lunes, 31 de diciembre de 2018

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Bienvenidos a Una Locura de Película, un sitio de crítica cinematográfica en continua transformación. Creado a finales del 2008 por Rodrigo Moral, único administrador, procura tanto comentar algunos de los títulos más significativos de la actualidad como analizar algunos clásicos consagrados. Toda apreciación es subjetiva y el público está invitado a plasmar en los comentarios la suya. 
Además, es necesario aclarar que este sitio no difunde links de descarga ni está asociado a ningún servidor de descargas. 

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domingo, 4 de marzo de 2018

90ª edición de los premios Oscar - Predicciones del blog


Así como la selección de los Oscar este año ha sido bastante aceptable, es cierto que la temporada de premios no fue demasiado emocionante. Esto se debe a que los palmareses no han variado mucho en categorías clave, y la unanimidad suele ser enemiga de la expectativa. De todas formas, luego del incidente Moonlight – La La Land, bien sabemos que todo es posible, y que el temor a que se siga perdiendo audiencia puede llevar a la Academia a sorprender en apartados inimaginables. Nada está dicho, pero Una Locura de Película se arriesga, como todos los años, y predice los ganadores de esta noche. ¿Qué película se impondrá en la categoría reina? ¿Guillermo del Toro se convertirá en el tercer realizador mexicano en ganar en el último lustro? ¿McDormand, Oldman, Janney y Rockwell coronarán una temporada de premios perfecta o habrá sorpresas de última hora? ¿Chile conseguirá el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, o la Academia resarcirá a Andréi Zvyagintsev por habérselo negado con Leviatán? ¿Habrá algún título arrasador? ¿Christopher Nolan se irá de vacío? ¿Get Out dará el batacazo final y dejará a todos boquiabiertos? Todo está por verse...


Listado de predicciones.

Mejor película: Tres anuncios por un crimen / Three billboards outside Ebbing, Missouri.
Mejor dirección: Guillermo del Toro por La forma del agua / The shape of water.
Mejor actor: Gary Oldman por Las horas más oscuras / Darkest hour.
Mejor actriz: Frances McDormand por Tres anuncios por un crimen / Three billboards outside Ebbing, Missouri.
Mejor actor secundario: Sam Rockwell por Tres anuncios por un crimen / Three billboards outside Ebbing, Missouri.
Mejor actriz secundaria: Allison Janney por Yo soy Tonya / I, Tonya.
Mejor guión original: ¡Huye! / Get out.
Mejor guión adaptado: Llámame por tu nombre / Call me by your name.
Mejor película de habla no inglesa: The square (Suecia).
Mejor película animada: Coco.
Mejor diseño de producción: La forma del agua / The shape of water.
Mejor dirección de fotografía: Blade runner 2049.
Mejor montaje: Baby driver.
Mejor diseño de vestuario: La forma del agua / The shape of water.
Mejores efectos visuales: Blade runner 2049.
Mejor maquillaje y peluquería: Las horas más oscuras / Darkest hour.
Mejor banda sonora: La forma del agua / The shape of water.
Mejor canción: “Remember me” - Coco.
Mejor edición de sonido: Baby driver.
Mejor sonido: Blade runner 2049.

90ª edición de los premios Oscar - Favoritos del blog.



Quedan sólo unas pocas horas para que se lleve a cabo la nonagésima entrega de los premios Oscar, los galardones que anualmente entrega la industria de cine de Hollywood, y que siempre dan que hablar, por los motivos que sean (la corrección política, los sobres traspapelados, los vestidos, los bloopers, los discursos...). Pero hay una discusión que rara vez tiene lugar en los grandes medios, y que los cinéfilos, desde nuestro humilde lugar, intentamos reponer, que tiene que ver con los méritos artísticos de los títulos nominados. En esta edición, la categoría reina alberga nueve producciones, en una selección notable -al menos si se la compara con años anteriores-, y todo apunta a que la Academia se ha animado a mencionar obras valientes, trascendentales, excelentes, que hubieran sido marginadas en otra ocasión. Pase lo que pase esta noche, celebremos la diversidad de estilos y voces que confluyen en el rubro, porque da cuenta de un cambio de paradigma, que es lo que los seguidores ansían desde hace ya varios años. Sin más, va un breve análisis de los favoritos del blog en las principales categorías. Quiénes deben llevarse la estatuilla a casa, quiénes son los más destacados, quiénes sobran en el listado y quiénes se echan en falta...


