lunes, 3 de febrero de 2014

Capitán Phillips.




Crítica.
Captain Phillips, P. Greengrass - 2013.


Ser el leader de un grupo implica un entero conocimiento de las responsabilidades que de ello se desprenden. El capitán de un barco, por ejemplo, debe tomar conciencia de la importancia de su accionar mediante un riguroso sentido del deber. Este sentido del deber, o incluso de la ética, puede resultar estrecho, pero aun así es el norte que guía a Richard Phillips. Este hombre ha sido el defensor de la tripulación y del buque mercantil Maersk Alabama, asediado, perseguido incansablemente y finalmente tomado hacia el año 2009. No es fácil la vida en el mar a causa de la poca protección y seguridad que recibe el capitán de una embarcación, o la falta de incentivo que los tripulantes obtienen de los sindicatos. Y del otro lado de las aguas, existen hombres que son criados y entrenados para el oficio de la piratería y, que desde las costas africanas, visualizan objetivos potencialmente redituables en términos estrictamente económicos. Y son hombres dispuestos a todo. El enfrentamiento es inevitable, dadas las circunstancias. Dos fuerzas, dos intereses opuestos, dos modos de organización laboral totalmente distinta, en aguas alejadas de la civilización, de la comunicación y del auxilio. 

Paul Greengrass es un cineasta conocido por su particular estilo de rodar. Nunca abandonando el docudrama, ha sido responsable de dos trabajos más que interesantes, como Bloody sunday o United 93, esta última sobre el atentado a las Torres Gemelas tras el secuestro de una de las unidades aéreas. Su cámara nerviosa capta con furia e intensidad aquellos roces socioculturales que hacen del cine un arte tan apasionado, del mismo modo que procede normalmente la estupenda Kathryn Bigelow. El último trabajo de Greengrass es precisamente Captain Phillips, la crónica de la toma del Maersk Alabama y del secuestro del capitán por piratas somalíes. Es el relato del sufrimiento que han padecido sus protagonistas, hombres dedicados que entregan en cada viaje su alma a la suerte. Desde luego, funciona registrando la coerción que ejerce un grupo sobre otro, midiéndose, evaluando estratégicamente las capacidades de cada uno y cuán lejos pueden llegar. Es, claramente, un drama repleto de suspenso para que el espectador, ansioso e intranquilo, se desplace a través de una escala de variadas emociones, hasta el objetivo final, con escenas realmente angustiantes.

Richard Phillips y Stephan Talty han escrito A captain's duty, la obra original. Del título, que puede traducirse como El deber de un capitán, uno puede preguntarse: ¿cuál es el deber del capitán? Uno puede resolver ese sencillo interrogante enumerando, y reconociendo que se trata de una pregunta relativamente poco útil. Pero si uno se detiene a pensar cuán indestructible es la relación entre el cumplimiento del deber y su probidad, al menos desde la perspectiva de un capitán de vocación, preparado para cualquier tipo de emergencias y sabiendo de antemano que puede perder la vida ante el más mínimo desperfecto técnico o ante cualquier ofensiva, la pregunta adquiere otro tinte mucho más interesante. Desde luego, el caudillo debe adiestrar a su séquito y protegerlo de cualquier mal. Toda muestra de debilidad que manifieste el séquito reflejará un error en la administración de los recursos, en la imposición de la autoridad, y sugerirá que el orden no está siendo establecido correctamente. La primera falla repercute directamente en la imagen de quien los lidera. Y lo primero que llama la atención es que, tratándose el libro de un documento autorreferencial, la imagen de Richard Phillips que la adaptación que Billy Ray hace para la gran pantalla sea casi perfecta. Su liderazgo, su determinación, su ímpetu, incluso la tensa relación con su tripulación ante los reclamos, lo muestra como un hombre arrodillado a los pies del deber, priorizando la responsabilidad y poniendo su cuerpo entre las armas y su tripulación en un digno acto de defensa y de total sacrificio.

Pero un espectador está en todo su derecho de preguntarse otras cosas, más allá de lo que logra ver en pantalla. ¿Realmente Richard Phillips es el capitán irreprochable que las páginas escritas muestran? ¿Es realmente ese Tom Hanks imbatible, más o menos sereno, templado, quien ha sido víctima de la toma del barco hace cinco años? ¿No es la autobiografía acaso un medio de limpiar la imagen de un hombre dispuesto a volver al ruedo pese a lo ocurrido, y que pudo haber cometido errores o no haber protegido a sus hombres del todo? Pero al margen de esto, que es especulación pura, surgen otras preguntas basadas en evidencias que constantemente arroja la adaptación hecha por Greengrass. Tienen que ver fundamentalmente con el espíritu nacionalista de los Estados Unidos, algo que incluso estaba presente en la última ganadora del premio Oscar, Argo, de Ben Affleck, pues contrastaba la civilización americana con la barbarie persa. En Captain Phillips, este nacionalismo se muestra de formas mucho más visibles que cualquiera puede detectar a simple vista.





