jueves, 5 de febrero de 2015

En el bosque.




Crítica.

En el bosque (Into the woods)
Dir.: Rob Marshall.
Año: 2014.


Una porción bastante grande de la población cinéfila recuerda a Rob Marshall como el director de Chicago, triunfador musical que no podría estar más sobrevalorado. Un grupo menor lo recuerda por Nine, otro musical fallido que lo convirtió en el primer cineasta que no supo dirigir a Daniel Day-Lewis. Esa adaptación de otra adaptación teatral de Otto è mezzo, clásico imperecedero de Fellini, fue aproximadamente una catástrofe. Reunía a ocho de los mejores actores vivos, seis de ellos ganadores del Oscar, y los desperdició a todos. En el camino había hecho Memorias de una Geisha, una más que notable película no-musical. Y muchos creyeron que Marshall se daría cuenta más rápido que su punto fuerte no es precisamente el género musical, que muy pocos dominan sin la necesidad de creerse herederos de Bob Fosse. Por desgracia, los cines argentinos reciben En el bosque, otro musical más de Marshall, nuevamente fallido, incluso más aburrido que los anteriores, y probablemente el peor de su carrera.

No toda la culpa es del director. Está la obra de teatro, a la que en primera instancia le sobra un acto entero. Luego sí está James Lapine, que adaptó su propia obra a la gran pantalla. Y en tercer lugar está Rob Marshall que, como es habitual, no supo demasiado bien qué hacer con ella. No es el propósito de esta breve reseña cuestionar la dinámica de las adaptaciones, pero creo que es hora de abandonar ese tradicional pensamiento de que una adaptación es buena cuanto más se parece a la original. Nadie quiere ver una fotocopia de algo que ya se ha hecho antes, y menos con una economía que hace cada vez más difícil pagar por ver. La magia de la adaptación está en la capacidad de transformar el material original, de usar todos los recursos que ofrece el séptimo arte para darle una vuelta de tuerca a lo que ya se ha hecho en un libro, en un teatro o en otro formato. 

En la película En el bosque se entrecruzan cinco relatos: "Caperucita roja", "Las habichuelas mágicas", "Cenicienta", "Rapunzel" y una quinta historia original, columna vertebral de la obra teatral y, por consiguiente, de la adaptación, sobre una pareja de panaderos cuyos antepasados han sido víctimas de una maldición por la que no pueden engendrar descendientes. Cada uno tiene su estilo propio y es más o menos interesante. El modo de ensamblarlos a través del personaje de la Bruja, una Meryl Streep entre Mamma mia! y La muerte le sienta bien que, en esta ocasión, ofrece otra gran actuación (la mejor de la película, tal vez la única aceptable junto a la de James Corden). Pero el conflicto central, desde el primer "I wish", se resuelve a los ochenta minutos de película. Sobran cuarenta. Y realmente sobran. Son los más oscuros, trágicos, desafortunados y, en algún punto, los más prometedores. Sin embargo no aterrizan en ningún lugar. Lo único que resta es un deseo ferviente de que la película acabe cuanto antes. 

Dicho todo esto, uno puede problematizar lo siguiente: si Marshall es talentoso para el cine hablado / no-musical, ¿qué hubiera sido En el bosque sin las canciones de Stephen Sondheim? Bueno, nadie puede saberlo, pero se puede intuir que tampoco hubiera sido mucho mejor. Es cierto que, al margen de una o dos canciones, en ningún momento funciona como musical. Porque muchos todavía recuerdan las canciones de Cabaret, de Moulin Rouge!, o de cualquier otro musical pequeño que sea mejor que este, como Les chansons d'amour. Estas canciones son fáciles de olvidar, al igual que la película. La teatral puesta en escena y los deliberadamente rudimentarios efectos no ayudan demasiado. Sus plantaciones artificiales no hacen más que vaciar la carga simbólica del bosque, de larga tradición. Dicen que hay que tener cuidado con lo que se desea, porque puede volverse realidad. Así lo entendió Coraline tras cruzar la puerta secreta, y así se dedujo de casi todos los relatos recopilados por el romanticismo alemán. Rob Marshall no insiste demasiado con eso, algo que la podría haber salvado del naufragio. Pero yo sí insisto con que no deseen verla, porque puede volverse realidad, y no hay forma de recuperar el tiempo perdido. 

Puntuación: 3/10 (Mala)