viernes, 13 de febrero de 2015

Inquebrantable.




Crítica.

Inquebrantable (Unbroken)
Dir.: Angelina Jolie.
Año: 2014.



Una de las escenas clave del segundo largometraje rodado por Angelina Jolie tiene al protagonista, un Jack O'Connell en perfecta forma, sosteniendo una pesadísima barra con los brazos, por encima de su cabeza, bajo la amenaza de ser ejecutado si la deja caer. Con la piel sucia, cubierta del carbón que trasladaba en un campo de trabajo (con las mismas amenazas, desde luego), sostiene esa barra. El sol va moviéndose, alumbra de distinto modo, pero él, inquebrantable, no se deja tumbar. Roger Deakins, director de fotografía, capta la crudeza de ese momento y el paso del tiempo solar, mientras las miradas de sus compañeros, que pararon de trabajar para observar al invencible muchacho, aportan todo el drama necesario. Más allá de la profundidad que alcanza esta escena, una de las dos únicas verdaderamente buenas de la película (la otra es la secuencia inicial, prometedora), esa barra esa una metáfora de lo que es la película para el espectador. Ver Inquebrantable es como sostener una barra por encima de la cabeza durante horas. El tiempo pasa, la vida pasa, y uno está ahí, sosteniéndola, casi sin soportar el peso. Es una tortura y, además, una pérdida de tiempo. Porque esos americanos pudieron seguir moviendo carbón de un lado a otro y no lo hicieron. Un día de trabajo tirado (y casi dos horas y media de película) a la basura. 

Es difícil precisar dónde quedó el virtuosismo que mostrara Jolie en su ópera prima, una decente (aunque tampoco excepcional) representación de la guerra de Bosnia. Mucho más difícil es decir dónde quedó el ingenio o la chispa de los hermanos Coen para adaptar el libro de Laura Hillenbrand, hoy disponible en todas las librerías comerciales. Algo ocurrió en el cine. Tal vez es el género biográfico que ha crecido y ha eclipsado otros trabajos que, en otros tiempos, hubieran sido mejor valorados. Inquebrantable, hoy, vale poco y nada. Habla sobre Louis Zamperini, atleta olímpico italoamericano, cuya juventud estuvo plagada de momentos extraordinarios. Una vida de aventuras que, por desgracia, no se plasman en la gran pantalla con el mismo entusiasmo. Poco ayuda un montaje confuso, que alterna competencias de atletismo con bombardeos. Una narración torpe que se extiende más allá de las dos horas y que, en definitiva, no tiene mucho para decir.

Hay películas cuyo mayor mérito es el ser obras en las que "no pasa nada pero en realidad pasa de todo". Inquebrantable lo invierte, pues es una obra en la que "pasa de todo pero en realidad no pasa nada". Es un esquema rígido que toma secuencias trascendentes y las ordena en un relato intrascendente. Primero un bombardeo, luego la niñez, luego la juventud, luego otro bombardeo interrumpido, una carrera ganada, bombardeo, naufragio, y la prometida captura de los japoneses. ¿Por qué prometida? Porque la película ha sido promocionada así: como la vida del atleta que fue capturado por el ejército nipón durante la Segunda Guerra Mundial, en el marco de los enfrentamientos del Pacífico. Cuando la aparición del músico Miyavi toma lugar, transcurrida ya media película, los deseos cambian rotundamente: lo que había esperado con ansias ahora se convierte en el horror mismo. Este cantante, puro villano, pura chatura, actúa tan mal como canta. Es una completa decepción. 

La obra avanza una hora más, a puro golpe, repitiendo algunas veces esa frase alentadora presente en todos los biográficos de superación personal: "si puedo soportarlo, puedo lograrlo". Luego está esa escena en que una hilera interminable de soldados americanos golpea en el rostro al protagonista, Zamperini, bajo la amenaza de ejecutar a un malherido compañero, desde que el sol arde en lo alto hasta el atardecer. Otro día perdido. Luego está el final, el oasis de la salvación al son de Coldplay, un canto al milagro de que por fin haya acabado. Y no hay mucho más. Solo una sensación amarga. Angelina Jolie intenta montar una épica sobre la supervivencia, como lo vienen haciendo todos los cineastas nominados al Oscar desde hace años. El año pasado eran McQueen, Cuarón y Greengrass hablando del tema. Y a pesar de sus grandes diferencias, todos ellos lo hicieron mejor. Jolie desaprovecha un equipo de producción maravilloso, un montón de buenos actores en ascenso, y los convierte en un montón de ruido que irrita hasta a los más fanáticos del género bélico, o del subgénero de supervivencia. Lo que más me entristece es que Roger Deakins perderá otro Oscar, esta vez por un trabajo notable que se diluye en una producción olvidable.

Puntuación: 2/10 (Muy mala)