viernes, 9 de enero de 2015

Foxcatcher.



Foxcatcher.
Dir.: Bennett Miller.
Año: 2014.



Crítica.

Bennett Miller comenzó a revolver las aguas de la industria cinematográfica cuando tenía menos de cuarenta años. Estrenó Capote, llenando de premios las estanterías de Philip Seymour Hoffman y consolidándose como una de las promesas del cine americano. Esta, su ópera prima, fue reconocida alrededor del mundo y dio algunos indicios de lo que sería su estilo propio, una voz que nadie podría silenciar. Poco más de un lustro más tarde, dio a Brad Pitt el rol protagónico de El juego de la fortuna, una obra no solo sobre béisbol sino también acerca del negocio que hay detrás. Si bien era contundente en todo lo que respecta al deporte, el foco estaba puesto en las estrategias fuera del campo de fuego, y mostraba a un inteligente Brad Pitt, acompañado por un igualmente inteligente Jonah Hill, sirviéndose de la estadística para dar forma a un dream team invencible (y no demasiado caro). Casi una década de comenzada su carrera en la ficción, el año pasado, llevó al Festival de Cannes su tercer y más reciente trabajo, Foxcatcher, que hoy nos ocupa. Ganadora del Premio a la Mejor Dirección, fue ignorada por la crítica americana en los meses que siguieron y, resurgiendo ahora en la temporada de premios con el amparo de la industria hollywoodense, se reafirma poco a poco como una de las favoritas al premio Oscar. 

Sin ahondar en esas cuestiones, que se reservarán para eventuales análisis sobre las entregas de premios más importantes de la temporada, sí es necesario al menos mencionarlas para mostrar que los reconocimientos a veces pueden ser justos. Primero, porque se destacó como un gigantesco director de actores, y en Foxcatcher tiene un trío protagónico sorprendente: Channing Tatum en una interpretación impresionante, Mark Ruffalo correcto (como es habitual), y Steve Carell, quien compone un John E. du Pont que quita el aliento, por momentos da miedo, genera un rechazo sostenido, y tiene un personaje de tan alta complejidad que se necesitaría una saga cinematográfica entera para abordar en profundidad todos los rasgos sobresalientes de su personalidad. El maquillaje es un personaje más de la película: la nariz y los dientes de du Pont, las manchas en la piel de sus manos, el torso avejentado, son sencillamente extraordinarios. Y no porque hagan que Carell se parezca al verdadero du Pont (de hecho, aunque en algunos momentos se parecen, son bastante diferentes), sino porque hace del actor alguien irreconocible, extraño y, a causa de ese semblante enigmático, genera en el espectador sospechas, dudas y cierto desprecio. Segundo, porque es capaz de mantener un ritmo pausado pero nunca aburrido. Logra captar el interés de la audiencia durante más de dos horas de duración, evita que los espectadores consulten la hora en sus relojes pulsera y sobre todo los mantiene expectantes, nerviosos, atónitos. Tercero, porque hay una atmósfera irrespirable, casi la misma que respiran los hermanos Schultz y el mismo John en relación a su madre: todo lo opresivo, lo condicionante (el hermano exitoso, la madre rica sobreprotectora que "no deja ser"), es a la vez lo que mantiene a John y a Mark enteros (la madre du Pont y Dave son indispensables para que John y Mark puedan funcionar en el deporte y en la vida). Y no son muchos los directores que transfieren el aire denso de la historia a una pantalla de cine. Esa tensión disimulada, contenida, seguramente genere efectos no deseados. La pregunta, al menos para quienes no conocen la historia real sobre el caso, es: ¿cómo se manifestará la inminente fractura de esta convivencia en la "maison du Pont"?

Esta gran obra habla de muchas cosas de una forma tan sutil y delicada que es admirable. Un complejo de Edipo no resuelto, el hermano predilecto, el hombre que usa a otros hombres absorbiendo sus medallas y trofeos y que manipula para reafirmarse como ser dominante (una hombría cuestionada hasta en el hecho de no haber tenido descendientes, algo imperdonable teniendo en cuenta la larga tradición dinástica de los du Pont), el luchador que se deja someter con facilidad, son algunas de las tantas cosas que muestra una película chocante, terriblemente incómoda, algo siniestra e imprevisible. Sorprende en casi todos los remates y perfora al espectador escena tras escena, no justifica a ninguno de los personajes y contempla sus acciones como motivo suficiente para condenarlos por lo que han hecho. Foxcatcher es una película diferente, atroz y destinada a dejar sabores amargos, a avergonzar (principalmente a una nación que, a finales de la década de 1980, estaba definiendo su supremacía a nivel mundial en la Guerra Fría y hasta hoy sigue intentando sostenerla), pero que Bennett Miller encara con una madurez impresionante. No solamente es su mejor película hasta la fecha, sino probablemente una de las mejores que se vayan a estrenar este año. Un lujo para no perderse. 

Puntuación: 9/10 (Excelente)