miércoles, 30 de enero de 2013

Compliance.



Crítica.

[“Compliance”, C. Zobel – 2012]


Muchos de los cinéfilos han oído hablar de “Compliance” gracias a los elogios que ha recibido la, y lo corroboro, correctísima labor de Ann Dowd, que le ha valido además una serie de nominaciones a numerosos premios de la crítica americana. Eso hará que muchos de los lectores quieran saber si ella cumple, y sí, la verdad que lo hace. Ofreciendo una decente actuación de un personaje cuya decencia será totalmente discutible tras el visionado, se ubica un peldaño por encima, o un par de peldaños al menos, de una película que me resulta altamente decepcionante. Su trama es sencilla, pues ocurre íntegramente en un local de comidas rápidas, y relata el proceso de investigación de una de las empleadas, acusada de robar dinero de una cartera, perteneciente a un cliente. En sí, puede resultar poco llamativa, pero tiene sus giros importantes, que la convierten en un exponente del thriller psicológico.
“Compliance” tiene la estructura propia de un telefilm, es decir, barato y mediocre. Cuando no es un telefilm, es lo más parecido a un documental sobre la inapropiada manipulación de alimentos en los locales de comida rápida americanos, que incluye, por supuesto, primeros planos de papas fritas quemadas, manos sin guantes que tocan el alimento, y que comenta cómo se busca ahorrar panceta desesperadamente, sin pensar en las necesidades del cliente. Luego está ese costado en el que Craig Zobel, responsable del film en su guión y dirección, intenta realizar una denuncia sobre una ola de delitos que vienen ocurriendo hace un tiempo en alrededor de treinta estados del país. Una denuncia que se reserva la posibilidad de ser efectiva, volviéndose efectista. Toda la película, de algún modo, mide los límites de la tolerancia del espectador, aún cuando la misma situación se torne desesperantemente redundante. Lo que debe asfixiar, acaba por dormir. Siento que pese a la corta duración, de unos ochenta minutos, el drama de su protagonista no me despierta ni el más mínimo interés. De ahí, que “Compliance” me resulte poco efectiva, si atendemos a que se trata de una denuncia que, en principio, debe generar algo (ni digamos conciencia).
Son muchos más los errores que los aciertos en esta producción de cine independiente: además del ritmo, tenemos a una protagonista que no transmite absolutamente nada, ni siquiera un ínfimo grado de desesperación o inquietud; un giro sorprendente (sorprendentemente tardío, diría yo) a la mitad de película que, insisto, se demora en exceso, y le resta a una experiencia que bien podría haberse regido por nuestras impresiones; unos quince minutos finales que se debaten entre la conquista intelectual de un espectador forzado a replantearse cosas (que, honestamente, no le interesarán a todos por igual), la manipulación por medio de imágenes impactantes (una en la que interviene una niñita de cinco años, imperdonable), y el absurdo meteorológico. Quince minutos que, si me permiten, bien han podido ser eliminados del producto final, porque no le suman absolutamente nada más que la notoria “sensación de sensacionalismo”. No creo que valga la pena, no me parece un producto serio, no lo considero suficientemente sólido como para una denuncia social, me resulta muy inverosímil (pese a que se incluya un inmenso y necesario letrero que aclara que los hechos son verídicos) y siento serias dificultades para zambullirme en ese laberinto moral. Corrijo: no es dificultad, es desinterés.
Puntuación: 2/10 (Mala)