lunes, 27 de mayo de 2013

Underground.

 
Crítica y análisis.
[“Underground”, E. Kusturica – 1995]


La Palme d’or (Palma de oro), premio que anualmente entrega el Festival de Cannes a la mejor película de la Selección Oficial, fue a parar a las manos de Emir Kusturica en el año 1995 por su obra maestra, "Underground". Ese mismo año, Theódoros Angelópoulos presentaba "La mirada de Ulises", otra majestuosa reconstrucción de la historia balcánica en el siglo XX. Dos producciones monumentales que, a su manera, cuentan varias historias en simultáneo. El nacimiento del cine en Grecia y la historia de un errante cineasta radicado en los Estados Unidos (en uno de los casos), o la sucesión de guerras que atravesó Yugoslavia entre 1941 y 1992 y el triángulo amoroso que acaba en traición. Sus métodos narrativos son bastante similares, pueden establecerse varias relaciones en cuanto a la estética formal, a la estructura, a las tramas secundarias. Pero no es la idea, al menos en esta publicación. Simplemente pretendo hacer un repaso sintético de algunos de los aspectos más llamativos de la que posiblemente sea, sin exagerar, el mejor largometraje de la historia del cine. Que en mi modesta opinión, lo es. 


Los recursos de la tragicomedia de Kusturica.


Emir Kusturica es dueño de un estilo. Se ha ganado la titularidad de un subgénero, el de las "tragicomedias históricas", gracias al profesionalismo con el que ha encarado sus primeros trabajos, que incluyen a la laureada y magnífica "Papá se fue de viaje de negocios". Su obsesión por construir una imagen fiel a las personas con las que, evidentemente, ha crecido, constituye uno de los puntos más destacables de su estilo. Pueden añadirse, desde luego, su simpático manejo con los animales, a los que rara vez deja afuera de las producciones. "La vida es un milagro", por ejemplo, se abre con una estupenda escena que incluye a un oso. Y qué decir de "Underground" y su introducción, el bombardeo a un zoológico de Belgrado, una de las escenas más escalofriantes de la historia del cine. También el tono caricaturesco y no exento de exageraciones, recurso que utiliza para acentuar algunos rasgos estereotípicos (como el amor al alcohol y a la fiesta, que se imponen a cualquier mínima dosis de depresión, cuando no insignificante). La magia de su cine reside en la mixtura ideal entre la comedia y la tragedia, que responde a una fórmula: frente a una situación adversa, como puede serlo la guerra (temática que más de una vez ha plasmado en la gran pantalla), intenta filmar desde el optimismo. Que una lágrima se convierta rápidamente en risa, que una muerte no sea simplemente eso, sino algo más. Y que la experiencia cinematográfica sirva para animar al público, para entretenerlo, para contarle su historia.
