lunes, 31 de diciembre de 2018

Resumen del año cinematográfico (2018)


Hay años en los que la programación de los grandes festivales europeos parece dominarlo todo: incide de manera significativa en la temporada de premios, en los listados de la crítica especializada, y se vuelve, de alguna manera, tema de conversación entre cinéfilos. En este sentido, el 2018 no ha sido una excepción. De hecho, si se atiende a la preselección de títulos que compiten por el Oscar a la mejor película de habla no inglesa (por mencionar un caso), prácticamente la totalidad de las obras que siguen en carrera viene, o bien de Cannes, o bien de Venecia. En paralelo, plataformas digitales como Netflix también han albergado algunos de los productos más comentados de los últimos meses, como Roma, el nuevo trabajo del realizador mexicano Alfonso Cuarón, y que ha sido galardonada con el máximo reconocimiento del Festival de Venecia. Desconocer la influencia de estos dos grandes focos y de la distribución de títulos vía streaming sería algo ingenuo, y el listado que sigue, en cierto punto, alcanza para demostrarlo. No obstante, llama la atención que otro puñado de directores y películas se haya ganado un lugar en varios conteos, incluyendo este, sin ningún emblema o reputación precedente. Algo que siempre es digno de celebrar.
Como en todas las ediciones, se tienen en cuenta las películas proyectadas y/o vistas en la Argentina entre el 1º de enero y el 31 de diciembre del 2018. Al Top 10 se le suman, como siempre, aquellos trabajos notables que no han alcanzado un puesto pero que merecen, por lo menos, una mención, aunque solo sea para que los lectores se animen a darles play. Sin más preámbulo, va lo más destacado del año cinematográfico.



MENCIONES ESPECIALES.

Nocturama, de Bertrand Bonello (Francia / 2016)
Alanis, de Anahí Berneri (Argentina / 2017)
Geu- hu / The Day After / El día después, de Hong Sang-soo (Corea del Sur / 2017)
Krotkaya / A Gentle Creature, de Sergei Loznitsa (Ucrania - Francia / 2017)
Lady Bird, de Greta Gerwig (Estados Unidos / 2017)
Molly's Game / Apuesta maestra, de Aaron Sorkin (Estados Unidos / 2017)
Ahlat agaci / The Wild Pear Tree, de Nuri Bilge Ceylan (Turquía / 2018)
Belmonte, de Federico Veiroj (Uruguay, 2018)
Chuva é cantoria na aldeia dos mortos / The Dead and the Others, de Renée Nader Messora & João Salaviza (Brasil / 2018)
Doubles Vies / Non-Fiction, de Olivier Assayas (Francia / 2018)
Hereditary / El legado del diablo, de Ari Aster (Estados Unidos / 2018)
Manbiki kazoku / Shoplifters / Un asunto de familia, de Hirokazu Koreeda (Japón / 2018)
Netemo sametemo / Asako I & II, de Ryûsuke Hamaguchi (Japón / 2018)
Zimna Wojna / Cold War, de Paweł Pawlikowski (Polonia / 2018)



TOP 10.


(10) A Portuguesa / The Portuguese Woman.
Dir.: Rita Azevedo Gomes (Portugal / 2018)

Cuando el séptimo arte parece haberlo dicho todo, nunca faltan unos pocos artistas que se atreven a desafiar la percepción y abruman con nuevos escenarios y perspectivas. Con A Portuguesa, la realizadora consolida un proyecto que le demandó, aproximadamente, una década y media, con interrupciones varias y otros largometrajes presentados en este período. El resultado es una obra de invaluable belleza, con imágenes para el recuerdo y un increíble diseño sonoro. La adaptación del relato homónimo de Robert Musil se centra, como lo ha hecho Lucrecia Martel con Zama, en la espera, aunque Azevedo Gomes lo hace desde el punto de vista de la mujer que, tras haber sido desposada, aguarda el regreso de su esposo, von Ketten, quien se halla luchando en Italia. Las distancias no solamente se traducen en términos de espacio, sino también de costumbres: los roles que los hombres y las mujeres desempeñan en este entonces no son siquiera equiparables. La sensibilidad de la realizadora se sumerge en los pequeños rituales que marcan el pulso de esta espera prolongada e infinita.


(9) Climax.
Dir.: Gaspar Noé (Francia / 2018)

Luego del gran tropezón que fue Love (2015) en su filmografía, el director francoargentino Gaspar Noé deslumbró con su obra más reciente (basada en hechos reales que han ocurrido en la década del noventa), sobre unos bailarines que, al parecer, han sido drogados en una fiesta, tras un ensayo, y que empiezan a mostrar un comportamiento extraño, paranoico, delirante, violento. Muchos dirán que Climax es pura forma (lo más justo sería darles la razón), pero esto no desmerece en lo absoluto la apuesta a un cine que adormece los sentidos y transporta al espectador a otro lugar. La musicalización permanente y a todo volumen, la oscuridad del espacio cerrado con luces intermitentes y la creciente sensación de ahogo y desesperación de los personajes pueden resultar agobiantes para la audiencia, pero ahí descansan algunos de los más grandes logros del cineasta. La destreza de los bailarines en sus esporádicas coreografías (incluyendo la del comienzo, al ritmo de Cerrone) está a la altura de la destreza de Noé en su manejo de las emociones, de los escenarios, de las actuaciones, alcanzando un grado de realismo que cautiva en todo momento.   


