viernes, 31 de mayo de 2013

Segunda entrega de los Pino de Plata: nominados y ganadores.

     Una Locura de Película tiene el honor de dar comienzo a la segunda entrega de los Premios Pino de Plata, que buscan reconocer lo mejor del cine visto a lo largo del año. Premios que cuentan con la particularidad de que el rubro principal, no es el de mejor película, sino el de mejor director. El Pino de Plata, el honor al mejor director de nuestro país, Fernando "Pino" Solanas, nombra al cineasta del año, así como a los mejores de cada una de las otras categorías técnicas e interpretativas.
    

     Y los nominados son...




Mejor maquillaje.

Holy Motors.
Cloud Atlas: la red invisible / Cloud Atlas.
Hitchcock.






Mejores efectos visuales.

El hobbit: un viaje inesperado / The hobbit: an unexpected journey.
Lo imposible.
El caballero de la noche asciende / The dark knight rises


.




Mejor diseño de vestuario.

Los juegos del hambre / The hunger games.
Un reino bajo la luna / Moonrise kingdom.
The deep blue sea.






Mejor sonido.

Una aventura extraordinaria / Life of Pi.
Argo.
Rebelle / War witch.
La noche más oscura / Zero dark thirty.
Kon-tiki.
Lo imposible.
El caballero de la noche asciende / The dark knight rises.






Mejor musicalización.

El hobbit: un viaje inesperado / The hobbit: an unexpected journey.
Hyde park on Hudson.
Anna Karenina.
Cesare deve morire.
The angels' share.
Dans la maison / In the house.
Le tableau / The painting.





Mejor escenografía.

Cloud Atlas: la red invisible / Cloud Atlas.
Los miserables / Les misérables.
El caballero de la noche asciende / The dark knight rises.
El hobbit: un viaje inesperado / The hobbit: an unexpected journey.
Los juegos del hambre / The hunger games.
Un reino bajo la luna / Moonrise kingdom.
Anna Karenina. 







Mejor dirección de fotografía.

Kauwboy.
Lincoln.
The master.
Los miserables / Les misérables.
De rouille et d'os / Rust and bone.
Poulet aux prunes / Chicken with plums.
Operación Skyfall / Skyfall.







Mejor edición.

Django sin cadenas / Django unchained.
El lado luminoso de la vida / Silver linings playbook.
La cabaña del terror / The cabin in the woods.
Mátalos suavemente / Killing them softly.
Operación Skyfall / Skyfall.
Argo.
Ruby Sparks.






Mejor intérprete joven.
(menor de 21 años)

David Rauchenberger - Michael.
Rachel Mwanza - Rebelle / War Witch.
Tessa Ia - Después de Lucía.
Tom Holland - Lo imposible.
Quvenzhané Wallis - Bestias del sur salvaje / Beasts of the southern wild.
Logan Lerman - Las ventajas de ser invisible / The perks of being a wallflower.
Kacey Mottet Klein - L'enfant d'en haut / Sister.





Mejor intérprete femenina secundaria.

Amy Adams - The master.
Nicole Kidman - The paperboy.
Isabelle Huppert - Amour.
Penélope Cruz - A Roma con amor / To Rome with love.
Cristina Flutur - Dupa dealuri / Beyond the hills.
Gina Gershon - Killer Joe.
Doona Bae - Cloud Atlas: la red invisible / Cloud Atlas.






Mejor interpretación masculina secundaria.

Michael Caine - El caballero de la noche asciende / The dark knight rises.
John Cusack - The paperboy.
Christoph Waltz - Django sin cadenas / Django unchained.
Scoot McNairy - Mátalos suavemente / Killing them softly.
Tom Hardy - El caballero de la noche asciende / The dark knight rises.
Philip Seymour Hoffman - The master.
Sam Rockwell - Siete psicópatas / Seven psychopaths.





Mejor guión.

Alps - Giorgos Lanthimos, Efthymis Fillipou.
Dans la maison / In the house - François Ozon.
Django sin cadenas / Django unchained - Quentin Tarantino.
Dupa dealuri / Beyond the hills - Cristian Mungiu.
Lincoln - Tony Kushner.
El lado luminoso de la vida / Silver linings playbook - David O. Russell.
The master - Paul Thomas Anderson.