Mejor película.
Son pocos los reproches de una categoría que, por fortuna, mantiene un nivel bastante bueno, y que rescata algunos de los mejores trabajos en habla inglesa estrenados en los últimos meses. Sobran algunas, faltan otras: mientras el convencionalismo de Darkest hour y The Post hace ruido, uno siente que los ases de Molly Bloom y el triple axel de Tonya Harding (en Molly's game y I, Tonya, respectivamente) podrían haberse hecho un lugar. Tampoco es que uno patalee por su ausencia, pero indudablemente hubiera dignificado aun más el listado. Las ya mencionadas obras de Joe Wright y Steven Spielberg son todo lo que puede esperarse de sus directores. Bueno, quizá un poco menos de lo que cabía esperar de ellos. Son obras que, técnicamente, están logradas; sin embargo, hay algo en el orden de lo discursivo que no termina de cerrar. Personajes desdibujados, exceso de subrayados y algunas escenas fuera de lugar las envían al fondo de la tabla. Dunkerque y The shape of water son dos enormes películas de dos grandes cineastas, que dejan una impresión muy buena mientras se las ve (pocos tienen un dominio de la técnica como Guillermo del Toro y Christopher Nolan), pero que, cuanto más se las piensa, menos acaban por gustar. Todo lo contrario sucede con Phantom thread, una película calculada, racional, incluso fría, que desconcierta, desarma, y que va creciendo exponencialmente con el correr de las horas hasta convertirse en la obra maestra que, en definitiva, es. Get Out y Lady Bird son dos películas honestas y preciosas, de dos géneros en las antípodas que removieron la conciencia y la sensibilidad de la audiencia estadounidense. Es posible que ellos las disfrutaran mucho más que nosotros, pero si uno intenta ponerse en el lugar del yanqui promedio, seguramente comprenderá el fenómeno que ambas generaron. Y en el peor de los casos, también salta a la vista que son dos grandes películas, por su originalidad, por el diseño de personajes, por la agudeza de sus diálogos. Queda por hacer una mínima mención de Call me by your name y Three billboards outside Ebbing, Missouri, dos de los títulos más mimados por el círculo cinéfilo. Razones sobran, y no entraré en detalles. Sólo mencionaré una: son dos de las mejores películas del año. Debería bastar.

  1. Llámame por tu nombre / Call me by your name.
    Dir.: Luca Guadagnino.
  2. El hilo fantasma / Phantom thread.
    Dir.: Paul Thomas Anderson.
  3. Tres anuncios por un crimen / Three billboards outside Ebbing, Missouri.
    Dir.: Martin McDonagh.
  4. Lady Bird.
    Dir.: Greta Gerwig.
  5. La forma del agua / The shape of water.
    Dir.: Guillermo del Toro.
  6. Dunkerque.
    Dir.: Christopher Nolan.
  7. ¡Huye! / Get out.
    Dir.: Jordan Peele.
  8. The Post: Los archivos del Pentágono / The Post.
    Dir.: Steven Spielberg.
  9. Las horas más oscuras / Darkest hour.
    Dir.: Joe Wright.

