Luego de ocho años de ausencia en la
pantalla grande, el regreso del realizador estadounidense Todd Haynes
ha sido a gran escala. El Festival de Cannes recibió su más reciente producción cinematográfica con los
brazos abiertos y, si no fuera por el reciente paso de La vie
d'Adèle, drama de temática
similar victorioso en su sexagesimosexta edición, la recompensa
hubiera sido aun mayor que la que obtuvo. De todos modos, el aprecio
casi unánime de la crítica internacional, así como el Prix
d'interprétation féminine que
ganó Rooney Mara, una de las protagonistas de Carol,
fueron el preámbulo de una florida temporada de premios por venir. Esto
no debería sorprender a nadie pues, a pesar de tomarse su tiempo
para filmar, cada producción de Todd Haynes impacta en las esferas
cinéfilas y, desde Lejos del cielo,
reclama la más profunda admiración de sus integrantes.
Carol retrata el romance entre dos mujeres que se enamoran en la Nueva York de la década de 1950, tiempos difíciles para comunistas, negros y homosexuales. La trama no tiene nada de insólito, y se maneja en términos sencillos, sin grandes sorpresas y sin ases bajo la manga. Cate Blanchett da vida a Carol, una mujer de la alta sociedad en pleno divorcio que se enamora de Therese, una joven empleada de una juguetería con cierta ambición en el terreno de la fotografía. Este romance, que va haciéndose progresivamente más y más apasionado, pone en riesgo la relación de Carol con su hija, objeto de disputa en el proceso de divorcio y en las audiencias de conciliación. Ella se ve atrapada en una encrucijada y forzada elegir (y a renunciar) entre el amor de su hija y el amor de su vida. Con astucia, Haynes lleva el dilema mucho más allá, y lo propone en otros términos: se trata de la renuncia al esquema familiar típicamente burgués (padre, madre, hijos), o la renuncia a la propia naturaleza, a la esencia misma del ser humano.
Alguien
dijo en alguna oportunidad que pocos directores estaban tan
capacitados como Todd Haynes para retratar esta época en particular.
Es posible que tuvieran razón, pues en Carol hace
gala de una sensibilidad estética notable, a la altura de lo que
hizo Tom Ford con Sólo un hombre
(aunque en este caso se retrataba la inestable década de 1960). No solamente por su indiscutible habilidad para captar la belleza del espacio, de los exóticos rostros de sus protagonistas y del cuerpo femenino en general (que representa siempre respetuosamente), sino también por su talento para captar la esencia de una época, de revivirla ante los ojos del espectador. Podría decirse, incluso, que aparte de ser una película ambientada en aquellos tiempos, parece ser asimismo rodada de manera contemporánea.
Calificación: 8/10 (Muy buena)