(8) El Ángel.
Dir.: Luis Ortega (Argentina / 2018)

La película de Luis Ortega fue un fenómeno a gran escala. En Argentina, por el guiño cómplice, ya que Robledo Puch es un emblema del crimen en serie, y representar su vida en la pantalla grande prometía no pocas controversias. Pero también en Francia, en el Festival de Cannes, donde levantó aplausos ya que, pese a su éxito de taquilla en las boleterías nacionales, tiene mucho del cine de autor o independiente que suele gustar en la Croisette: quizá menos complaciente, pero sin dudas más enriquecedor. El detalle más llamativo reside en la construcción del personaje principal, que toma al verdadero criminal solamente como punto de partida: todo lo demás se lo debemos a la rabiosa imaginación del realizador, que va mostrando sus distintos rasgos psicopáticos sin limitarse exclusivamente a los hechos. No puede dejar de mencionarse, tampoco, la manera en que se distancia del personaje sin emitir juicios morales, y dejándolo fluir con afable naturalidad. En suma, Ortega consigue un registro ideal, que viene siendo bastante característico de las obras argentinas más renombradas de estos últimos tiempos: irónico, cínico, salvaje.


(7) Three Billboards Outside Ebbing, Missouri / 3 anuncios por un crimen.
Dir.: Martin McDonagh (Estados Unidos / 2017)

El último trabajo de Martin McDonagh no es para tomárselo a la ligera. Luego de haber dejado pasmada a la crítica con In Bruges (2008), y de haber cumplido con las expectativas (que es la forma más sutil de decir que cumplió, sin mucho más) con Seven Psychopaths (2012), vuelve a recargar los cartuchos con una obra punzante sobre la batalla entre una madre, que busca desesperadamente al asesino de su hija, y la policía local, que al parecer ha abandonado el caso. Three Billboards Outside Ebbing, Missouri está permanentemente alterando su forma: puede ser dolorosa y trágica, puede ser un auténtico disparate, puede llegar a ser algo tonta, e incluso puede meter la pata a lo grande. Pero en sus errores y sus aciertos, en su mala leche, en su verborrea, en sus pequeños momentos de humanidad (el episodio del escarabajo o del jugo de naranja) y en sus costados más políticamente correctos, que amenazan con tirar todo por la borda, es una pieza estimulante, interpretada a la perfección por un elenco soñado, y con dos secuencias a la luz del fuego que, hay que decirlo, son una maravilla.


(6) Gräns / Border.
Dir.: Ali Abbasi (Suecia / 2018)

La situación de los refugiados en Europa motivó la proliferación de largometrajes, documentales o de ficción, que abordaron esta problemática social. Entre estas se halla Gräns, galardonada en la última edición del Festival de Cannes, dirigida por Ali Abbasi, realizador iraní que estudió en Suecia y se estableció en Dinamarca. Podría decirse que el director desconoce de fronteras o, mejor aun, que conoce lo suficiente sobre el tema como para creer verdaderamente en ellas, algo que puede verse reflejado en la obra. Sin embargo, el tratamiento no es explícito, y la cuestión de las barreras que separan a unos de otros (por sus orígenes, por su género, por la clase social a la que pertenecen, por su lengua, por su cultura, por su apariencia), es abordada a través de un relato con tintes sobrenaturales. El mayor logro, que muchos podrán leer como su mayor defecto, es cómo el director despliega un amplio abanico de géneros cinematográficos, desde la comedia absurda hasta el policial, pasando por el romance y el fantástico, en uno de los trabajos más originales que verán este año. Insólita e imperdible.


(5) The Favourite / La Favorita.
Dir.: Giorgos Lanthimos (Reino Unido / 2018)

Desde su reconocimiento en el Festival de Venecia, las expectativas de la audiencia estaban bastante altas, como es habitual cada vez que el director griego estrena una nueva película, tanto dentro como fuera de su país. Apostando una vez más por la lengua inglesa, tras el éxito cosechado con The Lobster (2015) y The Killing of a Sacred Deer (2017), vuelve a estar a la altura de las circunstancias, noqueando a los espectadores con una producción de época impresionante. Lo más destacable está en su dolorosa comicidad: este film sabe ser brusco y salvaje, apelando a veces al humor físico y a la bestialidad, pero de manera simultánea recurre a la ironía sutil, incisiva, retorcida, para ofrecer una lectura política sumamente interesante, y que no se queda estancada en lo lúdico, sino que además muestra, como lo ha hecho anteriormente con Kynodontas (2009), que sus juegos psicológicos pueden ser puestos al servicio de un discurso reflexivo sobre un estado de cosas. Atención a los conejos y a ese trío de intérpretes, que son una maravilla. Y sí. Esto incluye a Emma Stone.