Mejor interpretación femenina protagónica.

Judi Dench - El exótico hotel Marigold / The best exotic Marigold hotel.
Suzanne Clément - Laurence anyways.
Aggeliki Papoulia - Alps.
Emmanuelle Riva - Amour.
Rachel Mwanza - Rebelle / War witch.
Keira Knightley - Anna Karenina.
Cosmina Stratan - Dupa dealuri / Beyond the hills.





Mejor interpretación masculina protagónica.

Bradley Cooper - El lado luminoso de la vida / Silver linings playbook.
Daniel Craig - Operación Skyfall / Skyfall.
Anders Danielsen Lie - Oslo, 31. August.
Thore Lindhardt - Keep the lights on.
Joaquín Phoenix - The master.
Melvil Poupaud - Laurence anyways.
Jean Louis Trintignant - Amour.





 Pino de Plata.
Mejor dirección del año.

Ben Affleck - Argo.
Paul Thomas Anderson - The master.
Juan Antonio Bayona - Lo imposible.
Xavier Dolan - Laurence anyways.
Michael Haneke - Amour.
Jean François Laguionie - Le tableau / The painting.
Cristian Mungiu - Dupa dealuri / Beyond the hills.
Christopher Nolan - El caballero de la noche asciende / The dark knight rises.
François Ozon - Dans la maison / In the house.
Quentin Tarantino - Django sin cadenas / Django unchained.




LAS PELÍCULAS MÁS NOMINADAS.

Con seis nominaciones...
El caballero de la noche asciende / The dark knight rises.
The master.

Con cuatro nominaciones...
Django sin cadenas / Django unchained.
Dupa dealuri / Beyond the hills.
Amour.
Lo imposible.

Con tres nominaciones...
Argo.
Dans la maison / In the house.
Laurence anyways.
El lado luminoso de la vida / Silver linings playbook.
Cloud Atlas: la red invisible / Cloud Atlas.
Operación Skyfall / Skyfall.
Anna Karenina.
Rebelle / War witch.
El hobbit: un viaje inesperado / The hobbit: an unexpected journey.


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Listado completo de ganadores. 

Mejor maquillaje: Cloud atlas: la red invisible.
Mejores efectos visuales: Lo imposible.
Mejor diseño de vestuario: Los juegos del hambre.
Mejor sonido: Lo imposible.
Mejor música: Le tableau.
Mejor escenografía: Los miserables.
Mejor fotografía: Lincoln.
Mejor edición: Argo.
Mejor intérprete joven: Rachel Mwanza / Rebelle.
Mejor interpretación femenina secundaria: Nicole Kidman / The paperboy.
Mejor interpretación masculina secundaria: Christoph Waltz / Django sin cadenas. 
Mejor guión: Dans la maison.
Mejor interpretación femenina protagónica: Emmanuelle Riva / Amour.
Mejor interpretación masculina protagónica: Joaquín Phoenix / El maestro.
Premio Pino de Plata: Xavier Dolan - Laurence anyways. 

lunes, 27 de mayo de 2013

Underground.

 
Crítica y análisis.
[“Underground”, E. Kusturica – 1995]


La Palme d’or (Palma de oro), premio que anualmente entrega el Festival de Cannes a la mejor película de la Selección Oficial, fue a parar a las manos de Emir Kusturica en el año 1995 por su obra maestra, "Underground". Ese mismo año, Theódoros Angelópoulos presentaba "La mirada de Ulises", otra majestuosa reconstrucción de la historia balcánica en el siglo XX. Dos producciones monumentales que, a su manera, cuentan varias historias en simultáneo. El nacimiento del cine en Grecia y la historia de un errante cineasta radicado en los Estados Unidos (en uno de los casos), o la sucesión de guerras que atravesó Yugoslavia entre 1941 y 1992 y el triángulo amoroso que acaba en traición. Sus métodos narrativos son bastante similares, pueden establecerse varias relaciones en cuanto a la estética formal, a la estructura, a las tramas secundarias. Pero no es la idea, al menos en esta publicación. Simplemente pretendo hacer un repaso sintético de algunos de los aspectos más llamativos de la que posiblemente sea, sin exagerar, el mejor largometraje de la historia del cine. Que en mi modesta opinión, lo es. 


Los recursos de la tragicomedia de Kusturica.


