jueves, 20 de febrero de 2014

Nebraska.




Crítica.
[Nebraska, A. Payne - 2013].


El estreno de Los descendientes (The descendants, 2011) hace algunos años significó, para muchos, el regreso a la gran pantalla de uno de los mejores cineastas americanos de la actualidad. Habiendo sido responsable de La elección (Election, 1999) y Las confesiones del Sr. Schmidt (About Schmidt, 2002), alcanzó su momento de gloria al ser galardonado con el premio Óscar por uno de sus títulos más recordados, Entre copas (Sideways, 2004), que fue la primera de una seguidilla de comedias dramáticas independientes que recuperó algo del prestigio perdido por el género a comienzos de  la década. Luego de haber ganado ese premio, abandonó los largometrajes por un tiempo tan largo que enervó a algunos fanáticos e impacientó a varios ansiosos. Y Los descendientes fue un retorno a lo grande luego de siete años, tal vez su mejor película hasta la fecha, en la que demostró su capacidad para amalgamar géneros tan opuestos como la comedia y la tragedia en una trama presuntamente sencilla que aborda el alma humana. Por supuesto, es un trabajo mucho más complejo, y ya ha sido comentado en su momento [crítica]. Nebraska, su sexto largometraje, es además otro tirón hacia la creación de grandes personajes masculinos. Sus primeros largometrajes contaban con Laura Dern y Reese Witherspoon, en ese orden, y resultaron una génesis casi perfecta de personajes femeninos. Pero desde Warren Schmidt en adelante, actores como Jack Nicholson, Paul Giamatti, Thomas Haden Church y George Clooney inmortalizaron ejemplares inolvidables de hombres en ruinas. Y Bruce Dern, hoy, se suma sin problemas al listado por su interpretación como Woody, singular y entrañable personaje que indudablemente perdurará en la memoria colectiva de los cinéfilos.

Esta road movie cierra, intuyo, un ciclo sobre relaciones de paternidad. Los descendientes giraba en torno a un hombre casi viudo al que la desgracia convocó para hacerse cargo de dos hijas a las que parecía no comprender. Y Nebraska es, contrariamente, la historia del tipo sin rumbo, un joven vendedor de electrodomésticos forzado a conducir a su padre hacia una aventura absurda, con la posibilidad de conocerlo en el camino como jamás lo ha hecho, consciente de que, por su avanzada edad, puede ser su último viaje juntos. Padre e hijo son astros que se desplazan a distintos ritmos y por distintos caminos. El problema fácilmente se atribuye a una falta de comunicación, que no es consecuencia sino causa en sí sola. No obstante, ambos están unidos por la esencia de sus almas. Son perdedores en todo sentido de la palabra, y en ese vacío al que se sumergen para sobrevivir están llamados a encontrarse. Después de todo, en la familia que George Clooney formaba junto a Shailene Woodley y Amara Miller, sus integrantes no eran tan diferentes después de todo. No sólo descendían de poderosos terratenientes, sino de hombres y mujeres en cuyo ADN podían identificarse rasgos similares (el uso de malas palabras, por ejemplo). Así, no es casual que Woody y David (Bruce Dern y Will Forte), protagonistas de Nebraska, logren entenderse aun cuando hablan en lenguajes diferentes (uno se expresa inquisitivamente, el otro está totalmente distraído). El hijo, cuarentón recién separado y eternamente eclipsado por su hermano mayor, ha recibido una herencia que va más allá de lo económico, y el guión de Bob Nelson la usa a su favor para la descripción sistemática de conversaciones en bares y aventuras sobre ruedas. Se trata de una herencia que se expresa en algo tan sencillo como el modo de caminar, en el nombre de su personaje (David, igual que aquel tío muerto a los dos años por enfermedad), en el legado de los restos de la cerveza durante su infancia. Hasta su madre vaticina que, si no cambia las cosas, acabará como su padre: un renegado anciano perdido en el horizonte de sus ilusiones, ahogado por el alcohol, quien, como ocurre en todas las películas, es un veterano de guerra. Para variar.