Cualquiera de las primeras siete mencionadas en la tablilla de las preferencias del blog que se lleve la estatuilla a casa será una digna ganadora. Y de hecho, ocurre algo bastante curioso: los dos mejores títulos de la temporada no son compatibles con lo que la Academia ha premiado a lo largo de la historia, y todo parece indicar que están más allá del galardón. Algunos, incluso, dirán que ganar este premio las perjudicaría. Son carne de festival europeo, y todos lo saben. En cambio, Three billboards..., Lady Bird y The shape of water sí responden al estilo que Hollywood suele premiar, aunque, paralelamente, las tres presentan elementos que son incompatibles: el género de comedia negra no acostumbra a tener la mejor suerte, y mucho menos el fantástico (habría que retroceder década y media para hallar a una ganadora del Oscar perteneciente al género). Lady Bird es la clase de comedia sencilla de instituto que, como mucho, solía conseguir un reconocimiento en el apartado de libretos. Hoy es candidata a cinco de los premios más importantes. Para pensar...


Mejor dirección.
Mucho se ha hablado de esta categoría en las últimas semanas. La ausencia de Martin McDonagh, siendo que sólo unas pocas películas han sido las grandes ganadoras sin tener a su realizador en la quinterna, restó chances a Three billboards..., aunque no la terminó de extinguir por completo. Por otro lado, la ausencia de Luca Guadagnino hizo enojar a más de un fanático de Call me by your name. En la vereda de enfrente, la presencia de Jordan Peele y Greta Gerwig hizo que muchos se preguntaran, en las redes, si la nominación es una reivindicación de género, en un caso, y de color de piel en el otro. En realidad, los comentarios eran mucho más ofensivos y malintencionados de lo que puede reproducirse por acá, pero cualquier lector podrá reponerlos con apenas algo de imaginación. Lo cierto es que ambos están por mérito propio. Jordan Peele está a cargo de una obra que causó sensación, y sobre la que exhibe un absoluto control. Logra salir airoso de esa mezcla inimaginada de géneros y puede jactarse de su solidez en cada uno de ellos. Es cierto que, como todo principiante, le falta perfeccionar su voz como autor, pero no cabe duda alguna de que es una de las grandes promesas del cine americano. En cuanto a Gerwig, decir que dirige como si tuviera décadas en esto puede sonar algo trillado, pero es verdad. Y hay que empezar a ser mejores críticos y a asumir que las comedias no son géneros menores, y que pueden tener una realización a la altura de los grandes tanques de Hollywood. Hago esta referencia porque los cinéfilos suelen quejarse de la presencia de directores de películas independientes sencillas del estilo de Lady Bird (siempre quedaban como “quintos nominados” David O. Russell, por Silver Linings Playbook; Alexander Payne, por The Descendants; Jason Reitman, por Juno), como si dirigirlas no costara esfuerzo alguno, como si los actores interpretaran lo que se les da en gana sin los lineamientos de una realizadora (que, en el caso de Gerwig, también es actriz), y como si fuera fácil lograr el tono justo. No, no, no, Greta Gerwig no está por ser mujer. Está ahí por muchas otras virtudes. El tono sensible (pero no melodramático), la estupenda dirección de actores y el perfecto enganche con otras obras que ella ha protagonizado bajo la dirección de Noah Baumbach (que hacen que Lady Bird sea una suerte de precuela de sus obras con personajes de chica treintañera inmadura en NY) deberían ser suficientes. En cuanto a Guillermo del Toro, no hay dudas de su maestría, y poner eso en discusión ahora sería infructuoso. Pero hay momentos en los que uno piensa que el cineasta está demasiado enamorado de lo que ha hecho y, como suele decirse por estos pagos, “se le va un poco la mano”. Hay algún número musical aberrante y un exceso de poesía, pero la poesía está, y enamora. Eso es innegable. Christopher Nolan hace maravillas con una película basada en las impresiones, en la experiencia, y que prácticamente carece de libreto: todo está centrado en su labor como director, y consigue dotar a su obra de un dramatismo asombroso. Está lejos de sus trabajos más apasionantes, pero lo que hace detrás de las cámaras es algo realmente grande. Finalmente, Paul Thomas Anderson presenta uno de sus trabajos más redondos, sugestivos y tremendos, en el que nada es lo que parece. Compite en otras ligas...

