sábado, 19 de enero de 2013

El lado luminoso de la vida.



Crítica.

“El lado luminoso de la vida” [“Silver linings playbook”, D. O. Russell – 2012]


Luego de salir victorioso hace dos años con su drama “El ganador”, que les dio el Oscar a Christian Bale y a Melissa Leo como los mejores actores secundarios del año, David O. Russell regresa a nuestros corazones con una comedia de superación, muy inspiradora, y sobre todas las cosas, hermosa. Tiene la suerte de contar nuevamente con un elenco de lujo, que reúne a Robert DeNiro y Jacki Weaver, y a una pareja protagónica que dará que hablar: ella, es la estrella naciente Jennifer Lawrence, protagonista de la saga “Los juegos del hambre” y nominada a múltiples premios por su actuación en “Lazos de sangre”; él, mucho menos recompensado a lo largo de su carrera, es Bradley Cooper, el amigable sujeto de las comedias, y cabeza de la divertidísima “¿Qué pasó ayer?”, quien ofrece (junto a Jean Louis Trintignant y Melvin Poupaud) la mejor interpretación masculina del 2012. También, el director cuenta, y no es un detalle menor, con el libreto más interesante, divertido y profundo del año. Eso convierte automáticamente a “El lado luminoso de la vida” en una obligación para cualquier espectador sediento de buen cine. Tener un esqueleto sólido y lo suficientemente articulado como para realizar movimientos, es algo más que positivo. Ésta es la humilde historia de Pat, un joven con un trastorno bipolar que lo arrastra de un estado complejo de depresión a un estado de optimismo exasperante. Tras un conflicto con su esposa, y ocho meses en rehabilitación, regresa a la casa de sus padres a intentar rehacer su vida, con un simple objetivo en mente: recuperar el amor perdido. En el camino, se cruza una muchacha sensual, viuda, desequilibrada y solitaria, dispuesta a hacerle ver el lado luminoso de su vida.
Para empezar, esta pequeña producción independiente, es la típica tragicomedia sencilla que aparece todos los años para conquistarnos. Desde hace años, existen estas pequeñas ofertas que se cuelan en las listas de lo mejor del año, y simplemente son eso, son de lo mejor, aunque su apariencia simple convenza a la audiencia de lo contrario. “Pequeña Miss Sunshine”, “La joven vida de Juno” o “Los descendientes”, son algunos de los trabajos más memorables de los últimos tiempos, con radiografías humanas y un guión tan emotivo como alocado, que busca enamorar con magníficas e insólitas escenas, y miradas inundadas de ternura o arrepentimiento. Constituyen una categoría en el cine moderno, que no busca hacer daño a nadie, y están diseñadas para que la gente las ame. Sin embargo, la crítica en general tiende a defenestrarlas, porque, bueno, toman la ruta más fácil para llegar a destino (sea cual sea éste: recaudar dinero, premios y reconocimientos, prestigio, etc). Ahora, me pregunto: ¿por qué esa animosidad ante esta categoría cinematográfica? Después de todo: ¿cuál es la necesidad de hacer cine para amargar o disgustar? No siempre una película buena debe ser un drama trágico, una crítica sociohistórica o un enmarañado homenaje al cine clásico: señoras y señores, tienen delante de sus ojos una comedia romántica – dramática de primerísimo nivel, a la cual quien escribe se atreve a llamar uno de los mejores romances de los últimos diez años. Todo se lo debemos a la increíble frescura que irradian sus dos jóvenes intérpretes, a la química que tienen, y que se vuelve explosiva en pantalla, así como a la chispa de ese magnífico guión, cuyo responsable no es otro que el mismísimo director, David O. Russell. Sí, es una obra pequeña, pequeñísima, pero te deja un sabor de boca muy bueno, y nos hará recordar momentos geniales (como la escena dedicada a Ernest Hemingway, con la que es casi imposible no reírse). “Silver linings playbook” descarga sobre uno muchas emociones, nos rebalsa con toda su simpatía, nos moviliza con sus pequeñas historias, y describe personajes algo excéntricos como ninguna, ensamblados en una familia disfuncional y algo neurótica, con la que, en muchas oportunidades, nos sentiremos identificados. No se me ocurre una mejor propuesta para alguien que elige ver cine con el mero propósito de pasarla bien: “El lado luminoso de la vida” es pura luz, y punto. Seguirá danzando en el alma de los que la vean, aún después de que las luces de la sala se enciendan, y los créditos se acaben.
Puntuación: 9/10 (Excelente)