martes, 7 de enero de 2014

12 years a slave.

 
Crítica.
12 years a slave, S. McQueen – 2013.



De un provocador nato como Steve McQueen no puede esperarse nada ligero. Ya lo demostró con sus anteriores películas, en las que se tomaban de las manos un cuidado estético casi obsesivo y el morbo infernal propio del contenido de las imágenes, sobre temáticas concernientes a dos distintos estados del espíritu: el hambre y la vergüenza. La fórmula, en ese sentido, se repite en su tercer largometraje, que sin explicitarlo en su título parece hablar del dolor. O quizá de la justicia de los hombres (no hay certezas en torno a eso, tan solo especulaciones). Lo que sí es cierto, es que hay una provocación constante, un deseo de perforar el alma del espectador con la bestial representación de la violencia contra la raza negra y contra el género femenino, fundamentalmente. La dignidad de la autobiografía se tiñe de negro cada vez que su director, fiel a su estilo transgresor y más o menos vanguardista, se concentra en un estado hirviente de la violencia, dedicada a esos fanáticos de su cine extremo, atroz, casi insoportable, con fines puramente masturbatorios. El mayor problema radica en que esos aires transgresores son lo más interesante que 12 años de esclavitud tiene para ofrecer. Y en el poder gráfico y amarillista de las imágenes, pocos como McQueen.

12 años de esclavitud cuenta la historia de Solomon, un libre hombre negro de familia que es secuestrado y vendido como esclavo, y sus intentos por retornar a su hogar. El negocio de la venta de hombres libres, pese a tomar lugar a mediados del siglo XIX, no es ajeno a nuestra realidad actual. De hecho, numerosos casos en la Argentina sobre trata de blancas tienen, salvando las distancias, un modus operandi semejante. Su director se dedica a mostrar una versión menos intimista y más grandilocuente del hecho, con la desesperante impotencia del hombre que es arrastrado contra su voluntad, que ha sido envuelto en la mentira original y que ahora paga con sudor cada segundo como propiedad (material) de un siniestro explotador. Para manejar el discurso, se apela a un tono sobrio, algunas pocas veces machacado por frases hechas de cierta heroicidad. Este discurso pretende romper con la generalización racial, es decir, que no todos los blancos son explotadores, ni todos los negros son tan hábiles, capaces, talentosos, inteligentes y libres como Solomon Northup, un personaje cuya altanería, cuyo discutible ideal de justicia lo hace antipático (ideal que atiende en primer lugar a la injusticia de haber sido arrastrado a un estado de esclavitud, y en segundo lugar a la injusticia general que padecen aquellos que desde siempre han sido esclavos). Esto reduce de antemano cualquier efecto catártico relacionado al padecimiento del protagonista que el director pueda esconder bajo su manga.

McQueen ofrece una película que se aferra sin cesar a su belleza natural. Se sitúa mayormente en lugares abiertos, con un estupendo manejo del color y la luz; el contraste que propician los sitios cerrados es efectivo. Hay algunos planos que se ven perjudicados por el reciente estreno de Django sin cadenas, porque son casi iguales, y llevan al espectador a preguntarse si todas las plantaciones en aquella época eran idénticas o si todas tenían exactamente la misma clase de árboles, por ejemplo. Pero hay que admitir que, si fijamos la vista en lo que 12 años de esclavitud tiene para ofrecer técnicamente, es perfecta en todos los sentidos. Está maravillosamente filmada, pone el foco en la herida, tanto física como humana, y llama la atención la contundencia audiovisual (visible desde la primera aparición de Solomon encadenado, casi a oscuras). Un nivel de realismo a la altura de sus anteriores trabajos, que ayudan a engrandecer la experiencia. Con todo, no está destinada a formar parte ni de la historia del cine, ni de los más valiosos archivos de un oscuro período de la historia americana, y posiblemente tampoco parte del corazón de muchos receptores. La tragedia de Solomon se ve como algo lejano, y en casi todo el metraje reina una sensación de indiferencia que no parece cesar.

Es difícil no recomendar al público una película tan bien hecha como 12 años de esclavitud. Hay un manejo excelso de los recursos de la obra. McQueen es consciente de su rol como denunciante de casos que no suelen ser retratados en la gran pantalla (y la transferencia de hombres libres roza lo novedoso), y también dueño de una conciencia artística que ha signado toda su filmografía. También es un gran director de actores, muy a pesar de las ya aludidas limitaciones del guión en cuanto a Solomon (y, evidentemente, de la autobiografía del mismo). Las actuaciones de Chiwetel Ejiofor, Adepero Oduye y Lupita Nyong’o son todo lo buenas que puede esperarse de personajes que sufren, gimen, gritan, lloran, se retuercen y se desangran en todo sentido de la palabra. Los intérpretes están condenados a lucirse porque sus personajes han sido condenados a una vida miserable. Apenas unas cosas pueden cuestionarse, que son mínimas: en términos esclavistas, el director explota con algunos primeros planos al actor principal, a veces con agresividad, como el plano de Solomon cantando en un funeral; el personaje de Eliza, interpretado por Oduye, llora durante tres secuencias consecutivas, y en una de ellas comienza llorando en off; luego está la innecesaria extensión del sufrimiento, como en la escena de la horca, que excede el minuto de duración sin que nada ocurra realmente fuera del jugueteo de los pies de la víctima sobre el fango.  Por otra parte, superlativo Michael Fassbender, una vez más. Grandes apariciones de Paul Dano y del efectivo Brad Pitt, quien como productor de la película se asigna el rol del ángel misericordioso. Un elenco que cumple, que es una base más que inquebrantable sobre la que McQueen consigue crear una visceral obra sobre la fragilidad de la carne y del espíritu. Pudo haber sido mucho mejor, pero el cineasta es tanto presa crónica como principal beneficiario de su propio estilo, ahora de cara al cine académico, mucho más universalizado y menos introspectivo. 