"Underground" es, en sí, una masa compacta de historia, historias y sentimiento. Sus casi tres horas de duración pueden parecer excesivas, y para quienes se quejan de ese tipo de cuestiones superfluas, no es recomendable la versión hecha para la televisión (con una duración de poco más de cinco horas). Sin embargo, ¿qué puede esperarse de la obra maestra de Kusturica? Nadie puede esperar menos, ni siquiera ignorando que su intención no es otra, sino la de contar la vida de un país, prácticamente desde su génesis. Es que Yugoslavia, su tierra, ya no existe. Ha nacido, pero también ha muerto. El acontecer histórico, las guerras, han convertido a su casa en tierra de nadie, en un mapa con divisiones nuevas, aisladas e independientes una de la otra, que se desprenden como una porción de suelo. Yugoslavia forma parte de ese pasado que, con un tono algo nostálgico (pero nunca perdiendo la picardía), evoca fotograma a fotograma. ¡Cuántos han recordado a sus queridos difuntos con una sonrisa, con una anécdota graciosa que los consuela, que los hace sentirse más vivos y menos solos! Eso hace, sin más. Hacer memoria de la historia, dos conceptos indisociables, y difundirla a aquellos que no la conocen, imprimiendo su particular estilo y, sobre todo, sus más profundas emociones.
Aun así, pensar que esta producción es simplemente una síntesis de la vida yugoslava en un soporte audiovisual, es someter a la obra a un juicio demasiado pobre, a una definición tan acotada como errónea. En sí, sirve como el reflejo de muchas cosas, más allá de todo lo explícito. Pero centrándonos en aquello que sí se dice, "Underground" toma básicamente dos caminos. Por un lado, la descripción del contexto. Cinco décadas de conflictos bélicos prácticamente ininterrumpidos (considerando a la Guerra Fría como un fenómeno de mayor temperatura del que su nombre puede denotar), planteadas desde la linealidad, como una cadena de causas y efectos. Por el otro, la descripción de un triángulo amoroso ficticio, constituido por dos grandes amigos afiliados al Partido Comunista, enamorados de una misma mujer. Algún lector seguirá preguntándose cuál es la gracia. Y para responder eso, siempre entendiendo que la mejor forma de responderse uno es enfrentándose a esta gran tragicomedia histórica, uno puede remitirse a los nexos estructurales internos. De ninguna manera puede creerse que ambos caminos no se cruzan en algún momento. Y yendo más lejos, es muy factible que sean coincidentes: fotocopias, pero en dos niveles o planos distintos. De este modo, puede inferirse que cualquier obstáculo o grieta que aparezca en uno, repercutirá inevitablemente en el otro. La Historia es la madre de las historias, las historias son herederas de la Historia. Y eso se hace evidente en el film, por ejemplo, en la utilización de imágenes de archivo reales (de la invasión nazi, de la llegada de Tito al poder). Lo que hace Kusturica es algo bastante interesante: unir estos archivos a montajes ficticios, yuxtaponerlos, dando la sensación de que los actores realmente han estado en esas épocas de la historia de Yugoslavia. No es una técnica fácil, ni usada normalmente por los cineastas, pero acá alcanza un nivel de efectividad pleno e indiscutible. Nadie puede creer lo que está viendo: a ese brillante actor que da vida a Marko (el gran Miki Manojlović), estrechando la mano del Mariscal. Y es uno de los tantos aciertos que perfeccionan esta gran historia de la Historia.