  1. Paul Thomas Anderson por El hilo fantasma / Phantom thread.
  2. Greta Gerwig por Lady Bird.
  3. Christopher Nolan por Dunkerque.
  4. Guillermo del Toro por La forma del agua / The shape of water.
  5. Jordan Peele por ¡Huye! / Get out.


Mejor actor.
No hay grandes ausencias. Muchos sostienen que lo que hicieron con James Franco (léase: dejarlo afuera) fue una injusticia enorme, y creo que hubiera sido interesante verlo en el quinteto; sin embargo, es mucho mejor imitando que actuando, y si bien emula a la perfección a Tommy Wiseau en The disaster artist, no es una actuación demasiado estimulante, incluso dentro de los cánones de su filmografía, que tampoco es para destacar. Como sea, Jake Gyllenhaal y Tom Hanks (por Stronger y The Post) podrían haber ocupado ese quinto lugar de un Denzel Washington que, para casi todo el mundo, sobra. No he visto Roman J. Israel, esq como para darles la razón. Luego está Gary Oldman, una leyenda del séptimo arte que está a punto de llevarse la estatuilla dorada por uno de sus trabajos menos interesantes. No me malentiendan: el intérprete ha estudiado a fondo a Winston Churchill, y se nota. Pero las capas de maquillaje que porta encima ocultan uno de los grandes misterios: ¿habría tenido el mismo impacto sin ellas? Pienso en cómo Fassbender logró revivir a Steve Jobs sin parecerse ni un poco, o en cómo Natalie Portman, a cara descubierta, logró dar vida a la ex Primera Dama, viuda de Kennedy, sin grandes parecidos. Asimismo, el limitado abanico de emociones del personaje y la renuncia a toda indagación psicológica de Churchill (la película siempre está en la superficie, en lo conocido, en la figura pública) le resta enteros. No es que sea culpa de Oldman, pero quien lo ha visto haciendo cosas tan fabulosas en su carrera puede sentir que este no es el tipo de papel por el que uno querría verlo ganando un Oscar. En la otra esquina del ring, Timothée Chalamet, un completo desconocido (que fue secundario en Interstellar y en Men, women and children), se puso en la piel de Elio, el joven protagonista de Call me by your name, y podría decirse que volvió a la vida cinematográfica a un adorado personaje de la literatura queer. Su manejo de la corporalidad, su genuina emoción, su (también genuina) ilusión y la química con su partenaire, sumados al talento musical y a la comodidad con la que puede pronunciar palabras en casi cualquier idioma lo hacen grande. La escena final, eso sí, lo convierte en una leyenda instantánea. Y luego están los Daniels: Kaluuya y Day-Lewis; el primero, destacando en una película cuyo fuerte no es el elenco, pero que cumple; el segundo, despidiéndose -al parecer- de la actuación con un papel sumamente complejo, que da un giro de ciento ochenta grados y que te hace creer cualquier cosa. “La tierra es chata” “Sí, es chata, Daniel, es chata...”

  1. Timothée Chalamet por Llámame por tu nombre / Call me by your name.
  2. Daniel Day-Lewis por El hilo fantasma / Phantom thread.
  3. Gary Oldman por Las horas más oscuras / Darkest hour.
  4. Daniel Kaluuya por ¡Huye! / Get out.
    Denzel Washington por Roman J. Israel, esq.


Mejor actriz.
Si entre los hombres había que salir a buscar candidatos para llenar el quinto lugar, entre las mujeres hay de sobra. Hay cuatro intérpretes que se han mantenido firmes en toda la temporada de premios, y un quinto lugar que ha ido variando entre muchas y que, hay que decirlo, han estado muy bien. Es una verdadera lástima que, finalmente, se haya impuesto Meryl Streep, más por ser una leyenda viva que por haber hecho algo verdaderamente destacable. Nada que no haya hecho ya. Judi Dench, Jessica Chastain o Daniela Vega sonaban como candidatas, y hubiera sido hermoso verlas. Frances McDormand hace algo grandioso, de verdad, y tiene un personaje con el que se permite jugar hasta cansarse. Es cierto que no se la ve muy distinta a otras películas suyas, pero qué más da. Saoirse Ronan demuestra ser la mejor intérprete de su generación, y en Lady Bird hace algo totalmente diferente a lo que ha hecho antes. Es común que actrices de veintitantos años interpreten a menores de edad, pero ella puede ser considerada la primera que te hace creer que en verdad tiene diecisiete. Además de que enamora a cualquiera. Luego, Margot Robbie, quien para muchos siempre estuvo más cerca de ser tapa de Playboy que de estar en el Kodak Theatre, hoy es productora y protagonista de una de las grandes comedias de la temporada, con un personaje que causa sensación. Y Sally Hawkins conmueve casi sin palabras.