Emir Kusturica es dueño de un estilo. Se ha ganado la titularidad de un subgénero, el de las "tragicomedias históricas", gracias al profesionalismo con el que ha encarado sus primeros trabajos, que incluyen a la laureada y magnífica "Papá se fue de viaje de negocios". Su obsesión por construir una imagen fiel a las personas con las que, evidentemente, ha crecido, constituye uno de los puntos más destacables de su estilo. Pueden añadirse, desde luego, su simpático manejo con los animales, a los que rara vez deja afuera de las producciones. "La vida es un milagro", por ejemplo, se abre con una estupenda escena que incluye a un oso. Y qué decir de "Underground" y su introducción, el bombardeo a un zoológico de Belgrado, una de las escenas más escalofriantes de la historia del cine. También el tono caricaturesco y no exento de exageraciones, recurso que utiliza para acentuar algunos rasgos estereotípicos (como el amor al alcohol y a la fiesta, que se imponen a cualquier mínima dosis de depresión, cuando no insignificante). La magia de su cine reside en la mixtura ideal entre la comedia y la tragedia, que responde a una fórmula: frente a una situación adversa, como puede serlo la guerra (temática que más de una vez ha plasmado en la gran pantalla), intenta filmar desde el optimismo. Que una lágrima se convierta rápidamente en risa, que una muerte no sea simplemente eso, sino algo más. Y que la experiencia cinematográfica sirva para animar al público, para entretenerlo, para contarle su historia.
"Underground" es, en sí, una masa compacta de historia, historias y sentimiento. Sus casi tres horas de duración pueden parecer excesivas, y para quienes se quejan de ese tipo de cuestiones superfluas, no es recomendable la versión hecha para la televisión (con una duración de poco más de cinco horas). Sin embargo, ¿qué puede esperarse de la obra maestra de Kusturica? Nadie puede esperar menos, ni siquiera ignorando que su intención no es otra, sino la de contar la vida de un país, prácticamente desde su génesis. Es que Yugoslavia, su tierra, ya no existe. Ha nacido, pero también ha muerto. El acontecer histórico, las guerras, han convertido a su casa en tierra de nadie, en un mapa con divisiones nuevas, aisladas e independientes una de la otra, que se desprenden como una porción de suelo. Yugoslavia forma parte de ese pasado que, con un tono algo nostálgico (pero nunca perdiendo la picardía), evoca fotograma a fotograma. ¡Cuántos han recordado a sus queridos difuntos con una sonrisa, con una anécdota graciosa que los consuela, que los hace sentirse más vivos y menos solos! Eso hace, sin más. Hacer memoria de la historia, dos conceptos indisociables, y difundirla a aquellos que no la conocen, imprimiendo su particular estilo y, sobre todo, sus más profundas emociones.
Aun así, pensar que esta producción es simplemente una síntesis de la vida yugoslava en un soporte audiovisual, es someter a la obra a un juicio demasiado pobre, a una definición tan acotada como errónea. En sí, sirve como el reflejo de muchas cosas, más allá de todo lo explícito. Pero centrándonos en aquello que sí se dice, "Underground" toma básicamente dos caminos. Por un lado, la descripción del contexto. Cinco décadas de conflictos bélicos prácticamente ininterrumpidos (considerando a la Guerra Fría como un fenómeno de mayor temperatura del que su nombre puede denotar), planteadas desde la linealidad, como una cadena de causas y efectos. Por el otro, la descripción de un triángulo amoroso ficticio, constituido por dos grandes amigos afiliados al Partido Comunista, enamorados de una misma mujer. Algún lector seguirá preguntándose cuál es la gracia. Y para responder eso, siempre entendiendo que la mejor forma de responderse uno es enfrentándose a esta gran tragicomedia histórica, uno puede remitirse a los nexos estructurales internos. De ninguna manera puede creerse que ambos caminos no se cruzan en algún momento. Y yendo más lejos, es muy factible que sean coincidentes: fotocopias, pero en dos niveles o planos distintos. De este modo, puede inferirse que cualquier obstáculo o grieta que aparezca en uno, repercutirá inevitablemente en el otro. La Historia es la madre de las historias, las historias son herederas de la Historia. Y eso se hace evidente en el film, por ejemplo, en la utilización de imágenes de archivo reales (de la invasión nazi, de la llegada de Tito al poder). Lo que hace Kusturica es algo bastante interesante: unir estos archivos a montajes ficticios, yuxtaponerlos, dando la sensación de que los actores realmente han estado en esas épocas de la historia de Yugoslavia. No es una técnica fácil, ni usada normalmente por los cineastas, pero acá alcanza un nivel de efectividad pleno e indiscutible. Nadie puede creer lo que está viendo: a ese brillante actor que da vida a Marko (el gran Miki Manojlović), estrechando la mano del Mariscal. Y es uno de los tantos aciertos que perfeccionan esta gran historia de la Historia.