El sótano / La lucha de clases.


Para explicar la importancia que adquiere el concepto de "sótano" (una posible traducción de "underground", un poco más limitada que "subterráneo" y más concreta que "bajo tierra"), uno puede mencionar una cinta extremadamente popular como "El caballero de la noche asciende", esa tercera entrega de Christopher Nolan, que da fin a la trilogía sobre el héroe de Ciudad Gótica, Batman. ¿Qué es underground? Uno no puede subestimar un interrogante como éste, que busca desarrollar e interpretar la naturaleza del título. Nolan, por ejemplo, monta un laberinto subterráneo, con un funcionamiento propio, reglas propias, vida propia. Un sistema presuntamente autónomo, autárquico, pero que en realidad, siempre estará condicionado por lo que suceda arriba de sus cabezas, en el mundo real. Alejándose uno de la comparación, cuyo único objetivo es el de ilustrar (con un ejemplo más o menos conocido) la idea de lo que está sobre y debajo de la tierra (o de cualquier trazo, físico o imaginario, que distinga a un sector social de otro), uno advierte que el verticalismo con el que se estructura la sociedad, es una extensión material de la dominación de una clase social sobre otra. "Underground" no necesita dar demasiados detalles al respecto. Es de público conocimiento que la historia universal del siglo XX está marcada, en gran parte, por la persecución y el enfrentamiento ideológico. Y si hay un sector que ha protagonizado la historia reciente, éste es sin dudas el comunismo. Ideología que se ha querido silenciar en prácticamente todos los países del mundo, y que aparece mencionada en la primera escena, acompañada por la música de Goran Bregovic y los créditos iniciales. Petar Popara, el protagonista, se ha unido al Partido Comunista luego de salir de la cárcel. Y festeja con su amigo Marko, con un arma y una botella en cada mano, porque su elección supone un acto de libertad. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial no ha sido generosa con el comunismo, y Petar Popara se ve obligado a refugiarse en un sótano junto a una treintena de amigos (del círculo íntimo de ambos) mientras Marko lucha contra la ocupación nazi, sobre la tierra.
Luego está el amor, esa variable que nunca se tiene en cuenta, y que es esencial para entender a los hombres. Es la que rompe, efectivamente, todos los códigos. La amistad, los valores, se desvanecen. Marko tiene una oportunidad, y la tiene, por el simple hecho de no estar refugiado bajo tierra, en el sótano. De algún modo, el refugio es un modo de entender el exilio, porque esquematiza un modelo de aislamiento casi absoluto. Pero Marko corre con cierta ventaja: ama a una mujer, y pese a que debe enfrentarse a la realidad de la segunda Gran Guerra, es libre. Su plan, consiste en mantener a su amigo encerrado, haciéndole creer que el conflicto aún sigue. Por lo tanto, pasan los años, la guerra, las décadas, Tito llega al poder (el comunismo pasa a convertirse en dominante dentro de la esfera ideológica), y Marko se vuelve una mano derecha del mencionado líder político. Hasta este punto, cualquiera imaginará que la privación de la libertad, es un guiño puramente romántico. Y no es algo errado. El amor es más fuerte que todo, se impone a cualquier cuestión ética. Pero la estratificación se vuelve más obscena cuando, sirviendo a Tito y con treinta hombres bajo el suelo de su casa, los hace producir explosivos, tanques de guerra, armas, que supuestamente serán utilizados para la lucha contra el nacionalsocialismo alemán, cuando en realidad serán vendidos (y el dinero, por supuesto, acrecentará rápidamente la riqueza de un Marko que ha triunfado, en el amor y en el dinero, porque ha sacado provecho a su condición de hombre libre, es decir, de hombre sobre la tierra).
¿Qué pasa cuando un sector social es callado demasiado tiempo? ¿Qué pasa cuando algo se reprime? De alguna forma, sale a la luz. Y generalmente, de las peores formas. La idea de una olla a presión resultará útil para entender el mecanismo, tan usado en el psicoanálisis como efectivo para cualquier fenómeno sociológico. Llega un punto, en que la situación se torna insostenible. Y aquello que durante años ha estado enterrado, de golpe ve la luz. Pero esta luz, este universo avejentado y derrumbado por el odio y la violencia, se ve distorsionada. Como en "Colmillos", de Lanthimos, esa obra maestra del cine griego que tan seguido es citada en este sitio, la reclusión ejerce un efecto harto significativo sobre la mente humana: adaptada y acostumbrada a una forma de comprender la realidad, no puede adaptarse rápidamente a otra radicalmente distinta. Sumergida en el más hilarante de los disparates con el sello Kusturica, la liberación de Petar Popara (para quienes la han visto, una especie de héroe cinematográfico, por su grandioso carácter) y sus secuaces, sirve como motor de un desenlace tan impredecible como encantador.


Las tres guerras / Los dos desenlaces.