La inexplicable renuncia de Alexander Payne al libreto es llamativa, y se hace notar en los brotes de comicidad originados por el diálogo. Hay grandes episodios en Nebraska a lo largo de las casi dos horas de duración, como el extravío de una prótesis dental o la secuencia final, portadores de un ingenio y una lucidez que rara vez se encuentra en la comedia actual, a los que no les hace falta la palabra. La naturalidad de estos acontecimientos engrandece una obra como esta. Pero un problema recurrente aparece en los diálogos o, para ser más preciso, en los chistes. Si hay un personaje al que culpar por esto, es al de Kate, la anciana esposa de Woody, interpretada por la nominada al Óscar June Squibb. Es el estereotipo de mujer que demuestra el amor a través del odio, para resumirlo de una manera imperdonable pero simple de comprender, y es un ser que habla mucho. La construcción del personaje es coherente, pero su insistencia en la provocación de una forma poco elegante y extremadamente poco sutil, y el abuso del humor que ocasionalmente transmite (como esa escena del cementerio, una de las más extensas del filme, en la que critica a más de seis parientes cuando no eran necesarios tantos, o las veces que pronuncia la frase «voy a ponerlo en un geriátrico»), la vuelven insoportable. Y no en el sentido que la quieren mostrar Nelson y Payne, pues no hay que olvidar que la gracia de Kate es precisamente esa: la de hartar a un hombre ya bastante harto como Woody. A esto cabe añadir, como detalle menor, que la actuación de Squibb es mucho menos correcta de lo que se dice. Sus primeras dos apariciones y sus salidas de escena, en las que escupe dos reproches humorísticos, no se ven fluidas sino atascadas en una suerte de complejo de actriz teatral amateur.





Es imposible negar que, a pesar de todo, Nebraska está engalanada por una música impecable y montón de actuaciones secundarias inolvidables. Stacy Keach y Angela McEwan, excepcionales en sus roles, se sacrifican al servicio del grand finale, acrecientan su impacto emocional. Se trata de una conclusión que no podría ser más complaciente, pero que tampoco podría ser más efectiva. Y es, por lejos, lo mejor de la película (con el permiso de Bruce Dern y Will Forte, que merecen los aplausos en sus roles de padre e hijo). Ahora bien, su planteo inicial, que consiste en explorar la conflictiva relación familiar, ¿tiene un cierre definitivo? Para nada. No hallamos a la familia sentada en un gran sofá mientras mira un documental narrado por Morgan Freeman tras las discusiones que una enorme suma de dinero haya podido generar (las tierras en Los descendientes, el millón de dólares en Nebraska), y es posible que el autor nos haya quedado debiendo algo de eso. Después de todo, ¿cuál es el propósito del filme? ¿Es acaso un simple homenaje a la tierra natal del director? ¿O una feel-good movie condicionada por el apático blanco y negro, en una posición que aleja inevitablemente a las audiencias que tanto han disfrutado, por ejemplo, de una deliciosa comedia como Pequeña Miss Sunshine (Little Miss Sunshine, 2006)? Sea como sea, es una obra prolija, tal vez de las menos profundas y memorables del director, pero sí una cita obligada para los que todavía creen en el poder curativo de la road movie.

Puntuación: 6/10 (Buena)

3 comentarios:

Manderly dijo...

Me gusta eso de que todo pase de forma muy natural. Me atrae esta historia. La veré pronto.
Saludos.

magu dijo...

RODRIGO
¿Por qué no lo hiciste ayer a la mañana el post? (jaja, chiste), resulta que fuí a visitar a mi hermana, como todos lso miércoles, a RAMOS MEJÍA y ahí compré tres : el escándalo americano (vos ya la comentaste, por eso la compré), la de LADY D (Secretos de una princesa) y BLUE JASMINE (también la comentaste). Quiero ya que estoy, hacer un descargo social (ya que estoy), yo, como muchísima gente (mi marido también) queremos alquilar cds, pero ni por acá ni por ningún lugar que conozcamos, los alquilan, directamente los venden. En kioscos, en galerías o en la calle, sé que se dice que es piratería, pero el chico que vende tiene dos nenes chiquitos, y nos hacemos un bien mutuo. Prosigo, la de LADY D, me hizo dormir a los diez minutos, luego te doy mi impresión sobre éstas dos en sus blogs correspondientes. Y compraré NEBRASKA dada tu descripción.Me encanta el actor GIAMATTI, lo vi en ENTRE COPAS, y me gustó él y lso paisajes, bue, gracias, baci. y andá al post de shakespeare en rusia de tomás abraham., saludos

magu dijo...

RODRIGO
Ví por fin BLUE JASMINE y recordé mucho tu post, me pareció buenísima (pero qué triste, y que triste termina) es un alegoría a UN TRANVÍA LLAMADO DESEO, además la actriz se apellida BLANCHETTE, y el personaje es BLANCHE DOBOIS, jaja, tienen algún parecido.

Luego ví ESCÁNDALO AMERICANO pero no viene traducida, así qeu no entendí lo qeu dicen al final la ví sin entener mudho, el inglés americano. Una amiga mia que tiene un blog de teatro SILVIA SÁNCHEZ URITE se ganó OCHO ENTRADAS Para ir al cine (los joist o algo así, uan cadena de cines), y ya está leyendo u blog par aver que elige. VERÁ NEBRASKA, se la ganó con el programa radial de ROSIN, BUE, NENE gracias y saludos