domingo, 3 de marzo de 2013

După dealuri



Crítica.
[“După dealuri”, C. Mungiu – 2012]


Aunque muchos escépticos todavía se nieguen a ver el progreso del cine rumano en la última década, películas como “După dealuri” son la prueba perfecta del auge que experimenta actualmente Rumania en materia cinematográfica. Cristian Mungiu, ha ganado hace cinco años la Palma de Oro en el Festival de Cannes por su controversial y visceral retrato del aborto (aunque probablemente no fuera ese el punto de apoyo de la obra, después de todo) en “4 meses, 3 semanas y 2 días”. Necesario se vuelve aclarar esto, aunque sea anecdótico, pues supone un suceso más que relevante en la producción del país. No debe ser ignorado, más si es sumado a los aportes de Cristi Puiu (La noche del Señor Lazarescu), Corneliu Porumboiu (Bucarest 12.08), Catalin Mitulescu (Cómo celebré el fin del mundo) y al reciente aporte de Radu Muntean (Aquel martes después de navidad). Con tales producciones, es casi incuestionable el alcance de esta ola de cine rumano, punto de encuentro de grandes autores, grandes historias y sobre todo grandes resultados.
Repitiendo de alguna forma la unidad que constituyen dos mujeres entrelazadas por algo mucho más fuerte y complejo de lo que el espectador puede llegar a comprender, Mungiu entrega una particular obra, basada en la obra de Tatiana Niculescu. Las casi dos horas y media de metraje ocurren prácticamente dentro de un convento, comunidad aislada ubicada sobre unas colinas, y custodiada por las fuerzas de Dios. El aislamiento suele ser, para el cine europeo, una buena estrategia para crear contrastes y sentenciar que no existen barreras inquebrantables ni murallas impenetrables. “Colmillo”, del griego Giorgos Lanthimos, trabaja con esta idea: una dinámica perversa concentrada dentro de los límites de una casa, a la que sólo ingresa un antígeno, un agente externo que inevitablemente influirá en el modo de vida, por más sistemático que sea. En este caso, no es la excepción: hay un personaje que atraviesa las fronteras del convento. La entrada principal tiene colgado un cartel que no reconoce como bienvenidos a aquellos que no profesan la religión cristiana. Alina, este personaje que se infiltra en la cotidianeidad de un grupo de monjas, dista de considerarse una mujer cristiana. Es una pecadora repleta de dudas, y que sólo ha llegado a ese lugar con la única intención de recuperar a su amiga de toda la vida, Voichita, a quien ama profundamente.
Lo que realiza el autor, en primer lugar, es mostrarnos la conformación de un inesperado y hasta cínico triángulo amoroso, conformado por las dos amigas y Dios. Hay un lazo muy fuerte entre ambas, pero el tiempo ha hecho que Voichita consagre su vida al Altísimo, y que Alina se vuelva aún más dependiente de ella. Las Sagradas Escrituras, los candelabros, el altar, ilustran un contexto que, en este punto del relato, poco importa. El amor no recíproco, o al menos no igualmente intenso, convierte en Alina en un simple ser humano, en el vago recuerdo de un pasado difícil. Pero Voichita, la mujer que ha entregado todo (su materia, y hasta su esencia), ama a Dios por sobre todas las cosas. ¿No es en cierto punto un mandamiento egoísta?
Conforme al adrenalínico avance del relato, Mungiu entreteje una divertida e insólita crítica a la religión, al fanatismo que la acompaña, y a su discurso contradictorio e insostenible (sino revisar algunos de los casi quinientos pecados ordenados a modo de lista, la escena del altar o las dos escenas finales). "După dealuri" no es simplemente un drama romántico, sino una muy sutil crítica, que se burla, por momentos con cierto descaro, del funcionamiento del convento en particular, y del modo obsesivo de experimentar la fe en general. Hay escenas que son simplemente una maravilla: muchas de ellas, cuentan con monjas que responden a las órdenes del Padre como perros desesperados por ir a buscar el hueso que un amo les arroja a lo lejos. La temática puede herir susceptibilidades, y por su dimensión teórica, es difícil de abordar. Pero la versión de Mungiu, malsana y socarrona, quizá sea de las más ricas en detalles: con ecos de “Los secretos”, de Avi Nesher (salvando las distancias), este peculiar enfoque no dejará indiferente. 
Presentada en el Festival de Cannes el año pasado, “După dealuri” no deja de sorprender. Si bien es cierto que le sobra metraje, le sobran muchas otras cosas buenas: intensidad, calidad, talento, inteligencia, ironía. Bendecida por la actuación del trío protagonista, esta parábola atea se convierte en una minuciosa y muy oportuna construcción que se opone a cualquier tipo de exceso. En la vida cotidiana, uno no se enfrenta generalmente a crueldades similares a las que presenta el film, aunque tal vez se enfrente a otras mucho peores, y que camaleónicamente pasan desapercibidas. A veces no son necesarias cadenas para ver que la sociedad está atada, ni posesiones para ver que la sociedad está condenada. Una de las mejores frases de la película alude al carácter omnipresente del mal. Todos somos pecadores, y el mal nos recorre, nos atraviesa, tanto más allá de las colinas (donde los terrenos se venden, donde vive gente, donde hay guerras y hambre), como más acá. ¿Círculos en la arena que nos alejen de las bestias? Mitología absurda e igual de bestial. Mungiu nos deja pensando en esa lucha diaria entre las fuerzas del bien y las fuerzas del mal, y concluye de manera evidente en que predecir una victoria es simplemente una cuestión de fe. 
Puntuación: 8/10 (Muy buena)

4 comentarios:

Dialoguista dijo...

Y este post viene justo para que te recuerde la peli rumana "La chica más feliz del mundo" que me debes verla eh ;)
Voy a ver esta, pero al ser bastante larga tendrá que esperar un poco.
Saludos ;)

Carlos Andrés dijo...

Dirección y guion magníficos, actuaciones en estado de gracia. Aunque con un desarrollo a veces confuso, la película representa bastante bien esas obsesiones. Me gustó bastante.
Saludos.

daniel dijo...

Una película de difícil visionado, en el sentido que como dices puede herir susceptibilidades. A mí me encantó su crítica desaforada y sin convencionalismos a los excesos de la religión. Se mueve con total libertad en este frío y a la vez cálido relato sobre la fe y el amor no correspondido. El film deja muchas interrogantes, pero la fascinante puesta en escena y el magnífico guión hace que el juego de "preguntas sin respuestas" lo responda el mismo espectador.
Un abrazo!

Roy Bean dijo...

Me está empezando a caer pesado el nuevo cine norrealista Rumano, el caso es que suelo seguir lo más interesante, pero llega un momento en que tengo la sensación y me parece que todas están cortadas por el mismo patrón. ¿Su seña de identidad? No creo, la verdad, están aprovechando el tiron crítico, como siempre. Eso no quiere decir que estos años no haya visto pelis Rumanas interesantes.

Saludos
Roy