  1. Saoirse Ronan por Lady Bird.
  2. Frances McDormand por Tres anuncios por un crimen / Three billboards outside Ebbing, Missouri.
  3. Margot Robbie por Yo soy Tonya / I, Tonya.
  4. Sally Hawkins por La forma del agua / The shape of water.
  5. Meryl Streep por The Post: los archivos del Pentágono / The Post.


Mejor actor secundario.
Hagámoslo breve. Hay mucho talento junto y, sin haber visto al gran Christopher Plummer, está claro que cualquiera que lo gane estará bien. Pero Sam Rockwell saca mucha diferencia al resto, y sería una injusticia verlo perder, aun cuando sea justo ver a cualquiera de los otros ganar. Espero se entienda esta paradoja. El personaje de Richard Jenkins es precioso y su actuación es de lo más destacado del film. Woody Harrelson está de maravillas en Three billboards..., mientras que Willem Dafoe, con un papel de proporciones más pequeñas a lo común en el rubro, va directo al corazón.

  1. Sam Rockwell por Tres anuncios por un crimen / Three billboards outside Ebbing, Missouri.
  2. Richard Jenkins por La forma del agua / The shape of water.
  3. Woody Harrelson por Tres anuncios por un crimen / Three billboards outside Ebbing, Missouri.
  4. Willem Dafoe por The Florida project.
    Christopher Plummer por Todo el dinero del mundo / All the money in the world.


Mejor actriz secundaria.
El nivel es un poco más bajo entre las secundarias, pero también bastante más parejo. Sin haber visto a Blige, las demás lo hacen bastante bien. Octavia Spencer sigue reciclando tics que la han consagrado por The Help, pero acá está particularmente simpática, y su complicidad con Hawkins explora siempre nuevos horizontes. Lesley Manville es una actriz maravillosa, y es un placer que deslumbre bajo la mano maestra de Anderson. Su rostro es un monumento, y es el personaje más incómodo de Phantom thread, ese que inquieta por su omnipresencia y que puede reducir al mínimo a los otros con unas pocas palabras. Allison Janney es una actriz increíble, pero el registro monótono de un personaje que es malvado en toda la función, y el hecho de que no haga otra cosa más que decir malas palabras, lastimar o revolear cosas hace que uno piense que su personaje podría haberlo hecho cualquier otra actriz. Pero pocas hubieran conmovido tanto como Laurie Metcalf en Lady Bird, quien va de un extremo a otro en pocos segundos y demuestra su talento en cada escena en que aparece.

  1. Lesley Manville por El hilo fantasma / Phantom thread.
  2. Laurie Metcalf por Lady Bird.
  3. Allison Janney por Yo soy Tonya / I, Tonya.
  4. Octavia Spencer por La forma del agua / The shape of water.
    Mary J. Blige por Mudbound.


Mejor guión original: Lady Bird.
Mejor guión adaptado: Llámame por tu nombre / Call me by your name.
Mejor película extranjera: Sin amor / Nelyubov (Rusia).
Mejor película animada: Coco.
Mejor diseño de producción: Blade Runner 2049.
Mejor dirección de fotografía: La forma del agua / The shape of water.
Mejor montaje: Dunkerque.
Mejor diseño de vestuario: El hilo fantasma / Phantom thread.
Mejores efectos visuales: Blade runner 2049.
Mejor maquillaje y peluquería: Las horas más oscuras / Darkest hour.
Mejor banda sonora original: El hilo fantasma / Phantom thread.
Mejor canción: “Mystery of love”, de Llámame por tu nombre / Call me by your name.
Mejor sonido: Dunkerque.
Mejor edición de sonido: Dunkerque.

martes, 13 de febrero de 2018

El hilo invisible


Atención: el comentario contiene spoilers.

