miércoles, 9 de enero de 2013

El vuelo.



Crítica.

“El vuelo” [“Flight”, R. Zemeckis – 2012]


Luego de ganar el premio Oscar por la emblemática “Forrest Gump”, la carrera de su director, Robert Zemeckis, ha ido en picada. No sólo porque ha esquivado todo reconocimiento, sino porque ha esquivado buenos trabajos. En ese lapso, tomar el timón de producciones como “Náufrago”, “El expreso polar” o “Beowulf”, me resultan intentos desesperados por volver a adquirir el respeto de la audiencia, y ya no tanto de la crítica especializada. Sus trabajos siguen siendo más o menos taquilleros, aunque no alcanzan la repercusión de aquella obra de 1994 que, siendo imperfecta, ha cosechado decenas de elogios alrededor del mundo. Regresa, ahora, con un proyecto llevado a la gran pantalla, “El vuelo”, que busca resucitar a un Denzel Washington que ha perdido terreno, aunque nunca ha perdido los rieles (prueba de ello ha sido su protagonismo en dos trabajos, casi consecutivos, relacionados con trenes: “Asalto al Tren Pelham 123” e “Imperable”). Con guión de John Gatins, este drama narra la historia de Whitaker, un piloto con algunos problemas personales que compensa con la adicción a las drogas y al alcohol, quien frente a los graves desperfectos técnicos de la nave, logra realizar una maniobra que salva la vida de prácticamente todos los pasajeros. Es considerado un héroe por el pueblo, pero de pronto, algunas investigaciones indican que han encontrado un alto nivel de alcohol en la sangre del piloto, y que podría, por negligencia u homicidio, ir a prisión por el resto de su vida.
Muchos directores, principalmente los más mediocres, consideran que conquistar los sentidos del espectador es suficiente, y en muchos casos, tienen razón. La audiencia puede verse extasiada, si asiste a un espectáculo muy logrado desde lo visual, y “El vuelo” juega bastante con eso. Con todo el terror que supone, para muchos, la vía aérea, Zemeckis busca impactar desde las impresiones, desde el nerviosismo contagioso, y consigue que la introducción sea el puntapié ideal para que todos los espectadores se embarquen en esta aventura, que luego se convierte en un drama humano sobre la drogodependencia. Aunque la idea de aventura no es exagerada, las altas dosis de humor de la mano del ya aburrido comodín John Goodman, acaban consumiendo la parte trágica, como la madre que mastica la comida de su bebé para que pueda digerirla. Considero que por momentos se pierde el tono, la seriedad, y muchas reflexiones interesantes, como todas las referencias a Dios (que son muchas, y de las que se puede obtener alguna que otra conclusión profunda), se evaporan. Y luego está el final, bien conseguido, bastante sencillo en su parte judicial, pero osado en cuanto intenta no idealizar a un asesino, como lo hacen los productos generalmente. Queda claro que ha hecho un giro heroico de la nave, y si a alguien no le queda claro, estén tranquilos que el protagonista vive repitiéndolo hasta el hartazgo. Pero eso no quita que merezca una condena por negligencia, y el guión de Gatins sentencia terminantemente eso. Es una buena jugada del autor, que la puede diferenciar, a futuro, de otros dramas del mismo estilo. Pero más allá de las brillantes ideas, creo que “El vuelo” sólo tiene un buen inicio y un buen final. ¿Dónde queda todo el resto? En el aire, básicamente. Es que resta una hora y media de estancamiento físico y psicológico, que ni siquiera el aclamado talento del intérprete, que yo no comprendo, sabe aprovechar. No puede, como actor, pilotear una película destinada al cajón de los archivos de los grandes efectos visuales. Y todas las maniobras que logra en las alturas, son demasiado difíciles para conmover. Espalda demasiado flaca para sostener el peso de una buena iniciativa, si se quiere ambiciosa, y que apunta más alto de lo que acaba ofreciéndote.
Puntuación: 4/10 (Regular)

Lo imposible.