El sótano / La lucha de clases.


Para explicar la importancia que adquiere el concepto de "sótano" (una posible traducción de "underground", un poco más limitada que "subterráneo" y más concreta que "bajo tierra"), uno puede mencionar una cinta extremadamente popular como "El caballero de la noche asciende", esa tercera entrega de Christopher Nolan, que da fin a la trilogía sobre el héroe de Ciudad Gótica, Batman. ¿Qué es underground? Uno no puede subestimar un interrogante como éste, que busca desarrollar e interpretar la naturaleza del título. Nolan, por ejemplo, monta un laberinto subterráneo, con un funcionamiento propio, reglas propias, vida propia. Un sistema presuntamente autónomo, autárquico, pero que en realidad, siempre estará condicionado por lo que suceda arriba de sus cabezas, en el mundo real. Alejándose uno de la comparación, cuyo único objetivo es el de ilustrar (con un ejemplo más o menos conocido) la idea de lo que está sobre y debajo de la tierra (o de cualquier trazo, físico o imaginario, que distinga a un sector social de otro), uno advierte que el verticalismo con el que se estructura la sociedad, es una extensión material de la dominación de una clase social sobre otra. "Underground" no necesita dar demasiados detalles al respecto. Es de público conocimiento que la historia universal del siglo XX está marcada, en gran parte, por la persecución y el enfrentamiento ideológico. Y si hay un sector que ha protagonizado la historia reciente, éste es sin dudas el comunismo. Ideología que se ha querido silenciar en prácticamente todos los países del mundo, y que aparece mencionada en la primera escena, acompañada por la música de Goran Bregovic y los créditos iniciales. Petar Popara, el protagonista, se ha unido al Partido Comunista luego de salir de la cárcel. Y festeja con su amigo Marko, con un arma y una botella en cada mano, porque su elección supone un acto de libertad. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial no ha sido generosa con el comunismo, y Petar Popara se ve obligado a refugiarse en un sótano junto a una treintena de amigos (del círculo íntimo de ambos) mientras Marko lucha contra la ocupación nazi, sobre la tierra.
Luego está el amor, esa variable que nunca se tiene en cuenta, y que es esencial para entender a los hombres. Es la que rompe, efectivamente, todos los códigos. La amistad, los valores, se desvanecen. Marko tiene una oportunidad, y la tiene, por el simple hecho de no estar refugiado bajo tierra, en el sótano. De algún modo, el refugio es un modo de entender el exilio, porque esquematiza un modelo de aislamiento casi absoluto. Pero Marko corre con cierta ventaja: ama a una mujer, y pese a que debe enfrentarse a la realidad de la segunda Gran Guerra, es libre. Su plan, consiste en mantener a su amigo encerrado, haciéndole creer que el conflicto aún sigue. Por lo tanto, pasan los años, la guerra, las décadas, Tito llega al poder (el comunismo pasa a convertirse en dominante dentro de la esfera ideológica), y Marko se vuelve una mano derecha del mencionado líder político. Hasta este punto, cualquiera imaginará que la privación de la libertad, es un guiño puramente romántico. Y no es algo errado. El amor es más fuerte que todo, se impone a cualquier cuestión ética. Pero la estratificación se vuelve más obscena cuando, sirviendo a Tito y con treinta hombres bajo el suelo de su casa, los hace producir explosivos, tanques de guerra, armas, que supuestamente serán utilizados para la lucha contra el nacionalsocialismo alemán, cuando en realidad serán vendidos (y el dinero, por supuesto, acrecentará rápidamente la riqueza de un Marko que ha triunfado, en el amor y en el dinero, porque ha sacado provecho a su condición de hombre libre, es decir, de hombre sobre la tierra).
¿Qué pasa cuando un sector social es callado demasiado tiempo? ¿Qué pasa cuando algo se reprime? De alguna forma, sale a la luz. Y generalmente, de las peores formas. La idea de una olla a presión resultará útil para entender el mecanismo, tan usado en el psicoanálisis como efectivo para cualquier fenómeno sociológico. Llega un punto, en que la situación se torna insostenible. Y aquello que durante años ha estado enterrado, de golpe ve la luz. Pero esta luz, este universo avejentado y derrumbado por el odio y la violencia, se ve distorsionada. Como en "Colmillos", de Lanthimos, esa obra maestra del cine griego que tan seguido es citada en este sitio, la reclusión ejerce un efecto harto significativo sobre la mente humana: adaptada y acostumbrada a una forma de comprender la realidad, no puede adaptarse rápidamente a otra radicalmente distinta. Sumergida en el más hilarante de los disparates con el sello Kusturica, la liberación de Petar Popara (para quienes la han visto, una especie de héroe cinematográfico, por su grandioso carácter) y sus secuaces, sirve como motor de un desenlace tan impredecible como encantador.