CRITICA
El hilo invisible (Phantom thread, 2017)
Dir.: Paul Thomas Anderson.


Una de las discusiones recurrentes dentro del séptimo arte está estrechamente ligada a la cuestión de los límites del acontecimiento cinematográfico. ¿Cómo enmarcar una obra? ¿Cuándo comienza y/o cuándo culmina? ¿Realmente culmina, o las películas siguen rodándose dentro de nuestras mentes? Son preguntas que uno nunca deja de plantearse y que, a pesar de no contar con una respuesta unívoca, funcionan como disparadores más que interesantes para analizar cuanto ocurre dentro de ellas desde el acto primigenio, el momento en que comienza a gestarse. En el proceso, la publicidad y los nuevos medios de difusión van preparando la pista de aterrizaje de un film aún por hacerse. Y las expectativas de la audiencia van modificándose conforme a los diversos modos en que una obra es presentada antes de su estreno definitivo. En ese sentido, Paul Thomas Anderson nunca ha dado demasiados detalles y, por tratarse de un libreto original (es decir, que no toma como base un material que haya sido publicado con anterioridad), apenas ha ofrecido algunas pistas para que sus fanáticos lidien con el misterio de un proyecto en ciernes. Es probable que ni el propio autor supiera con exactitud en qué acabaría todo aquello, de modo que los ávidos cinéfilos debimos conformarnos con dos o tres imágenes que sugerían más bien poco, y unos comentarios que apuntaban a un drama de época sobre un reconocido diseñador de indumentaria.

Este párrafo introductorio no tiene mayor finalidad que la de dejar en claro que Phantom Thread, su octavo largometraje, es tanto una obra sobre moda como lo es sobre gastronomía, del mismo modo que The Master no era exactamente una reflexión sobre la cienciología, que There will be blood no era un relato sobre el petróleo, o que Boogie Nights no era una breve historia del cine pornográfico. En cualquier caso, y revisando la filmografía del director, no cabe duda de que el núcleo dramático está puesto en el modo en que los personajes se relacionan entre sí, y más puntualmente en las distintas formas a través de las cuales estos individuos se sirven de sus herramientas, de su arte o de sus conocimientos para manipular a los otros a su antojo y así alcanzar una finalidad específica, que al parecer está vinculada con el amor, aunque resulta un tanto arduo afirmarlo con absoluta seguridad. No son demasiados los personajes relevantes en esta película; tan sólo son cuatro: el modisto, Reynolds Woodcock; Cyril, su hermana; Alma, una joven a la que acaba de conocer; y su difunta madre, cuyas esporádicas manifestaciones resultan sumamente reveladoras, aun cuando sean mediante anécdotas, fotografías o alucinaciones. Ambos hermanos conducen la Casa Woodcock, de enorme prestigio dentro de la sociedad británica, y que demanda, desde luego, una dedicación que no da lugar a distracciones. De ahí que la vida personal de los hermanos, solteros y de avanzada edad, quede eclipsada frente a la agitada vida profesional, tal como lo demuestra la primera cita entre Reynolds y Alma, que sin previo aviso pasa de ser una tierna velada a una jornada laboral.