Crítica.

[“Lo imposible”, J. A. Bayona – 2012]


Entiendo que Bayona no es Lars von Trier, pero no entiendo cuál es el motivo por el que “Lo imposible”, es una producción dividida en dos, tanto en un sentido teórico como práctico. Puedo comprenderlo en “Melancholia”, ese drama apocalíptico sobre dos hermanas, pero acá, parece deberse más a la desgana del editor de mezclar las dos búsquedas (la del padre y la del niño) que a otra cosa. Como sea, y pese a que tiene mi disconformidad, funciona. “Lo imposible” es la historia de una familia española, que tomando unas vacaciones en Tailandia, es interceptada por un tsunami que golpea la costa del sudeste asiático, hacia el final del 2004. Los resultados humanos de la catástrofe son numerosos, y Bayona, con un notable y riguroso trabajo de dirección, sabe captar el desastre generado, la desgracia colectiva y los lazos solidarios que, al menos mientras dura esta crítica transición a la normalidad (no esperemos  mucho más de la raza humana) van conectando las angustiosas historias de pérdida.
Aclaro que no soy un fanático de “El orfanato”, pero reconozco que su intervención en ella la convierte en algo superior al cine de terror estándar. De más está decir que, con “Lo imposible”, una producción íntegramente española con varios actores británicos (Naomi Watts, Ewan McGregor), se supera a sí mismo y ofrece uno de los cuadros más inquietantes del año, con una primera hora que deja sin palabras. Desde el prólogo paradisíaco, que juega un poco con esa mezcla de “cielo” e “infierno” al igual que “Los descendientes”, hasta que reaparece en escena McGregor, es un constante knock out emocional, es el dolor sostenido, la sensación de incomodidad de un espectador tipo que se impresiona fácil, y que acompaña a Tom Holland y a Naomi Watts en esta odisea por las tinieblas, al compás de la hemorragia interna y externa, de los caudales inmensos de agua que arrastran automóviles y disgregan familias. Estupendo trabajo de fotografía, grandiosos efectos visuales y una labor de maquillaje impecable, hacen que la técnica del film prácticamente no tenga fisuras, y si las tiene, son imperceptibles. Es tal el nivel de hipnosis al que nos somete Bayona con su crónica, que no podemos despegarnos de los ojos de una familia que sufre en todo sentido.
Al margen de cualquier mensaje moralista excedente, y cualquier discurso malinterpretado, la experiencia cinematográfica es sublime. Una pena que, en lo que resta de la segunda hora, todo eso decaiga. Se vuelve fácilmente lacrimógena, muy manipuladora, y aunque consiga el Premio Kleenex a la tragedia del año, se me hace demasiado. En cuanto al elenco, que tanto me interesa usualmente, Naomi Watts se sacrifica para un personaje arriesgadísimo y muy difícil. En ella notamos el peso de la desgracia, en su piel repleta de heridas, y en su rostro adolorido. Se entrega en cuerpo y alma, ofreciéndonos una de las mejores interpretaciones del año. A ella la acompaña durante casi todo el film una revelación, Tom Holland, ganador de varios premios a la mejor interpretación juvenil (todos los que no ha ganado Quvenzhané Wallis por “Beasts of the southern wild”, supongo), un muchacho que promete. Y comento: nada me resulta más inverosímil que ver a ese niño llorar, pero contrariamente, sus expresiones me conmueven profundamente. Tal vez sea el personaje en sí, descrito a la perfección, por ser el más humano de todos. Y McGregor, que emociona en una breve escena, aunque no adquiere excesiva relevancia, y parece estar para otra cosa. Completa la gran Geraldine Chaplin un elenco que cumple, y se destaca. Aunque en general, es difícil que en esta desgarradora recreación algo no se destaque. “Lo imposible” hace posible que pagar una entrada en un cine valga la pena. Una de las mejores armonías audiovisuales en mucho tiempo.
Puntuación: 6/10 (Buena)