Las tres guerras / Los dos desenlaces.


"Underground" está dividida en tres partes: "La guerra", "La guerra fría" y "La guerra", refiriendo a tres enfrentamientos distintos, que han sido continuos. Como sucede con los Estados Unidos, que luego de décadas de guerra fría ha decidido paliar su aburrimiento con las invasiones a Oriente Medio, la historia yugoslava está marcada por la bomba. Cincuenta años de guerra sin interrupción. ¿Cómo no confundirse? Los oprimidos ven la luz, y en ella, una Guerra Fría que consideran, todavía, una Segunda Guerra Mundial. Cuando parece que las cadenas finalmente se han roto, el espectador nota que todavía son esclavos de la tiranía ideológica, del condicionamiento psíquico del que han sido víctimas. Una mentira original, en un inicio romántica, que alcanza proporciones épicas. Todo malentendido que pueda desprenderse de esto, Kusturica lo usa para dinamizar el contenido de su obra, con la gracia y la ironía latentes.
Sin dar demasiados detalles sobre cómo el director despliega los recursos humorísticos, uno se adentra a esa tercera guerra, que ya abarca una región mucho más pequeña que las anteriores: una conflictiva Yugoslavia. Las guerras yugoslavas producen su ineludible disolución, dada la naturaleza del enfrentamiento, que es puramente interno. En este contexto, (re)aparece Iván, hermano de Marko, un sujeto tartamudo, veterano, que ha sido cuidador del zoológico de Belgrado en la década de 1940, y que ahora vaga por los pasadizos subterráneos (un laberinto, al estilo de Nolan, que comunica a algunas de las naciones europeas) buscando a Soni, el mono al que cincuenta años antes ha salvado de la catástrofe. En esa búsqueda, se choca con la verdad: habiendo sido uno de los tantos hombres encerrados por Marko, su hermano, el odio lo supera. Y el desenlace, gira en torno a la venganza de Iván, a la reaparición de Soni, y a la intervención del mismo Emir Kusturica en una de las escenas finales. Sin abundar en datos, y concluyendo este breve análisis de "Underground", sólo queda el final. Así como es lógico, es difícil de esperarse. Repleto de simbolismos (que incluyen un Cristo invertido), ofrece dos lecturas posibles, dos alternativas que no son excluyentes entre sí, sino, contrariamente, complementarias. Una de ellas, es la que se da en el plano de lo ficticio. Se reduce a una cuestión de vida o muerte, o formulado con otras palabras, a la supervivencia de algunos personajes y al fallecimiento de otros. En ese sentido, es concisa. Pero está la segunda, que en sí, parece ser la que convierte a "Underground" en la obra maestra que es: un festín que reúne, en un lugar indeterminado, a todos los personajes que han pasado por la obra. Hombres, mujeres, niños, inválidos que pueden caminar, tartamudos que pueden hablar sin torpeza, comida, música, orquesta, animales. Una fiesta con todas las letras, que se vive como tal, y que se cierra con unas palabras [*] de despedida. ¿De qué? ¿De quién? Sin lugar a dudas, se trata de todo lo que Emir Kusturica quiere decirle a la Yugoslavia que retiene en su memoria, esa Yugoslavia que ya no existe más, que constituye sólo un bello recuerdo. Bello, sí, porque aun en medio de las guerras tormentosas, los rencores y las traiciones, hay lugar para lo bueno. El perdón. El festejo. La memoria. La historia. La vida...

