jueves, 10 de enero de 2013

The deep blue sea.



Crítica.

[“The deep blue sea”, T. Davies – 2011]


Terence Davies dirige “The deep blue sea”, una producción británica de corte clásico, con una siempre elegante puesta en escena y un intenso cuidado de lo estético. La historia se centra en una mujer, interpretada por Rachel Weisz, que está casada con un juez que la ama con locura. Sin embargo, ella tiene un romance clandestino con un piloto, un sujeto joven que se entrega a los vicios y que aprecia a su amante tanto como aprecia a lo material. Ella está parada entre dos tipos de amores distintos, y cuando todo se descubre, toma partida por uno de ellos. Sin embargo, las cosas no serán fáciles, más considerando que sufre un serio desequilibrio mental, que la ha llevado numerosas veces a intentar matarse.
Este drama romántico cuenta una historia que parece calcada de una telenovela romántica vespertina, donde la importancia de lo material, es fundamental para comprender el universo desapasionado en el que viven los protagonistas. El brillo resplandeciente de los ventanales, el terciopelo que cubre las paredes de las habitaciones, el manejo de luces y sombras, alimentan la teatralidad de este relato sobre el amor verdadero, y el frívolo, con ecos de tragedia griega, como se menciona en algún momento, o por qué no (tomando como punto de referencia Los Sonetos, de Shakespeare, que descansan debajo de los guantes del segundo hombre), de tragedia shakespeariana. Si nos ponemos a pensar, hay cierta tendencia a experimentar dentro del género, a usar fórmulas nuevas o invertidas, algo que se ve a través de la música, por ejemplo, o d el guión. No se ve, eso sí, a través del diseño de vestuario o la escenografía, que responde a los infalibles cánones clasicistas.
Hay dos cosas claves que no me convencen de este romance, que a pesar de ser llamativo e interesarnos, no funcionan. Lo primero, es un estilo repleto de hipocresía. Ese intento de conjugar belleza visual con algo vulgar, es en cierta medida irritante. Hay una escena patética que refleja esto: al inicio, los dos amantes están recostados en la cama, totalmente desnudos. Sus cuerpos comienzan a entremezclarse como una sustancia homogénea, como una mano que se hunde en la arena, y los intérpretes, Tom Hiddleston y Rachel Weisz, van adquiriendo las posturas necesarias para cubrirse sus genitales y, en el caso de ella, sus senos. Algo que, al margen de que sirva como estrategia para volverla más apta para el público, también se adapta al tono artístico. Después de todo, es una obra prolija. Sin embargo, luego de este juego de sábanas imaginarias y pechos cubiertos, el personaje femenino le chupa la espalda al masculino, en un acto más ordinario que sensual. Y así, hay múltiples ejemplos a lo largo de la obra, que alumbran un desajuste estilístico.
La segunda cosa para destacar, es el guión. Así como su argumento tiene ecos de las tragedias clásicas, los diálogos esquivan las metáforas y las acotaciones abstractas o figurativas. Son concisos y están sujetos a la historia. Sin embargo, se percibe una falta de filtro, y al no existir un tamiz, las palabras caen por su peso. Los personajes hablan sin restricciones, en un delirio de honestidad bruta, no tienen problemas a la hora de volcar sus pensamientos, por más inapropiados que suenen. Este es un recurso tan infame como inverosímil, y es el corazón del profundo mar azul, una pasión fría y desgastada, que intriga y defrauda. Es tan correcta, y a su vez tan inapropiada, que merece una revisión urgente de su director, una toma de conciencia que la repare.
Puntuación: 4/10 (Regular)    

Kon-tiki.



Crítica.

[“Kon-tiki”, J. Ronning, E. Sanberg – 2012]


