Hay años en los que la
programación de los grandes festivales europeos parece dominarlo
todo: incide de manera significativa en la temporada de premios, en
los listados de la crítica especializada, y se vuelve, de alguna
manera, tema de conversación entre cinéfilos. En este sentido, el
2018 no ha sido una excepción. De hecho, si se atiende a la
preselección de títulos que compiten por el Oscar a la mejor
película de habla no inglesa (por mencionar un caso), prácticamente la
totalidad de las obras que siguen en carrera viene, o bien de Cannes,
o bien de Venecia. En paralelo, plataformas digitales como Netflix
también han albergado algunos de los productos más comentados de
los últimos meses, como Roma, el nuevo trabajo del realizador
mexicano Alfonso Cuarón, y que ha sido galardonada con el máximo
reconocimiento del Festival de Venecia. Desconocer la influencia de
estos dos grandes focos y de la distribución de títulos vía
streaming sería algo ingenuo, y el listado que sigue, en cierto
punto, alcanza para demostrarlo. No obstante, llama la atención que
otro puñado de directores y películas se haya ganado un lugar en
varios conteos, incluyendo este, sin ningún emblema o reputación
precedente. Algo que siempre es digno de celebrar.
Como en todas las
ediciones, se tienen en cuenta las películas proyectadas y/o
vistas en la Argentina entre el 1º de enero y el 31 de diciembre del
2018. Al Top 10 se le suman, como siempre, aquellos trabajos notables
que no han alcanzado un puesto pero que merecen, por lo menos, una mención, aunque solo sea para que los lectores se animen a
darles play. Sin más preámbulo, va lo más destacado del año
cinematográfico.
MENCIONES ESPECIALES.
Nocturama, de Bertrand Bonello (Francia
/ 2016)
Alanis, de Anahí Berneri (Argentina /
2017)
Geu- hu / The Day After / El día
después, de Hong Sang-soo (Corea del Sur / 2017)
Krotkaya / A Gentle Creature, de Sergei
Loznitsa (Ucrania - Francia / 2017)
Lady Bird, de Greta Gerwig (Estados
Unidos / 2017)
Molly's Game / Apuesta maestra, de
Aaron Sorkin (Estados Unidos / 2017)
Ahlat agaci / The Wild Pear Tree, de
Nuri Bilge Ceylan (Turquía / 2018)
Belmonte, de Federico Veiroj (Uruguay,
2018)
Chuva é cantoria na aldeia dos mortos
/ The Dead and the Others, de Renée Nader Messora & João
Salaviza (Brasil / 2018)
Doubles Vies / Non-Fiction, de Olivier
Assayas (Francia / 2018)
Hereditary / El legado del diablo, de
Ari Aster (Estados Unidos / 2018)
Manbiki kazoku / Shoplifters / Un
asunto de familia, de Hirokazu Koreeda (Japón / 2018)
Netemo sametemo / Asako I & II, de
Ryûsuke Hamaguchi (Japón / 2018)
Zimna Wojna / Cold War,
de Paweł Pawlikowski (Polonia / 2018)
TOP 10.
(10) A Portuguesa / The Portuguese Woman.
Dir.: Rita Azevedo Gomes
(Portugal / 2018)
Cuando el séptimo arte
parece haberlo dicho todo, nunca faltan unos pocos artistas que se
atreven a desafiar la percepción y abruman con nuevos escenarios y
perspectivas. Con A Portuguesa, la realizadora consolida un proyecto
que le demandó, aproximadamente, una década y media, con
interrupciones varias y otros largometrajes presentados en este
período. El resultado es una obra de invaluable belleza, con
imágenes para el recuerdo y un increíble diseño sonoro. La
adaptación del relato homónimo de Robert Musil se centra, como lo
ha hecho Lucrecia Martel con Zama, en la espera, aunque Azevedo Gomes
lo hace desde el punto de vista de la mujer que, tras haber sido
desposada, aguarda el regreso de su esposo, von Ketten, quien se
halla luchando en Italia. Las distancias no solamente se traducen en
términos de espacio, sino también de costumbres: los roles que los
hombres y las mujeres desempeñan en este entonces no son siquiera
equiparables. La sensibilidad de la realizadora se sumerge en los
pequeños rituales que marcan el pulso de esta espera prolongada e
infinita.