Puntuación: 5/10 (Floja)

3 comentarios:

Esteban dijo...

Rodrigo.

Antes que todo gracias por pasar y comentar en mi blog, un honor.

Con respecto a "12 years a slave" tengo mis diferencias contigo. Comparto el que no es una película perfecta, hay detalles si uno se pone quisquilloso. Uno que otro asunto no del todo bien logrado, sin embargo, tu has redactado una crítica que en un 80% son elogios y terminas catalogándola de "floja". Como que no me cuadra.

A mi me ha parecido extraordinaria. No perfecta pero si potente, conmovedora, bien filmada, a momentos brutal. ¿Se le ha ido la mano a McQueen con los planos de tortura? Creo que no, la idea creo que era impactar,, hacerte sentir el dolor, por ello te muestra al hombre 2 minutos de puntillas sobre el barro mientras sus compañeros de trabajo juegan a su alrededor. Hombre...tremendo!

A mi se me cayó en el ir y venir desde el pasado del protagonista (libre, indolente) al presente. Ahí creo que faltó algo más de tacto para plasmarlo mejor.

Pero bueno, son visiones. A mi la película me ha impactado y me ha sacado lágrimas de impotencia a momentos.

Saludos!!!!
Felicitaciones como siempre.
Esteban

http://politocine.blogspot.com

Mario Salazar dijo...

Pensamos distinto, Rodrigo, pero siempre es un placer -aunque pueda ser contundente- leerte, tienes mucha creatividad y tus análisis son muy personales y aunque a veces uno no los comparta, son muy interesantes.

Yendo al punto, no he sentido soberbia de parte del protagonista, o no lo siento como demérito, finalmente están todos en el mismo charco y se tiene que aceptar como uno más del montón, incluso Patsey es más hábil en el trabajo, es la mejor recolectora de la plantación. También hay que reconocer que es una realidad, nuestra formación implica un mundo, y pues Solomon es tan fuerte porque ha visto la luz, conoce. Y pues yo agregaría que es más sorprendente en él que sea tan fuerte viniendo de una clase libre, podría ser más mimado, pero no, es duro. Creo que ese contraste de los tipos es poderoso, y es que el cine también hace elecciones, como en The wolf... donde en lugar de gente culta son más bien los normalmente perdedores los reyes de la situación. Es una visión, y no necesariamente hay que estar a favor de ello, sino ver esa perspectiva. Yo reconozco que quedé embobado con Shame, que gran película, para mi top 5 en la cúspide de su año. Y de ahi que admire y siga a McQueen. Un abrazo.

magu dijo...

RODRIGO
Uf ¡, con esa descripción que hacés sobre el sello de su director, y sobre algunos avances que ví del film (en la misma cola del cine GENERAL PAZ el de Cabildo al 2700 esté sábado), más mi memoria sensible sobre la novela ROOTS (creo qeu se llama así) que leí entera a mis catorce años (era larguísima) y luego la serie RAICES con el pobrecito KUNTA KINTE, y mi lectura de LA CABAÑA DEL TIO TOM, ya no tengo energía para ver ésta. No me haría bien ver más sufrimiento, y el tormento de un pobre hombre, tampcoo vería nada sobre el Holocausto, me quise escapar del cine en EL PIANISTA. Pero merecen elogios, reconocimientos y apoyo a todas esas películas que testimonien esos tiempos, y hechos de crueldad humana (no ficcional) aunque sea a para educar, y porque como vos decís, tienen su belleza, están muy bien hechas. RODRIGO, me gustaría leer algún día de tu blog a éstas: (agendalas para el futuro) EL ÁRBOL DE LOS SUECOS, CAOS (pero de los TAVIANI), DE ESO NO SE HABLA (con mi amado marcello), LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ, MARY POPPINS (la de julie andrews, la original) LA NOVICIA REBELDE y la de DISNEY (aunque ya me respondiste algo y coincido). Tengo una teoría medio delirante pero ¡quien sabe¡, FER dice que no es así, pero ........en 1964 DISNEY ganó varios OSCARS con MARY POPPINS (Banda Sonora, Mejor canción original y mejor actriz), pero en el 65 la misma JULIE ANDREWS los dejó a los SHERMAN BROTHERS para cantar las de RODGERST y HAMMERSTEIN ¿no le habrá dado rabia a DISNEY?, FER dice que no era un hombre rencoroso, era demasiado creativo para pensar en eso. Es más, te juro que canto CHIN CHI ME NEA y la veo re parecida a MY FAVORITE THINGS, es como una copia ¿no habrá habido copias? ¿ o la época necesitaba de melodías parecidas, de géneros parecidos?, no lo sé. Ahora con el tiempo, veo superior a MARY POPPINS, mcho más que LA NOVICIA REBELDE, aunque ´´esta se esmeró en paisajes, la primera era una niñera medio hada, medio mágica, y la segunda una niñera más mogigata, bue, baci nene, gracias