Noruega ha alcanzado la alfombra roja, pues es una de las cinco nominadas para competir, en la próxima entrega de los Oscar, como la mejor película de habla no inglesa. El éxito que ha logrado en algunas asociaciones de críticos americanos, o sus nominaciones a los Premios Satellite, la catapultan no sólo en futuras premiaciones, sino también entre los seguidores de esta apasionante carrera: está claro que, ya sea por su temática, por su estilo o por sus recursos, es más que atractiva. “Kon-tiki”, nombre que refiere a un dios inca, narra la historia de Thor, un muchacho que ha nacido para tomar riesgos. Desde pequeño, ha visto a la muerte de cerca, y le ha perdido el miedo. Dedicando su vida a la arqueología y a la aventura, tras una larga investigación rechazada por la comunidad científica que sugiere que la Polinesia ha sido pisada por primera vez por sudamericanos y no por asiáticos, decide demostrarle al mundo que su hipótesis es verdadera. Para ello, reuniendo un grupo de hombres, usa los recursos que pudieron haber usado siglos atrás, forma una balsa y arriesga su vida por probar la veracidad de sus estudios.
La primera impresión de esta clásica aventura, que usa la fórmula del cine americano del género, es que recién inicia a los tres cuartos de hora. Y toda esa espectacularidad romántica, que ornamenta una producción con aires épicos, recién surte su efecto avanzado el relato, cuando todo se vuelve más sangriento y frenético, ofreciéndonos una historia que mezcla películas como “Mar abierto” y productos culturales como “Gran hermano”. Es extraño, porque uno empieza a pensar en todo lo que se pierde en ese innecesariamente prolongado prólogo, donde la introducción a los secundarios es inútil, pues luego, poco importan. Todo el universo gira alrededor de la figura de Thor, un protagonista entusiasta pero apático, que puede ganarse el corazón de muchos, pero no de todos.
Pero luego, todo comienza a reacomodarse. Todas las secuencias con tiburones son hipnóticas, y en algún momento rozan la excelencia. En ese punto, podemos sentir interés en las intenciones del navegante que hace todo mal, o en las lucha entre quienes respetan los métodos tradicionales, y quienes anteponen su propia vida. La parte humanística del alocado emprendimiento comienza a trascender, y ya no tanto las imponentes escenas con tormentas, donde la dirección de fotografía y la coordinación del sonido son los grandes puntos fuertes. Y qué decir de las imágenes filmadas en las Maldivas, que son un sueño. Técnicamente no puedo reprocharle nada, está claro. Su máximo conflicto está en el ritmo, en el manejo de los tiempos, tanto en un sentido real (y he dicho, un arranque tardío, o algunos momentos en el segundo tercio, donde todo se vuelve repetitivo, y convierten a “Kon-tiki” en una experiencia similar a estar todo el día en una piscina: demasiada agua puede agotar), como en el sentido de la historia (no digo ficticio, porque es historia real, y aclaro: la crónica se enfoca en los preparativos y en la resolución, pero no ahonda en el día a día de los hombres), algo que le resta mucho. Y luego, la resolución, usando los recursos del biográfico, sin excesiva imaginación, sin conservar el nivel al que, por momentos, esta producción noruega llega. Son aventuras a media máquina, pero aplaudo los alcances técnicos de esta coproducción danesa-noruega, sin lugar a dudas, uno de los trabajos que merecen ser vistos en buenas condiciones, y que seguramente se volverá una experiencia trepidante para gozar en la gran pantalla.
Puntuación: 5/10 (Floja)

The paperboy.



Crítica.

[“The paperboy”, L. Daniels – 2012]


Lee Daniels vuelve a la gran pantalla tras el éxito cuestionado que le trajo “Precious” hace unos años. También vuelve a contarnos una historia que no escapa a la línea de narraciones que lo caracterizan, y que se centran en las condiciones sociales de “la raza negra”, acá puntualmente en los años 1960, punto de máxima conflictividad en la ya difícil convivencia entre “blancos y negros”. Pero por primera vez, esta crítica social no conforma el núcleo de la narración, sino que simplemente lo contextualiza: ante todo, es un drama policial, que va más allá del color de piel, y que al ritmo de una alocada banda sonora, va haciendo más preguntas que resolviendo misterios. En “The paperboy”, un grupo de personas se une para conseguir la libertad de un preso, detenido injustamente. Entre ellos, está Nicole Kidman, una mujer que está profundamente enamorada de él, a quien sólo conoce por medio de cartas, y que cree ciegamente en su inocencia. Paralelamente a la investigación que este grupo de personas va realizando para abordar a conclusiones que evidencien la inocencia del detenido, va gestándose un vínculo amoroso entre el mencionado personaje femenino y el de Zac Efron, haciendo que todos los reveses de la investigación tengan un eco personal y pasional.
Como película, “The paperboy” es algo inclasificable. Y lo digo, porque parece nunca encontrar el foco, aunque tenga cien minutos para hacerlo. Reúne algunas de las imágenes y secuencias más grotescas del año, incluyendo alguna de marcado tono sexual, tan bizarra, que acaba haciéndote reír a carcajadas. Y logra, por separado, objetivos puntuales, como tratándose de tres largometrajes diferentes. Alcanza a poner de manifiesto las diferencias étnicas y sociales, logra momentos de enérgico entretenimiento y un suspenso considerable, pero nunca se distingue una coherencia entre todos los cabos que van surgiendo de la película, que dicho sea de paso, es mil veces más sencilla de lo que parece. Uno puede pensar que “The paperboy”, presentada con abucheos en el Festival de Cannes, resultará buena por ser la suma de cada una de sus partes. A aclarar, tiene un gran elenco, que incluye a John Cusack y Nicole Kidman en dos personificaciones magistrales, a un maduro y centrado Zac Efron, y a un mejorado Matthew McConaughey. Es insólitamente divertida y culposamente absorbente, pero llega un punto en que todo se hace insostenible. Cuando se abre camino dentro del género del suspenso, y todo está apuntado a describir los pormenores de la resolución del crimen, toma inevitablemente el atajo de la decadencia.
En síntesis, se trata de una trama que se desbarranca, que se disuelve con el correr de los minutos. La primera mitad es demasiado buena como para ser cierta. El resto, es un continuo ir y venir de personajes errantes y confundidos, todos poco fiables, y un despegue artificioso de indescriptible e innecesaria violencia (o al menos, innecesariamente artificiosa), que acaban dejándonos un mal sabor. Después de todo, hemos asistido a una función capaz de rozar y exceder todo límite, incluso muchos insospechados, y no alcanza resultados demasiado satisfactorios. Se queda a medias en todo sentido, y no arriesga, ni siquiera por el lado del policial, que se vuelve bastante interesante. ¿Cuál es el fin de contar esta historia? No encuentro la respuesta, ni dentro del film, ni fuera. ¿Hay necesidad? Se trata simplemente de un drama sin drama, que provoca y busca hacer escándalo, ni de una denuncia social, ni de un misterio lógico, ni de un romance peligroso, ni de delirante pornografía.
Puntuación: 4/10 (Regular)