(9) Climax.
Dir.: Gaspar Noé
(Francia / 2018)
Luego del gran tropezón
que fue Love (2015) en su filmografía, el director francoargentino Gaspar
Noé deslumbró con su obra más reciente (basada en hechos reales
que han ocurrido en la década del noventa), sobre unos bailarines
que, al parecer, han sido drogados en una fiesta, tras un ensayo, y que empiezan a mostrar un comportamiento extraño, paranoico, delirante,
violento. Muchos dirán que Climax es pura forma (lo más justo
sería darles la razón), pero esto no desmerece en lo absoluto la
apuesta a un cine que adormece los sentidos y transporta al
espectador a otro lugar. La musicalización permanente y a todo
volumen, la oscuridad del espacio cerrado con luces intermitentes y
la creciente sensación de ahogo y desesperación de los personajes
pueden resultar agobiantes para la audiencia, pero ahí descansan
algunos de los más grandes logros del cineasta. La destreza de los
bailarines en sus esporádicas coreografías (incluyendo la del
comienzo, al ritmo de Cerrone) está a la altura de la destreza de
Noé en su manejo de las emociones, de los escenarios, de las
actuaciones, alcanzando un grado de realismo que cautiva en todo
momento.
(8) El Ángel.
Dir.: Luis Ortega
(Argentina / 2018)
La película de Luis
Ortega fue un fenómeno a gran escala. En Argentina, por el guiño
cómplice, ya que Robledo Puch es un emblema del crimen en serie, y
representar su vida en la pantalla grande prometía no pocas
controversias. Pero también en Francia, en el Festival de Cannes,
donde levantó aplausos ya que, pese a su éxito de taquilla en las
boleterías nacionales, tiene mucho del cine de autor o independiente
que suele gustar en la Croisette: quizá menos complaciente, pero sin
dudas más enriquecedor. El detalle más llamativo reside en la
construcción del personaje principal, que toma al verdadero criminal
solamente como punto de partida: todo lo demás se lo debemos a la
rabiosa imaginación del realizador, que va mostrando sus distintos
rasgos psicopáticos sin limitarse exclusivamente a los hechos. No
puede dejar de mencionarse, tampoco, la manera en que se distancia
del personaje sin emitir juicios morales, y dejándolo fluir con
afable naturalidad. En suma, Ortega consigue un registro ideal, que
viene siendo bastante característico de las obras argentinas más
renombradas de estos últimos tiempos: irónico, cínico, salvaje.
(7) Three Billboards Outside Ebbing, Missouri / 3 anuncios por un crimen.
Dir.: Martin McDonagh
(Estados Unidos / 2017)
El último trabajo de
Martin McDonagh no es para tomárselo a la ligera. Luego de haber
dejado pasmada a la crítica con In Bruges (2008), y de haber cumplido con
las expectativas (que es la forma más sutil de decir que cumplió,
sin mucho más) con Seven Psychopaths (2012), vuelve a recargar los
cartuchos con una obra punzante sobre la batalla entre una madre, que
busca desesperadamente al asesino de su hija, y la policía local,
que al parecer ha abandonado el caso. Three Billboards Outside
Ebbing, Missouri está permanentemente alterando su forma: puede ser
dolorosa y trágica, puede ser un auténtico disparate, puede llegar
a ser algo tonta, e incluso puede meter la pata a lo grande. Pero en
sus errores y sus aciertos, en su mala leche, en su verborrea, en sus
pequeños momentos de humanidad (el episodio del escarabajo o del
jugo de naranja) y en sus costados más políticamente correctos, que
amenazan con tirar todo por la borda, es una pieza estimulante,
interpretada a la perfección por un elenco soñado, y con dos
secuencias a la luz del fuego que, hay que decirlo, son una maravilla.