La joven se confunde con el resto de las modelos y, si bien goza de una posición privilegiada dentro de ese microcosmos convulsionado, constantemente queda relegada en la esfera íntima del hombre, cuya actitud quisquillosa, mal humor y modo de imponerse, ya sea como mecanismo de defensa o como parte esencial de su ser, siempre la ridiculizan o la muestran incapaz de estar a la altura, de marcar una diferencia, volviéndose así una más de la interminable serie de musas inspiradoras. Ella es perfectamente consciente de lo que pretende: está enamorada y está dispuesta a todo para conquistar al hombre (ya no al modisto). Su mayor dificultad es que, tal como exhibe su acento, es extranjera; no solamente en el país, sino también en aquella casa, y debe ingeniárselas para pertenecer allí. Pero en la vereda de enfrente está Cyril, la hermana, de mirada extraviada y rostro impasible, cuya omnipresencia en la vida de Reynolds da a entender que es ella quien maneja los piolines de su existencia. La orfandad y la falta siempre exige amores sustitutos, y no es difícil de pensar que la hermana fuera la persona más cercana a la que aferrarse tras la muerte de su madre. Sus inquietantes apariciones en cenas románticas y encuentros íntimos dejan entrever los hilos que la atan a su hermano, al punto que su ausencia lo desestabiliza por completo.

Dicho esquema de relaciones humanas desviadas y sometimiento deliberado no dista mucho de la ya mencionada obra del cineasta The Master, contemporánea (transcurre en la década de 1950), aunque no coterránea. En aquella, la vida de Freddie, un veterano de guerra errante y enfermo cambia por completo luego de conocer a Lancaster, un guía espiritual e intelectual que lo convoca, y con quien forja un nexo inquebrantable. Ahora bien, cualquiera intuiría que estas relaciones (entre un guía y un hombre confundido) son unidireccionales; sin embargo, todos tienen sus puntos más débiles, y está en la astucia de los hombres encontrarlos. El pacto que establecen ambos consiste en una suerte de amaestramiento espiritual, a cambio de unos misteriosos tragos que se encarga de preparar el propio Freddie. Es parte de sus conocimientos y talentos, y que ha puesto en práctica cuando mató a un hombre, antes de llegar al barco. El contenido de estas bebidas es desconocido, pero se subraya su carácter adictivo y, tal vez por su graduación alcohólica, permite que quien los prepare también los utilice como un mecanismo para ejercer un tipo de poder. De manera que, al menos entre ellos dos, puede hablarse de un sometimiento recíproco y consensuado; ambos, por supuesto, bajo la estela de Peggy, la esposa de Lancaster, el personaje que más desafía la credibilidad del espectador y que, asimismo, despliega un efecto hipnótico sobre su propio marido. Tal es así, que su omnipresencia enigmática y su monstruosidad parece obedecer más que ningún otro personaje al título de la obra. Ella es quien permanentemente se impone. Ella es el maestro.

Esta comparación, que puede parecer forzada, adquiere mucho más sentido si uno estudia a fondo Phantom Thread a partir de la conducta de Alma, y el modo en que logra hacerse visible en la intimidad de Reynolds. Durante la primera mitad de la película, es él quien da las órdenes, y que usa su técnica como diseñador para atraer a las féminas (sus clientes, sus empleados y sus amores son mujeres). No obstante, Alma recurre a lo que mejor conoce para intentar invertir los roles y así tener control sobre él. No hay que olvidar que ella se desempeñaba como camarera en un hotel, y tenía una particular afición por lo gastronómico. De hecho, el primer encuentro que tienen se da en el marco de un desayuno, en una zona más retirada y campestre. Y hay diversas referencias a lo alimenticio desde esta secuencia en adelante: la cena que ella desea prepararle como obsequio, la nota que le deja en la primera escena que comparten (“For the hungry boy: my name is Alma”), una cena en un restaurante, en que ella aparece con un vestido especialmente confeccionado para la ocasión y ante lo que él responde con un: “Very beautiful. You're making me extremely hungry”; en fin, una sucesión de pequeños indicios que van preparando el clima para que ella haga uso de su talento y, a través de unos hongos venenosos, someta (o infantilice) a Reynolds, desempeñando, de alguna forma, el rol de madre que él necesita. Esta vulnerabilidad en el cuerpo, que debilita además el espíritu y lo llena de miedo, es el que le da a Alma una ventaja sobre él, y que intenta mantener aun contra las indicaciones de un doctor y las persistentes apariciones de su hermana Cyril. El dominio de la gastronomía le permite imponerse por vez primera cuando vierte las toxinas en la taza de té. Luego de unos días de recuperación, él besa sus pies y le propone matrimonio. La institucionalización del vínculo amoroso es un primer canto de victoria, no sólo sobre el hermetismo de él, sino también sobre su cuñada.