Puntuación: 10/10 (Obra maestra)


[*]  "Montamos casas nuevas, con tejas rojas, donde las aves construyen anidan, y con las puertas siempre abiertas a nuestros invitados. Agradecemos a la tierra que nos alimenta, al sol que nos calienta, a los campos que nos recuerdan los verdes pastos en casa. Así, con dolor, tristeza y alegría, recordamos a nuestro país cuando les contamos historias a nuestros niños, que comienzan igual a todas. 'Érase una vez un país...' "

miércoles, 8 de mayo de 2013

El último emperador.

 
Crítica.
"El último emperador" ["The last emperor", B. Bertolucci - 1987]

La década de 1980, en materia cinematográfica, fue altísimamente irregular. Por un lado, hubo loables (aunque mayormente no lo fueran) tragicomedias de bajo presupuesto, que calaron hondo en la cultura popular, y se convirtieron en clásicos instantáneos. Las otras, un grupo minoritario, eran producciones de proporciones monumentales atravesadas por el afán de recrear fielmente momentos históricos de gran trascendencia. De ahí, que Milos Forman llevara la obra teatral "Amadeus" al cine, construyendo un escenario a la perfección, y tejiendo uno de los duelos más apasionantes de los que se recuerden. O que "Gandhi" se eternizara en el alma de los cinéfilos, siendo coronada por la Academia de Hollywood con un buen puñado de Oscars. Otro de los casos, de gran repercusión, fue el del gran Bernardo Bertolucci y su biográfico sobre "El último emperador" de China, Pu Yi, y el ocaso de su vida en una nación ahora dominada por el maoísmo, y colmada de jóvenes manifestándose en la vía pública, agitando banderas coloradas y depurando a la sociedad de cualquier tipo de influencia negativa (dada, desde luego, por el imperialismo, ya sea occidental o japonés). Este último caso, es el que particularmente me interesa desarrollar en este momento. Tal vez, porque el resurgimiento de las ideologías de izquierda en el actual occidente, o la reaparición de la juventud (para bien o para mal, eso lo juzgará cada uno) en el plano político, inevitablemente lleva a uno a replantearse la verdadera naturaleza de aquellos movimientos que, durante la Guerra Fría, transformaron la realidad de los países del bloque oriental antes de la caída de la Unión Soviética.
La mirada que ofrece Bertolucci es más que interesante. Este cineasta, un artesano de la cinematografía y responsable de algunas de las producciones más significativas del siglo pasado ("El último tango en París" o "Novecento" deben ser suficientes para creer en lo que digo), rara vez se aleja de las modificaciones que muy paulatinamente sufre el contexto en el que se desenvuelven sus personajes. Tampoco puede uno ignorar el estupendo retrato que hace, en "Los soñadores", de la lucha de los jóvenes por un mundo mejor, en medio de una agitación generalizada durante la década de 1960, plena Nouvelle Vague). Dicho de otro modo, el cerrar "El último emperador" con el grito unificado de una juventud convulsionada, debe ser analizado con particular énfasis. Después de todo, alguien que ve la obra desconociendo el estilo del director, supondrá que la resolución (todo lo que se desarrolla luego de 1947, o al menos luego de 1959) sirve como un adorno con el fin único de extender la duración (no olvidemos que las producciones monumentales rara vez duran menos de 150 minutos). Es muy probable que ese final oculte (tal vez sea un error hacer una sentencia tan radical a veinticinco años de su estreno, pero servirá como una hipótesis no poco interesante), el verdadero mensaje que busca transmitir este artista, y que evidentemente trasciende lo que la autobiografía del último emperador dice en sus páginas.
Por otra parte, es muy difícil hacer recortes cuando se analiza la Historia Universal. Después de todo, la Historia es compleja, y cada acontecimiento es producto de otros acontecimientos previos, que de forma directa o indirecta van influyendo en las estructuras sociales, políticas, económicas o culturales. Este encadenamiento de sucesos, unos marcando la esencia de otros, es el que le da sentido al estudio de la Historia, y es deber de quien la estudia remontarse más y más lejos del presente, para hallar en los mínimos detalles, posibles causas de las circunstancias actuales. "El último emperador", por su parte, resume en casi tres horas, aproximadamente seis décadas de historia. En lo espacial, asimismo, va más allá de la frontera (habla del vínculo entre Pu Yi y Japón, en relación con el gobierno de Manchukuo en la década de 1930), hasta poder complementarse (si se quiere) con otra obra una década más moderna, pero ambientada en aquellos tiempos, como lo es "Kundun" de Scorsese (que relata, en sus mejores momentos, los lazos entre China y el Tibet).