(6) Gräns / Border.
Dir.: Ali Abbasi (Suecia
/ 2018)
La situación de los
refugiados en Europa motivó la proliferación de largometrajes,
documentales o de ficción, que abordaron esta problemática social.
Entre estas se halla Gräns, galardonada en la última edición
del Festival de Cannes, dirigida por Ali Abbasi, realizador iraní
que estudió en Suecia y se estableció en Dinamarca. Podría decirse
que el director desconoce de fronteras o, mejor aun, que conoce lo
suficiente sobre el tema como para creer verdaderamente en ellas,
algo que puede verse reflejado en la obra. Sin embargo, el
tratamiento no es explícito, y la cuestión de las barreras que
separan a unos de otros (por sus orígenes, por su género, por la
clase social a la que pertenecen, por su lengua, por su cultura, por su
apariencia), es abordada a través de un relato con tintes
sobrenaturales. El mayor logro, que muchos podrán leer como su mayor
defecto, es cómo el director despliega un amplio abanico de
géneros cinematográficos, desde la comedia absurda hasta el
policial, pasando por el romance y el fantástico, en uno de los
trabajos más originales que verán este año. Insólita e
imperdible.
(5) The Favourite / La
Favorita.
Dir.: Giorgos Lanthimos
(Reino Unido / 2018)
Desde su reconocimiento
en el Festival de Venecia, las expectativas de la audiencia estaban
bastante altas, como es habitual cada vez que el director griego
estrena una nueva película, tanto dentro como fuera de su país.
Apostando una vez más por la lengua inglesa, tras el éxito
cosechado con The Lobster (2015) y The Killing of a Sacred Deer
(2017), vuelve a estar a la altura de las circunstancias, noqueando a
los espectadores con una producción de época impresionante.
Lo más destacable está en su dolorosa comicidad: este film sabe
ser brusco y salvaje, apelando a veces al humor físico y a la
bestialidad, pero de manera simultánea recurre a la ironía sutil,
incisiva, retorcida, para ofrecer una lectura política sumamente
interesante, y que no se queda estancada en lo lúdico, sino que
además muestra, como lo ha hecho anteriormente con Kynodontas
(2009), que sus juegos psicológicos pueden ser puestos al servicio
de un discurso reflexivo sobre un estado de cosas. Atención a los
conejos y a ese trío de intérpretes, que son una maravilla. Y sí.
Esto incluye a Emma Stone.
(4) Îmi este indiferent
dacă în istorie vom
intra ca barbari / I do not care if we go down in history as barbarians.
Dir.: Radu Jude (Rumania
/ 2018)
La Nueva Ola del cine
rumano ha ofrecido, en los últimos años, novedosos enfoques sobre el pasado reciente. En esta oportunidad, el realizador
retrocede algunas décadas y, escudándose tras el formato
presuntamente inofensivo del falso documental, reflexiona sobre la
masacre de Odessa, bajo el régimen de Antonescu durante la Segunda
Guerra Mundial. Este acontecimiento no ha tenido la resonancia, a
nivel global, que tuvo el genocidio perpetrado por los jerarcas de la
Alemania nazi, o por el régimen de Stalin en la URSS. Sin embargo,
en términos cuantitativos, ha sido un exterminio considerable.
Empleando un tono satírico y ponzoñoso, y apoyándose en el duro
semblante de Ioana Iacob (quien interpreta a la directora artística
responsable de la reconstrucción de este episodio, en el marco de un
desfile cívico militar), es consistente en sus aspiraciones y
devastadora cuando consigue resultados concretos. El tramo final roza
lo terrorífico: expresa la pervivencia del fascismo en nuestro
tiempo a través de la exhibición y respuesta inmediata del público
presente.