En la citada The Master, Lancaster hacía una comparación entre el matrimonio y la domesticación de un dragón, al que se ata con un lazo, se lo saca a pasear, se lo sienta, y hasta puede enseñársele a rodar y a hacerse el muerto (ver escena). Que el comentario del personaje en el contexto de una boda sea cómico no lo hace para nada inocente. Por el contrario. Y si se piensa la función del lazo y de los hilos en uno y otro largometraje, es evidente que la imagen es la misma: la dependencia. Alma entiende y anhela hacerse con los hilos y las agujas para forjar un vínculo entrañable y duradero con Reynolds. Esto la lleva a redoblar la apuesta en la icónica (porque es, desde ya, una de las grandes escenas de la filmografía de Anderson) cena final, en que ella prepara un omelette con hongos venenosos que apuntan, una vez más, a doblegar el espíritu de Reynolds. Él parece aceptar su destino, firmando ese pacto secreto mediante el que ofrece su estómago y su espíritu a cambio del cuerpo de Alma (“every piece of me”). El nacimiento de un niño es el segundo canto de victoria, que desplaza de modo definitivo a la hermana y la corona como madre y esposa. Así, todas las supersticiones sobre la soltería quedan anuladas, y Alma consigue liberar a Reynolds, con su propio consentimiento (pese al juego de tiempos, miradas y silencios de la escena, está clara la disposición de él a dejarse llevar, y su frase "kiss me, my girl, before i'm sick" no deja margen de duda), del fantasma de su madre, rompiendo así los hilos más íntimos de una relación tortuosa (cualquiera que se detenga a comparar la iluminación del cuarto de Reynolds en la escena de la alucinación con aquella en la que Alma le lleva un té a la cama tras el fracaso del desfile, o con el plano final, notará una gran similitud que difícilmente sea casual). Pero la ruptura de estos hilos trae aparejada una nueva unión sentimental que lo reduce y lo hace dependiente de ella.

En definitiva, no interesan tanto las posibles reminiscencias del mito de Edipo (por la ausencia/muerte del padre en el recuerdo y el estrecho lazo sentimental con la madre) como la reflexión sobre la vulnerabilidad y la infancia. El tópico de la indefensión del niño reaparece en el tramo final, aunque ya venía anticipándose (con los berrinches en la escena de los espárragos y la pueril querella entre los amantes), y adquiere la forma de una nueva maternidad. Reynolds goza al ocupar este nuevo lugar y se abraza a la presencia resignificada de Alma en su vida. La escena en el cuarto de baño rompe con el tono, tal vez porque nadie imaginaría que una película tan centrada en la alta costura acabe en un sitio tan mundano y tan corriente; pero una vez más, en un desarrollo que concede a lo gastronómico tanto peso, no debería desconcertar que la obra siga el curso natural de la digestión, desde la abundancia del primer plato hacia la excreción y depuración del organismo. Paul Thomas Anderson es experto en descolocar al espectador, y lo desafía permanentemente. Este escatológico epílogo es una de las tantas muestras de uno de sus rasgos más característicos: el golpe final, un llamado de atención, un recordatorio de que no hay que tomarse demasiado a la ligera su trabajo, pero tampoco hay que tomárselo tan en serio. El resto está en la audiencia: en tratar de buscar en lo profundo y descubrir que ni la moda ni la comida son tan importantes como los hilos invisibles que nos atan a los otros, a los mechones de cabello, a las fotografías, a los muertos, a los recuerdos imborrables, a las cosas buenas, a las maldiciones, a los grandes amores...