Una de ellas se presenta con el compromiso con la palabra. Cuando los piratas somalíes logran tomar el mando del Maersk Alabama, Muse (quien parece ser el cabecilla de los otros tres delincuentes), dice que nada malo va a ocurrir, que no habrá heridos. Pero ocurren cosas a lo largo del filme, y presuntamente del acontecimiento verídico, que han obligado a Muse a faltar a su palabra. Esto es una forma de traicionar la buena voluntad de los americanos que dicen que tienen determinada cantidad de dólares en la caja fuerte y verdaderamente la tienen. Los americanos no mienten. Los somalíes, en cambio, sí. La segunda es muy sencilla y tiene que ver con las armas. Los tripulantes no llevan armamento de ningún tipo, mientras que los secuestradores vienen armados. De hecho, da la impresión de que el pueblo estadounidense es pacífico y soluciona sus conflictos diplomáticamente, algo que no se corresponde con las innumerables guerras abiertas en Oriente Medio. En cuanto a la habilidad de negociar, como tercera cuestión, el Capitán Phillips está dispuesto a ofrecer todo cuanto tiene en dólares. Tiene buenas intenciones y su deber consiste en proteger a los suyos, por lo tanto, ¿por qué querría jugar con estos piratas? Sin embargo, Muse no está conforme, y sus hombres tampoco. Deciden arrastrar a Phillips hacia Somalía y pedir un rescate millonario, algo que no estaba en los planes. Como cuarto punto, está la mujer británica con la que Richard se comunica al ver que pueden estar en peligro. Al ser británica, y no estadounidense, no sirve de ninguna ayuda. Y como última cuestión que destacar, aunque desde luego hay otras de menor magnitud, es la unidad. Si bien Richard Phillips y su tripulación tienen una relación vertical y un tanto tensa, su comportamiento conjunto en la defensa del buque es impecable. Funcionan como un bloque impenetrable, todas sus ideas tienen éxito (ver la escena de los vidrios), e incluso los hombres que son enviados al rescate de Phillips realizan su labor correctamente, bajo el marco de la ley, atacando únicamente cuando es necesario y lícito hacerlo. Es una fotografía ideal, casi una postal de la solidaridad que impera en la primera potencia mundial. Ahora, ¿qué hay de los piratas somalíes? En principio, divergencias internas, conflictos que no alcanzan ninguna solución sino que, por el contrario, se agravan. Hay dos portavoces entre los piratas cuyas creencias difieren irreconciliablemente y eso repercute en la acción. Son bárbaros, incapaces de llegar a un acuerdo, de dialogar cordialmente, de encontrar juntos una solución, por mala que pueda ser. La base del progreso es el diálogo civilizado, algo que, en principio, ellos no tienen. Y que a Norteamérica le sobra.

Este nacionalismo puede molestar, de acuerdo a la sensibilidad, al conocimiento político y a la óptica del espectador. Personalmente, lo considero innecesariamente amplificado y poco disimulado en un filme que está a punto de echarse a perder por un capricho. Después de todo, uno conoce a Greengrass, y puede declarar que Captain Phillips es United 93 pero en el mar, con todas las virtudes y los defectos que la comparación arrastra. Por otro lado, no le corresponde al crítico, después de todo, juzgar tanto la veracidad como le corresponde juzgar la verosimilitud, y en ese caso, uno puede concluir con que se trata de una gran película. Es una experiencia totalmente sensorial, que fatiga el cuerpo y el alma del espectador por su turbulento realismo, y logra sus objetivos. Cojea desde sus orígenes en el papel, pero indudablemente Greengrass le da un tratamiento superior a una historia que solamente un director de su talla es capaz de contar y mejorar. Se trata del ánimo con el que un hombre puede salir de la sala oscura tras ser testigo de una obra tan intensa y tan bien hecha, tal vez hecho trizas por la devastadora interpretación de Tom Hanks en su retorno a la primera división. Basta ver la primera persecución de los piratas al Maersk, una escena de más de diez minutos que demuestra las cualidades del británico para el cine de acción, o mejor dicho, para el cine en general. A pesar de sus limitaciones es un drama entretenido, apasionado y estimulante. Y si la palabra deber todavía vale algo, entonces deben verla.

Puntuación: 7/10 (Notable)

2 comentarios:

magu dijo...

RODRIGO
Te escribo para decirte que traté de ver "EL LOBO DE WALT STREET" pero me resultó imposible, aguanté quince minutos y no pude ver más. Tenías razón en tu post sobre "la voz abrumadora en off del protagonista ", me pareció aburrida, y mucha mala palabra. Menos mal que había leído tu crítica. Luego ví EL MAYORDOMO, que es la que quiero que veas, para conocer tu punto de vista. Porque OPHRA me conmovió mucho en COLOR PÚRPURA (esclava pero con carácter), y acá me aburrió un poco. Me gustó LEE DANIELs (creo que así se llama el actor protagónico), y la historia parece una crónica hecha para el CANAL ENCUENTRO, impecable en todo pero no me conmovió (raro en mi), es un caso real (o podría ser un caso real) pero parece una película pedagógica, no sé que me pasa qeu no me pudo llegar. Él me gustó, y quizás me da rabia que termine con OBAMA porque le quita la finalidad artística, suena a campaña (cmo la de LULA). Es terrible todo lo que sufrieron en el SUR, aún en los años veinte, fijate como matan al papá del mayordomo cuadno él es chiquito y pr eso se hace sumiso (para sobrevivir). Quizás por eso ame con pasión al creole, satchmo, toda la música de louisiana y de chiquita haya amado profundamente (aún hoy) a nat king cole, a duke ellington, a ella fitzerald y a samy davis junior y a sidney poitier (fijate lo que dice el hijo sobre ese actor), por favor mirala, gracias.

magu dijo...

RODRIGO
La volví a ver (EL MAYORDOMO) Y me conmovió un poco más y la aprecié más, te cuento una intimidad del guión (según mi suposición), la dejan como una nena adorable a CAROLINA KENEDY porque ahora es embajadora de OBAMA, y es de su plantel diplomático
bue, saludos (miralaaaaaaa)