(4) Îmi este indiferent dacă în istorie vom intra ca barbari / I do not care if we go down in history as barbarians.
Dir.: Radu Jude (Rumania / 2018)

La Nueva Ola del cine rumano ha ofrecido, en los últimos años, novedosos enfoques sobre el pasado reciente. En esta oportunidad, el realizador retrocede algunas décadas y, escudándose tras el formato presuntamente inofensivo del falso documental, reflexiona sobre la masacre de Odessa, bajo el régimen de Antonescu durante la Segunda Guerra Mundial. Este acontecimiento no ha tenido la resonancia, a nivel global, que tuvo el genocidio perpetrado por los jerarcas de la Alemania nazi, o por el régimen de Stalin en la URSS. Sin embargo, en términos cuantitativos, ha sido un exterminio considerable. Empleando un tono satírico y ponzoñoso, y apoyándose en el duro semblante de Ioana Iacob (quien interpreta a la directora artística responsable de la reconstrucción de este episodio, en el marco de un desfile cívico militar), es consistente en sus aspiraciones y devastadora cuando consigue resultados concretos. El tramo final roza lo terrorífico: expresa la pervivencia del fascismo en nuestro tiempo a través de la exhibición y respuesta inmediata del público presente.


(3) Lazzaro felice / Happy as Lazzaro.
Dir.: Alice Rohrwacher (Italia / 2018)

El tercer largometraje de ficción de Alice Rohrwacher habla, esencialmente, de la bondad. Lo hace empleando numerosos intertextos, que van desde el libro de Juan en el Nuevo Testamento hasta la Alegoría de la Caverna, presente en la República de Platón. Con estilo de fábula y un libreto de admirable densidad y complejidad, Lazzaro felice muestra la dinámica laboral en una plantación de tabaco, las diferencias de clase y la vigencia de ciertas formas de esclavitud, tal como lo hizo Emir Kusturica con Podzemlje (1995); en suma, el costado más salvaje del capitalismo, donde rige la ley del más fuerte. La imagen del lobo tiene un significado mucho más profundo que la simple reminiscencia a un relato folclórico: interviene con espíritu crítico en un esquema que es, por sí solo, desolador. Pero hay belleza más allá de las incisivas observaciones de Rohrwacher sobre la situación socioeconómica europea actual: los vínculos humanos que se construyen, los inesperados reencuentros que tienen lugar, la honestidad de las miradas, la cercanía del paisaje y el inexorable paso del tiempo demuestran que el mejor cine es aquel que se hace desde la verdad.


(2) Phantom Thread / El hilo fantasma.
Dir.: Paul Thomas Anderson (Estados Unidos / 2017)

Encontrarse a Anderson entre los lugares más privilegiados del conteo no debería sorprender a nadie a estas alturas: con una escueta pero excelsa filmografía, se ha ganado el reconocimiento como uno de los mejores directores de cine a nivel mundial. La apuesta no era sencilla, pero los resultados hablan por sí solos: lo que aparenta ser un romance algo naïve rápidamente se convierte en un complejo entramado de relaciones perversas, enfermizas, aunque no muy distantes de las que puede entablar cualquier individuo con otros de su entorno. Ahí está el mayor acierto de este libreto: escapar a toda definición apresurada y a toda etiqueta, para mostrar un universo cuya dinámica no dista ni un poco de la del nuestro. En otras palabras, las comidas y los vestidos son una excusa para hablar sobre formas de vincularse con los demás. Con algunas de las mejores interpretaciones del año, Phantom thread es un ejemplo maravilloso de cómo hacer un cine clásico en nuestro tiempo sin quedar desactualizado. En tiempos de forzados trabajos en blanco y negro, que haya producciones con la elegancia de otra época pero con el espíritu desafiante de hoy merece toda nuestra atención.


(1) Burning.
Dir.: Lee Chang-dong (Corea del Sur / 2018)

Hay una diferencia significativa entre las películas de misterio y aquellas que son un misterio en sí mismas. Las primeras apenas precisan, o de un buen texto fuente (en el caso de las adaptaciones), o de un director que esté al tanto de las convenciones del género (repetidas hasta el hartazgo). Las segundas, en cambio, requieren de un profesional capaz de ofrecer el nivel justo de información, sin hacer trampa, pero manteniendo el suspenso en todo momento, sin subrayados y con apertura a múltiples conclusiones. Lee Chang-dong brinda todos los elementos necesarios para llegar a algunas interpretaciones más o menos tranquilizadoras de su obra, pero jugando permanentemente con la ambigüedad, con la repetición de patrones, incluso integrando elementos o personajes que no parecen tener una función real en el relato (ni tienen por qué tenerla). Aunque todo queda en el terreno de la especulación: es difícil tener por verdadera una lectura que está lindando siempre con el terreno de la metaficción. Si el truco no consiste en aparentar que las cosas sí están presentes, sino en hacer que uno olvide que en verdad no están ahí, entonces el viaje a los infiernos del personaje principal queda justificado. Todo lo demás es simplemente un juego.