sábado, 8 de febrero de 2014

Agosto.





Crítica.
Agosto ["August: Osage county", J. Wells - 2013]


La multipremiada tragicomedia doméstica Agosto: condado de Osage llega a los cines de la mano del director John Wells, adaptada por el propio autor de la obra original, Tracy Letts. Se trata de una explosiva reunión familiar durante el mes de agosto, cuando el calor, al menos en el hemisferio norte, se vuelve sofocante. La misteriosa desaparición del patriarca arrastra a cada miembro de la familia a esa elegante casa en Oklahoma donde tres hermanas, quienes ya han abandonado el nido mucho tiempo atrás, han sido criadas. Con un punto de partida que parece hallar algunas lejanas similitudes con El primer día del resto de nuestras vidas (Un conte de Noël, 2008), el filme de Arnaud Desplechin protagonizado por Catherine Deneuve, esta producción depende de la efectividad de su humor y de la credibilidad de las confrontaciones entre las distintas ramas del árbol genealógico.

Este no tan dulce hogar es la representación del fracaso absoluto, de la derrota. El longevo matrimonio está destinado a ser sepultado por los escombros de la casa. Él, incapaz de cruzar la frontera, lucha por una muerte más digna en las afueras de su resquebrajado palacio; ella, sobrevive al día a día con una enfermedad y un temperamento que, con todo, no la muestra en una sola escena en el exterior. Una de las hijas es la que visita con frecuencia a sus padres: ha sido vencida por la vida y además tiene una relación prohibida con un perdedor. La segunda hija, contrariamente, es el indicador del éxito, que trasciende los altibajos y halla justificación tanto en la huida del lugar como en la ruptura de todo vínculo familiar. La mayor, separada y madre de una adolescente rebelde, es el ave que ha querido volar alto y no ha podido. Es la única mujer sin planes a futuro pero con un ligero remordimiento por abandonar a su madre. En un palacio gobernado por la ley del más fuerte, ella se ve en desventaja.

La comicidad de la obra es el resultado de los constantes roces entre integrantes del clan, aunque esté bastante eclipsada por la tragedia durante la primera mitad. Se trata de un humor excesivo y muy poco sutil. La agresividad de hombres y mujeres en posición de ataque, como un combate verbal sin tregua, y un calor que asfixia. Hasta los pájaros mueren dentro de la casa, porque es agosto, y porque la fricción aumenta todavía más la temperatura. ¿Humor efectivo? Indudablemente. Es la clase de planteos y respuestas que el espectador espera oír en una comedia. De hecho, y por desgracia, los insultos son mucho más divertidos que los chistes. Y, mala noticia, algunos de estos chistes se pierden en la traducción. Por otra parte, está el elenco, un as bajo la manga, portador de armas peligrosas y munición pesada. El duelo principal está conformado por las ganadoras del Oscar Meryl Streep y Julia Roberts, quienes interpretan a la madre y su hija mayor, respectivamente. Ellas son el alma de Agosto: condado de Osage, cargándose el libreto a los hombros y conformando una dupla memorable. Las acompañan los siempre efectivos Ewan McGregor, Margo Martindale y Chris Cooper, así como Dermot Mulroney, Juliette Lewis, Abigail Breslin y Benedict Cumberbatch. En conjunto responden a los cánones del subgénero de comedias sobre familias disfuncionales y le dan un más que valioso soporte al guión de Letts. 
 

En síntesis, es una adaptación correcta de una obra políticamente incorrecta. Considero que pudo haber sido mucho mejor. Es una película bien hecha, con un buen trabajo de fotografía y música, esta última a cargo del argentino Gustavo Santaolalla, pero no puedo dejar pasar dos detalles. En primer lugar, hay adaptaciones teatrales, como la que Roman Polanski ha hecho en Un dios salvaje (Carnage, 2011), que son mejores si se conserva la mínima unidad de espacio, siendo en ambos casos una casa familiar. Por supuesto, el séptimo arte permite mayor movilidad, así como una ruptura de la teatralidad (ya que, para eso, está el escenario). Pero en casos como este, que aprovecha para mostrarnos un automóvil rojo andando más rápido de lo permitido y no demasiadas cosas más, hubiera sido más conveniente desarrollarlo todo dentro de los límites de la propiedad. Esto habría generado una sensación más sofocante, de opresión sobre los personajes y sobre los espectadores, recordándonos que no se llama agosto por puro capricho. Apostar a los ventiladores o a objetos varios hechos pasar por abanicos es una jugada que divierte la primera vez e irrita en las sucesivas. Y en segundo lugar, está el tiempo de la ficción. La introducción se extiende demasiado y las confesiones, los secretos y mentiras descubiertos, se comprimen en el lapso de los veinte minutos finales. Habría sido considerablemente más prudente dilatar el drama de cada personaje e indagar en las consecuencias que un conflicto genera sobre otro. El personaje de Margo Martindale, por ejemplo, parece haber sido olvidado. Hay una sensación de apuro, de querer ajustar los tiempos sobre el final. Y el epílogo, que no está nada mal, arroja sobre nuestra conciencia la idea de una adaptación no revisada del todo, de un montaje hecho a contrarreloj o de una dirección hecha bajo amenaza de bomba. Esta película no es gran cosa, pero se deja ver, al menos como curso de interpretación para mujeres que deseen incursionar en el mundo del cine.

Puntuación: 5/10 (Floja)


Overall rating