sábado, 13 de febrero de 2016

En primera plana.




Crítica.
En primera plana (Spotlight, 2015)
Dir.: Thomas McCarthy.



Tanto la filosofía como el periodismo están motivados por la búsqueda de la verdad, a la que se le atribuye un lugar de enorme privilegio precisamente por las dificultades que presenta esa búsqueda, además de la decepción que genera en muchos casos no hallarla, o hallar algo con apariencia de verdad que engaña a la vista. El ser periodista muchas veces entra en tensión con las propias convicciones ideológicas, ya que la verdad no siempre es lo que se espera, poniendo en jaque las creencias más profundas del hombre que se oculta detrás del periodista, o de la conciencia que se oculta detrás de la firma. El profesional intenta entonces desgajarse del elemento humano, de los prejuicios, de los intereses personales e institucionales, porque solo de esta manera es posible recorrer el camino de la verdad de una manera fiable, sin zonas oscuras, tropiezos o atajos tramposos.

Este año hubo dos películas que encararon la cuestión del oficio periodístico. Una de ellas pasó injustamente sin pena ni gloria por algunas carteleras de cine, y fue titulada True story (R. Goold, 2015). Era una especie de biopic sobre Michael Finkel, del New York Times, que investigó el caso de un asesino con quien tuvo varias entrevistas en la cárcel. Con el antecedente más resonante de Capote (B. Miller, 2005) e Infame (D. McGrath, 2006), ambas sobre la fase previa a la publicación del libro A sangre fría, True story no se vio beneficiada por la crítica de cine a pesar de ser una propuesta bastante interesante sobre el caso. Mucho menos aun tras el paso por el Festival de Toronto y el Festival de Venecia de En primera plana, la segunda de estas dos películas, que sigue la investigación liderada hace poco más de una década por el equipo Spotlight, del Boston Globe. Un seguimiento muy detallado de algunos casos de pederastia cometidos por sacerdotes en Massachusetts (más precisamente en Boston) durante largos años, cuyo análisis detallado fue destapando un inesperado número de casos similares.

Ante todo, hay que entender que En primera plana no es una película sobre pedofilia, título que en parte sí puede conferírsele a la que sea, quizá, la única obra maestra que podrá verse este año: la chilena El club (P. Larraín, 2015). Sí es verdad que toma el abuso sistemático de niños por parte de sacerdotes como tema de fondo, algo ciertamente delicado y tratado con el suficiente tacto como para no herir sensibilidades. En el centro de la escena se ponen en juego otras cosas: la fricción entre un compromiso profesional y un compromiso personal, la ética periodística, la prolijidad, la ejemplaridad y veracidad de la investigación. El cliché de que la totalidad excede la suma de sus partes no se aplica al grupo Spotlight, dado que cada integrante tiene funciones propias, un espacio definido, obligaciones que cumplir, y el trabajo final (una serie de artículos reconocidos con el Premio Pulitzer en el 2003) va a resultar de la sumatoria del desempeño individual de cada uno (de hecho, el montaje de la película a cargo de Tom McArdle subraya constantemente la distribución de funciones entre los integrantes del equipo).

El fuerte de En primera plana como producción cinematográfica está en el trabajo de investigación que hace Thomas McCarthy, director y guionista, sobre el trabajo de investigación que años antes había hecho el grupo Spotlight. Se trata de un libreto notable que pone su atención en la descripción pormenorizada de las distintas fases de la investigación, de los roles asignados y cuya principal virtud es el manejo estratégico de la información, que se va encastrando como un rompecabezas y va revelando no pocos misterios acerca de los abusos, y también de los acuerdos subrepticios entre grupos de poder, incluyendo algún que otro bufete de abogados. El espectador va enterándose gradualmente de lo que ocurre, y paralelamente el número inicial de casos va ampliándose: la red se extiende y uno trata de tomar plena conciencia de la magnitud de lo ocurrido.

En primera plana es periodismo de investigación puro y duro, frío y calculador, que sin lugar a dudas hubiera funcionado mucho mejor como documental. El hecho de que McCarthy se limite a la descripción y a la reproducción fiel del caso, cosa digna de elogios en sí misma, convierte a la película en una ficción pobre, con aires de telefilme. Hay un serio problema de formato en una obra que, hay que decirlo, tiene mucha sustancia. Como producto cinematográfico, no obstante, puede parecer poca cosa y quedar debiendo algo más. Película demasiado solemne para una temática tan crítica como la pedofilia, excesivamente estructurada, con un rigor que es su gran virtud pero también su peor condena. Inteligente pero aséptica, apunta a la mente y nunca al corazón, y no produce indignación ni entusiasmo, tan solo un enorme respeto hacia una investigación notable. Que no es poca cosa.


Puntuación: 6/10 (Buena)