El punto de partida de Bertolucci es uno de los dos movimientos de ruptura que desarrolla "El último emperador": la disolución del Imperio y su reemplazo por una República, en el amanecer del Siglo XX. En esos años, es Emperador un niño de tres años quien, en medio de este conflicto, es recluido en la Ciudad Prohibida, territorio amurallado sobre el cual gobierna a la medida que va creciendo. El espectador, durante la primera mitad de película (que apunta a describir su juventud), se sumerge en ese mundo de opulencia, enclaustramiento e ingenuidad, tres conceptos sumamente incompatibles (al menos, a priori). Hay algunas escenas que ayudarán a ejemplificar lo que digo: Pu Yi corriendo en círculos con su hermano, perseguidos por varias decenas de adultos, en una secuencia mecánica que parece no tener fin; una puerta custodiada por una decena de hombres y que nunca parece abrirse para él, por mencionar algunas. Es casi imposible no sentir simpatía por el niño, ya sea por compasión (por comprender el microcosmos improvisado que supone la Ciudad Prohibida antes de su migración en 1924) o por la gracia que genera el patetismo en las tantas escenas sin sentido en sí solas. Probablemente Bertolucci se detenga demasiado tiempo en estas cuestiones, un tanto superfluas si se quiere, pero que están por algo: promueven una percepción más aguda por parte del espectador, que se siente, de una manera u otra, involucrado en las aventuras de este Alex DeLarge oriental de principios de siglo (una rata de laboratorio sin verdadero control sobre sí mismo, sobre su ideología, siempre dominado por una fuerza externa que condiciona sus acciones y pensamientos, que no le permiten obrar independientemente del contexto, ya sea uno u otro; un títere, como queda demostrado en su manejo sobre el conflictivo territorio de Manchuria, potencialmente productivo, y su tierra natal).
La segunda ruptura se produce con el avance del maoísmo y su consagración en los finales de la década de 1940, que marcará el pulso de la contracara de la narración (que, vale aclararlo, alterna escenas de la infancia en la década de 1910 y las subsiguientes, con su estadía en un centro de reclusión de enemigos del Estado en la década de 1950). Es el pulso, además, de la resolución de la historia, del ocaso y la resignación (cabe insistir con este concepto de "naranja mecánica", presente en las escenas del interrogatorio), así como de la instancia de madurez en todo sentido, de los personajes y de su autor, donde demuestra que puede manejarse (como si su filmografía no bastara) con escenarios mucho menos ornamentados, pero no por ello menos complejos. Corona con un final inteligente, con la dosis justa de emoción, y los triunfos cosechados en todo el mundo. Muchos de ellos enfocados en aspectos técnicos de la magnánima construcción de una época (Bertolucci saca provecho a la ventaja de poder rodar dentro de la Ciudad Prohibida), e indiscutiblemente merecidos. "El último emperador" es una más que decente adaptación cinematográfica, tan ambiciosa como precisa, tan interesante como reveladora. Si bien muchos fanáticos de Bertolucci (entre los que puedo llegar a considerarme, sin exceso de pasión) preferirán al cineasta más mesurado y menos inversor, yo prefiero al Bertolucci que sabe contar una historia de principio a fin, y que sabe dejarme pensando en lo que vi luego de finalizarla. Es el mejor regalo que puede pretenderse de uno de los más grandes cineastas vivos, y "El último emperador", guste a uno o no, es incuestionablemente un pedazo de historia valiosísimo, tanto para la resignificación del mundo social como para añadirle valor al séptimo arte.
Puntuación: 8/10 (Muy buena)