás seguro de que esa leyenda es la verdadera? Pero ¿que importa lo que pueda ser la realidad situada fuera de mí, si esa leyenda me ayuda a vivir, a sentir que existo, a sentir que soy?"
-Charles Baudelaire-

La última escena me remontó a este fragmento, y pienso que está muy de acuerdo al hilo de la película.

Anónimo dijo...

Al ver la película no pude evitar recordar una de las mas famosas (aunque desconocidas a la vez puesto que la mayoría de la gente se queda con lo que ha visto en la televisión) obras de la literatura inglesa: Frankenstein de Mary Shelley. Los cuentos de Claude = Cartas de Victo Frankenstein. El profesor = Victor Frankenstein. Claude = El monstruo.
Si se dan cuenta, el profesor crea un monstruo sólo por ir buscando REVIVIR el interés de la literatura en el muchacho, pero su "experimento" va demasiado lejos. El chico (como el monstruo) destruye, aunque en un sentido figurado) todo a lo que se acerca, aunque tal vez no intencionalmente. Y al final, incluso destruye la familia (y la vida) del profesor. Al profesor (al igual que a Víctor Frankenstein) lo último que le queda en la vida es el monstruo (Claude, en la escena final en la banca en el parque) donde no sólo no puede acabar con el monstruo, sino que se resigna, y en un sentido más figurado, muere el profesor (como en realidad le pasa a Victor Frankenstein).

No pude evitar pensar en todo eso cuando vi la película.