(3) Lazzaro felice / Happy as Lazzaro.
Dir.: Alice Rohrwacher
(Italia / 2018)
El tercer largometraje de
ficción de Alice Rohrwacher habla, esencialmente, de la bondad. Lo
hace empleando numerosos intertextos, que van desde el libro de Juan
en el Nuevo Testamento hasta la Alegoría de la Caverna, presente en
la República de Platón. Con estilo de fábula y un libreto de
admirable densidad y complejidad, Lazzaro felice muestra la dinámica
laboral en una plantación de tabaco, las diferencias de clase y la
vigencia de ciertas formas de esclavitud, tal como lo hizo Emir
Kusturica con Podzemlje (1995); en suma, el costado más salvaje del
capitalismo, donde rige la ley del más fuerte. La imagen del lobo
tiene un significado mucho más profundo que la simple reminiscencia
a un relato folclórico: interviene con espíritu crítico en un
esquema que es, por sí solo, desolador. Pero hay belleza más allá
de las incisivas observaciones de Rohrwacher sobre la situación
socioeconómica europea actual: los vínculos humanos que se
construyen, los inesperados reencuentros que tienen lugar, la
honestidad de las miradas, la cercanía del paisaje y el inexorable
paso del tiempo demuestran que el mejor cine es aquel que se hace
desde la verdad.
(2) Phantom Thread / El
hilo fantasma.
Dir.: Paul Thomas Anderson (Estados
Unidos / 2017)
Encontrarse a Anderson
entre los lugares más privilegiados del conteo no debería
sorprender a nadie a estas alturas: con una escueta pero excelsa
filmografía, se ha ganado el reconocimiento como uno de los mejores
directores de cine a nivel mundial. La apuesta no era sencilla, pero
los resultados hablan por sí solos: lo que aparenta ser un romance
algo naïve rápidamente se convierte en un complejo entramado de
relaciones perversas, enfermizas, aunque no muy distantes de las que
puede entablar cualquier individuo con otros de su entorno. Ahí está
el mayor acierto de este libreto: escapar a toda definición
apresurada y a toda etiqueta, para mostrar un universo cuya dinámica
no dista ni un poco de la del nuestro. En otras palabras, las comidas
y los vestidos son una excusa para hablar sobre formas de vincularse
con los demás. Con algunas de las mejores interpretaciones del año,
Phantom thread es un ejemplo maravilloso de cómo hacer un cine
clásico en nuestro tiempo sin quedar desactualizado. En tiempos de
forzados trabajos en blanco y negro, que haya producciones con la
elegancia de otra época pero con el espíritu desafiante de hoy
merece toda nuestra atención.
Dir.: Lee Chang-dong
(Corea del Sur / 2018)
Hay una diferencia
significativa entre las películas de misterio y aquellas que son un
misterio en sí mismas. Las primeras apenas precisan, o de un buen
texto fuente (en el caso de las adaptaciones), o de un director que
esté al tanto de las convenciones del género (repetidas hasta el
hartazgo). Las segundas, en cambio, requieren de un profesional capaz de
ofrecer el nivel justo de información, sin hacer trampa, pero
manteniendo el suspenso en todo momento, sin subrayados y con apertura a múltiples conclusiones. Lee Chang-dong brinda todos
los elementos necesarios para llegar a algunas interpretaciones más o
menos tranquilizadoras de su obra, pero jugando permanentemente con la
ambigüedad, con la repetición de patrones, incluso integrando
elementos o personajes que no parecen tener una función real en el
relato (ni tienen por qué tenerla). Aunque todo queda en el terreno
de la especulación: es difícil tener por verdadera una lectura que
está lindando siempre con el terreno de la metaficción. Si el truco
no consiste en aparentar que las cosas sí están presentes, sino en
hacer que uno olvide que en verdad no están ahí, entonces el viaje
a los infiernos del personaje principal queda justificado. Todo lo
demás es simplemente un juego.