"Underground" está dividida en tres partes: "La guerra", "La guerra fría" y "La guerra", refiriendo a tres enfrentamientos distintos, que han sido continuos. Como sucede con los Estados Unidos, que luego de décadas de guerra fría ha decidido paliar su aburrimiento con las invasiones a Oriente Medio, la historia yugoslava está marcada por la bomba. Cincuenta años de guerra sin interrupción. ¿Cómo no confundirse? Los oprimidos ven la luz, y en ella, una Guerra Fría que consideran, todavía, una Segunda Guerra Mundial. Cuando parece que las cadenas finalmente se han roto, el espectador nota que todavía son esclavos de la tiranía ideológica, del condicionamiento psíquico del que han sido víctimas. Una mentira original, en un inicio romántica, que alcanza proporciones épicas. Todo malentendido que pueda desprenderse de esto, Kusturica lo usa para dinamizar el contenido de su obra, con la gracia y la ironía latentes.
Sin dar demasiados detalles sobre cómo el director despliega los recursos humorísticos, uno se adentra a esa tercera guerra, que ya abarca una región mucho más pequeña que las anteriores: una conflictiva Yugoslavia. Las guerras yugoslavas producen su ineludible disolución, dada la naturaleza del enfrentamiento, que es puramente interno. En este contexto, (re)aparece Iván, hermano de Marko, un sujeto tartamudo, veterano, que ha sido cuidador del zoológico de Belgrado en la década de 1940, y que ahora vaga por los pasadizos subterráneos (un laberinto, al estilo de Nolan, que comunica a algunas de las naciones europeas) buscando a Soni, el mono al que cincuenta años antes ha salvado de la catástrofe. En esa búsqueda, se choca con la verdad: habiendo sido uno de los tantos hombres encerrados por Marko, su hermano, el odio lo supera. Y el desenlace, gira en torno a la venganza de Iván, a la reaparición de Soni, y a la intervención del mismo Emir Kusturica en una de las escenas finales. Sin abundar en datos, y concluyendo este breve análisis de "Underground", sólo queda el final. Así como es lógico, es difícil de esperarse. Repleto de simbolismos (que incluyen un Cristo invertido), ofrece dos lecturas posibles, dos alternativas que no son excluyentes entre sí, sino, contrariamente, complementarias. Una de ellas, es la que se da en el plano de lo ficticio. Se reduce a una cuestión de vida o muerte, o formulado con otras palabras, a la supervivencia de algunos personajes y al fallecimiento de otros. En ese sentido, es concisa. Pero está la segunda, que en sí, parece ser la que convierte a "Underground" en la obra maestra que es: un festín que reúne, en un lugar indeterminado, a todos los personajes que han pasado por la obra. Hombres, mujeres, niños, inválidos que pueden caminar, tartamudos que pueden hablar sin torpeza, comida, música, orquesta, animales. Una fiesta con todas las letras, que se vive como tal, y que se cierra con unas palabras [*] de despedida. ¿De qué? ¿De quién? Sin lugar a dudas, se trata de todo lo que Emir Kusturica quiere decirle a la Yugoslavia que retiene en su memoria, esa Yugoslavia que ya no existe más, que constituye sólo un bello recuerdo. Bello, sí, porque aun en medio de las guerras tormentosas, los rencores y las traiciones, hay lugar para lo bueno. El perdón. El festejo. La memoria. La historia. La vida...

Puntuación: 10/10 (Obra maestra)


[*]  "Montamos casas nuevas, con tejas rojas, donde las aves construyen anidan, y con las puertas siempre abiertas a nuestros invitados. Agradecemos a la tierra que nos alimenta, al sol que nos calienta, a los campos que nos recuerdan los verdes pastos en casa. Así, con dolor, tristeza y alegría, recordamos a nuestro país cuando les contamos historias a nuestros niños, que comienzan igual a todas. 'Érase una vez un país...' "

2 comentarios:

Pabela dijo...

Impecable! es uno de los films en mi lista de 5 favoritos, debe ser uno de los primeros DVDs que me compré después de haberla alquilado una vez casi de casualidad (esos días que no encontrás nada y en un género equivocado aparece una joya, creo que la encontré entre policiales!).
Justamente no hace mucho como vi que la daban en cable y no me daba el horario pensaba reverla de nuevo. Es una de las primeras pelis también que vi con este estilo tan singular y por la que conocí al director.

Antolín Martínez dijo...

Pues leyendo el artículo me ha venido a la mente: La vida es bella (por la tragicomedia de la guerra), Forrest Gump por la yuxtaposición de imágenes históricas con actores reales (T. Hanks con Kennedy, por ejemplo). También lo que me contestó un colega una vez, cuando le pregunté que de dónde era él, y dijo: "soy de un país que ya no existe, nací en Checoeslovaquia"; y Más allá del bien y del mal, de L. Cavani, por aquello del triángulo amoroso. Y de la caverna de Platón, por razones obvias. El cristo invertido... en algo de Buñuel o de Pasolini, no recuerdo. Y los personajes en El gran pez y en Deconstruyendo a Harry. Vaya que me hizo pasear por la cinematografía este ensayo... Habré de verla, porque es una que está pendiente...